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Preamplificador de fono Hegel V10: un líder nato

Sin duda uno de los componentes más complejos y “divertidos” -por su versatilidad extrema- del universo del audio de alto nivel, el preamplificador o previo de fono es una electrónica que puede marcar la diferencia en la presentación sonora ofrecida por cualquier fuente dedicada a la lectura de discos de vinilo. Cuando hablamos de “marcar la diferencia” lo decimos casi con mayúsculas, porque del aparato en cuestión depende en buena medida que el conjunto plato/brazo/cápsula que tengamos rinda o no al 100%. ¡Casi nada! En consecuencia, disponer de un previo de fono es poco menos que fundamental si realmente queremos disfrutar plenamente de las enormes -en cierto modo infinitas- posibilidades que nos brinda el más popular de los soportes para la escucha en Alta Fidelidad. Lógicamente, la excelencia tiene un precio, pero a veces los “astros se alinean” y aparece esa sorpresa que en cierto modo es la excepción que confirma la regla. Una sorpresa materializada en el producto que protagoniza el presente análisis: el modelo V10 de la noruega Hegel, convertido por méritos propios en todo un clásico para quienes buscan refinamiento con mayúsculas en la transcripción de sus vinilos favoritos sin que tal objetivo les obligue a “hacer saltar la banca”. Y es que por poco menos de 1.500 euros resulta difícil, sin no directamente imposible, encontrar un preamplificador de fono tan musical y flexible, una feliz realidad que se entiende cuando exploramos la trayectoria de una marca que lleva sobre sus espaldas más de 30 años dedicada al diseño de electrónicas transistorizadas en clave audiófila.

Un producto que exige un gran dominio de la tecnología

Desde siempre, los previos de fono han gozado de un gran respeto entre los puristas/perfeccionistas. En mi caso concreto, recuerdo especialmente la fabulosa circuitería que al respecto albergaba un preamplificador del que tengo un inmejorable recuerdo pese a que finalmente no pude hacerme con él: el modelo C-280 de la japonesa Accuphase. La de mi actual Sony TA-ER1 tampoco está nada mal; de hecho, su concepción es similar puesto que entronca con las realizaciones -casi todas “solid state”- de la época en que Japón era el faro que iluminaba el grueso del mercado de la electrónica de consumo. He puesto la palabra “dominio” en el encabezamiento del presente apartado, pero en realidad tendría que haber añadido el término “hiperespecialización”, porque en un preamplificador de fono hay un elemento “duro” con el que hay que lidiar “o sí o sí”, un poco como la fuerza de la gravedad a la hora de diseñar una aeronave: el bajísimo nivel de las señales en liza.

En efecto, no hay que perder de vista que una cápsula de imán móvil suele entregar en su salida una señal de 4 ó 5 mV -es decir, milésimas de voltio- y una de bobina móvil de salida baja bastante menos, entre 0’35 y 0’50 mV para los diseños modernos y de unos 0’10 a 0’20 mV si miramos unas cuantas décadas atrás o incluso ciertos modelos de referencia absoluta actuales, caso de la extraordinaria Windfeld Ti de Ortofon. Si comparamos estas cifras con los 9 V entregados por un “streamer” como el RS151 de HiFi ROSE o los 150 mV de cualquier fuente de línea “clásica”, entenderemos la dificultad que entraña diseñar un producto expuesto como pocos a los efectos nocivos de un amplísimo repertorio de parásitos que pueden superponerse fácilmente a la increíble paleta de matices tonales y espaciales grabados en el surco de un vinilo. Si además queremos utilizar componentes discretos como consecuencia de su tradicionalmente superior musicalidad, la cosa todavía se complica más por cuanto a la que el número de dichos componentes aumenta también lo hace el ruido global. Se impone, en consecuencia, jugar simultáneamente en dos campos: por un lado, la selección rigurosa de los componentes -tanto los activos como los pasivos- en cuestión y, por otro, quizá incluso más importante aún, la “organización” de los mismos en unos circuitos muy concretos, es decir lo que se conoce como topología circuital. Todo ello sin dejar de lado la crítica fuente de alimentación, que deberá ser lo más silenciosa posible ya que en caso contrario se jode todo, y las placas que albergan cada subsistema. Una vez resuelto este galimatías, habrá que lograr que el ámbito práctico el resultado esté a la altura del esfuerzo realizado, lo que implica poder disponer del número de ajustes más elevado posible en parámetros como la ganancia, la impedancia de las cápsulas MC y la capacitancia de las cápsulas MM a fin de tener en nuestras manos la “varita mágica” que permita explotar todo el potencial de nuestro lector de vinilos.

Una máquina muy admirada que mantiene intacto su atractivo

Elegido “Mejor Etapa de Fono de 2021-2022” por la prestigiosa organización mundial de publicaciones especializadas en tecnología EISA, siglas de “Expert Imaging and Sound Association”, el Hegel V10 aparenta modestia por el minimalismo absoluto de su aspecto visual, pero una vez nos adentramos en su interior nos damos cuenta de que estamos ante una electrónica que condensa todas las ideas antes expuestas sobre lo que debe ser un preamplificador de fono. Los creadores de nuestro invitado lo presentan como “Un enfoque nuevo de una tecnología antigua” y apuntan seguidamente que “Hemos construido un preamplificador de fono como ningún otro. Es neutral, dinámico y excepcionalmente revelador. Hemos utilizado todo nuestro conocimiento en amplificación y lo hemos aplicado a un único objetivo: llegar hasta lo más profundo del disco y revelar cada microinformación. El V10 está diseñado para capturar el sonido.”

El punto de partida “filosófico” del V10 hay que buscarlo en el más icónico, por genérico, de los conceptos que guían a Hegel en su particular búsqueda del sonido absoluto: el “Organic Sound” o “Sonido Orgánico”, que para la marca noruega significa que todas las partes de una grabación dinámica deben ser reproducidas exactamente como el original. En términos de ingeniería, creo que las fotos del interior de nuestro invitado que acompañan este banco de pruebas son harto elocuentes sobre la “implementación” de lo que acabo de decir. Así, observemos que el chasis está dividido en dos compartimentos con el fin de separar las fuentes de alimentación de los circuitos de audio correspondientes a cada canal y minimizar así posibles interferencias.

Igual de relevante es la configuración empleada en las secciones encargadas de tratar las señales procedentes de cápsulas MM y MC por cuanto las dos se basan en transistores JFET discretos de nivel de ruido ultrabajo. De los dispositivos en cuestión es bien sabido que su particular estructura física les permite -no hablo de una entelequia, sino de algo objetivo que se obtiene analizando lo que se conoce como circuito eléctrico equivalente- exhibir una tímbrica más cálida –“valvulera”, para entendernos- que sus homólogos bipolares manteniendo a la vez un ruido de fondo extraordinariamente bajo. En el caso de la sección MC, Hegel apunta que se utilizan cuatro de los citados JFET conectados en paralelo a fin de maximizar el nivel de silencio y detener cualquier posible realimentación de corriente a las bobinas de la cápsula fonocaptora. En cuanto a las fuentes de alimentación, señalemos que las fuentes de alimentación correspondientes a las etapas de ganancia MM y MC utilizan transistores discretos, en este caso bipolares, para, insistimos, mantener el ruido bajo mínimos, mientras que la alimentación global del conjunto emplea una fuente lineal equipada con un transformador con núcleo de placas de grano orientado hecho a medida.

Dinámica y resolución al máximo nivel gracias a un nivel de silencio brutal

Observen que tanto las opciones de conexión como las de ajuste del V10 están a la altura de realizaciones enmarcadas en el High End más exclusivo. En particular las segundas, como se encargan de mostrar las indicaciones que figuran en la “panza” de nuestro invitado. Es, en consecuencia, el Hegel un producto con el que vale la pena “jugar”, entretenerse, máxime sabiendo como sabemos los entusiastas del vinilo que en esta particularísima galaxia un mero cambio de cápsula con una adaptación eléctrica óptima puede tener como recompensa casi un cambio de equipo.

Así las cosas, probé el V10 en una de las salas “estándar” del establecimiento especializado barcelonés Werner acompañado por un equipo formado por un amplificador integrado estereofónico híbrido -válvulas en la sección de preamplificación y transistores en la de amplificación de potencia- VK-3500 de la estadounidense BAT, un giradiscos Acoustic Solid 111 Plexiglas con cápsula de bobina móvil Audio-Technica AT-OC9XMLy una pareja de cajas acústicas KEF R7 Meta, todo ello cableado con modelos de la Serie Razzmatazz de la danesa ZenSati.

Escuchamos varios vinilos pertenecientes de diferentes “épocas” con prensados también de lo más variopinto, y la verdad es que con piezas musicales bien grabadas en vinilo de calidad el resultado obtenido me pareció de lo más seductor. Insistiendo en lo que decía anteriormente, vale la pena “trastear” -gafas mediante- con los microinterruptores del panel posterior del Hegel… eso sí, previa determinación de la ganancia por cuanto es la responsable última de una potencial descompensación entre dinámica y distorsión.

Dicho esto, la resolución me parece fantástica a todos los niveles, desde los matices de una pieza interpretada por una voz solista acompañada por un instrumento hasta la estratificación de los instrumentos de una orquesta con la envergadura y la musicalidad de la Filarmónica de Viena. La tímbrica, siempre en su sitio, léase libre de coloraciones dignas de tal nombre, es acompañada por una dinámica realmente poderosa sin ninguna duda avalada por ese nivel de silencio en el que tanto insisten los creadores del V10 y que, en paralelo, contribuye a crear una escena sonora ágil y bien dimensionada.

A modo de conclusión

Por una vez, seré breve de verdad: si me tuviera que comprar un preamplificador de fono para cualquiera de mis dos giradiscos y el presupuesto disponible fuera inferior a 3.000 euros, el Hegel V10 sería mi opción indiscutible.

Ficha Técnica

  • Configuración: preamplificador de fono.
  • Topología de amplificación empleada: etapa de entrada basada en transistores JFET de ruido ultrabajo tanto para la sección MM como para la sección MC.
  • Ganancia para cápsulas MM en modo balanceado: 40 dB, 45 dB, 50 dB y 52 dB.
  • Ganancia para cápsulas MC en modo balanceado: 60 dB, 65 dB, 70 dB y 72 dB.
  • Ganancia para cápsulas MM en modo no balanceado: 34 dB, 39 dB, 44 dB y 46 dB.
  • Ganancia para cápsulas MC en modo no balanceado: 54 dB, 59 dB, 64 dB y 66 dB.
  • Impedancia de carga para cápsulas MC: ajustable libremente entre 33-550 ohmios, así como a 47 kohmios.
  • Capacitancia de carga para cápsulas MM: 47 pF, 100 pF, 147 pF, 220 pF, 267 pF, 320 pF y 367 pF.
  • Respuesta en frecuencia: 2-20.000 Hz.
  • Precisión de la curva RIAA: 20-20.000 Hz.
  • Nivel de ruido de salida: -84 dB en MM y -81 dB en MC.
  • Filtro subsónico: punto de corte a -3 dB en 20 dB y pendiente de corte de -18 dB/octava.
  • Entradas disponibles: no balanceadas con conectores RCA para cápsulas MM y MC.
  • Salidas disponibles: balanceadas con conectores XLR y no balanceadas con conectores RCA.
  • Dimensiones (pies incluidos): 210x60x280 mm (An x Al x P).
  • Peso: 2’2 kg.
  • Precio de venta al público recomendado: 1.495 euros
  • Importador: www.gedelson.es

 

 

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