Publicidad

Amplificador integrado estereofónico con conectividad a redes Onkyo A-50: refinamiento, elegancia y transparencia sonora “Icon” para todos

El buen sabor de boca que nos dejó la evaluación del conjunto formado por el preamplificador con conectividad a redes P-80 y la etapa de potencia M-80, máximos exponentes de la flamante familia de electrónicas estereofónicas Icon de la veteranísima firma japonesa Onkyo, que este año cumple el 80º aniversario de su fundación, sugirió de inmediato analizar la versión “compactada” del dúo en cuestión para valorar hasta qué punto se beneficia de las innegables virtudes -empezando por una relación calidad/precio soberbia- de sus “padres”. Dicho y hecho, de tal modo que en cuestión de días recibimos un ejemplar del amplificador integrado estereofónico con conectividad a redes A-50 para su análisis, cuyo resultado protagoniza el presente artículo. A grandes rasgos, puede decirse que, en efecto, estamos ante una electrónica que concentra una generosa, amén de cuidadosamente seleccionada, representación de los desarrollos técnicos incorporados en los mencionados “80” -cifra que presupongo hace referencia a la efeméride mencionada- y, por supuesto, de su indiscutiblemente logrado diseño industrial. Pero lo más importante es que el A-50 tiene como cualidad fundamental un sonido genuinamente “Icon”, al tiempo que su potencia de salida le permite asegurar la plena compatibilidad con un más que respetable abanico de cajas acústicas y de salas de escucha mientras que su flexibilidad operativa -con corrección de salas Dirac Live “básica” incluida de serie- garantiza la condición de producto “dos en uno” al ser su funcionalidad de streaming harto competente. Además, las calculadas concesiones realizadas en la parte mecánica -aunque no en el panel frontal por cuanto es la principal seña de identidad visual del aparato- hacen que el precio de venta sea extremadamente competitivo y por lo tanto la relación calidad/precio excepcional, todo lo cual da como resultado un producto altamente deseable.

Celebrando un viaje que comenzó en 1946

Al igual que otro de los grandes nombres del audio de todos los tiempos, integrado en el mismo grupo empresarial que nuestro invitado, la estadounidense Klipsch, Onkyo vio la luz por vez primera en 1946. La fundó Takeshi Godai y su nombre significa “armonía del sonido”. No es el cometido del presente análisis glosar la historia de la compañía, pero me gustaría recordar que inicié una relación especial con la misma en 1988, año en el que adquirí un sintonizador de radio que en el aquel momento estaba situado -con permiso de las realizaciones de marcas como Accuphase, McIntosh y Sequerra o los modelos de referencia de otras como Magnum Dynalab y Marantz- en lo más alto de su categoría. El producto en cuestión se llamaba T-9090II, su diseño y su calidad de fabricación eran magníficos y su relación calidad/precio, imbatible, siendo únicamente superado por el modelo Grand Integra T-G10 de la propia Onkyo, que en realidad era una versión ligeramente retocada de aquél. Cierto que nunca fui un fan de la radio analógica -en realidad, de la radio en general- como consecuencia de su sensibilidad extrema a interferencias de todo tipo, pero debo reconocer que con las -desgraciadamente muy escasas en nuestro país- emisoras que hacían bien su trabajo en el ámbito técnico -con la dedicada a música “culta” de RNE- la musicalidad estaba a la orden del día. Por lo demás, guardo en casa un buen repertorio de catálogos y documentos técnicos relacionados con la época dorada de Onkyo, léase esas dos o tres décadas en la que el audio de gran consumo “Made in Japan” barrió al de origen occidental para convertirse en dueño y señor del mercado. Luego las tornas cambiaron y muchas marcas icónicas del Imperio del Sol Naciente pasaron a mejor vida en lo que a sonido de alta calidad se refiere, bien reinventándose/cambiando de sector -ahí está Sony- bien desapareciendo de la faz de la tierra. Pero, por fortuna, otras volvieron a la carga, y además con mucha fuerza, gracias al auge del streaming en alta resolución por un lado y al renacimiento del vinilo por otro, con el consiguiente “despertar” del interés por la Alta Fidelidad. Es el caso de Technics, y, por lo que pudimos comprobar en nuestra evaluación de los antes mencionados P-80 y M-80, me atrevería a decir que también de Onkyo. De ahí la relevancia de la gama Icon, puesto que, sin llegar a la excelsitud de la Integra, sí supone una firme apuesta por la excelencia y además con vocación claramente democrática. Una filosofía que, como veremos a continuación, se traslada con brillantez al protagonista del presente banco de pruebas. 

A-50: una honesta y convincente fusión del P-80 y la M-80

Entrando ya en materia, creo sinceramente que para “entender” lo que aporta nuestro invitado va más que bien echar un vistazo con la debida calma a las fotografías, en especial las del interior, de sus “superiores” –https://hifilivemagazine.com/onkyo-p-80-m-80/– por cuanto reflejan el minucioso trabajo de “síntesis” realizado por los ingenieros de Onkyo. Al fin y al cabo, ¿no debe ser un amplificador integrado -ya sea estéreo o multicanal- un conjunto previo/etapa montado en un único chasis y con una única fuente de alimentación sin que ello comporte mermas en la parte cualitativa del sonido y permita una rebaja sustancial del precio de venta?

Dicho lo anterior, lo primero que vemos es que se ha simplificado el grado de elaboración del chasis, sustituyéndose los elegantes y robustos paneles laterales de metal extrusionado por una cubierta convencional, aunque también metálica que cubre a ambos y a la parte superior. Tampoco hay conectividad balanceada, lo que tiene su lógica pese a que yo la habría mantenido -eso sí: debidamente implementada- por el “empaque” que aporta, ni salida dedicada para la conexión de un subwoofer, opción esta última para la que habrá que utilizar bien las salidas de previo, bien, en el caso de que nuestro subwoofer lo permita, los terminales de conexión a cajas. Por el contrario, sí se mantiene la sección de fono y la compatibilidad de la misma con cápsulas MM y MC, lo que es todo un detalle. De hecho, si miramos la ficha técnica del preamplificador P-80 y la comparamos con la del A-50 observamos que las especificaciones son virtualmente idénticas en muchos ámbitos, entre ellos la sección de fono. En lo que concierne a la conectividad a redes, también tenemos lo mismo que en el P-80, homologación Roon Ready incluida, al tiempo que la integración de plataformas tan populares -y apreciadas- como Qobuz Connect, TIDAL Connect y Spotify Connect agiliza la escucha de música “Hi-Res” sin soporte físico. Aquí hay limitaciones en términos de compatibilidad con determinados formatos de archivo, siendo la más significativa de ellas la no posibilidad de tratar con grabaciones DSD nativas. Por supuesto, como bien se indica en la esquina inferior derecha del panel frontal, podremos disfrutar de la compatibilidad con el reputado sistema de calibración de salas Dirac Live: en concreto, el Onkyo incluye de serie la versión -licencia- “Limited Bandwidth” (“Ancho de Banda Limitado”, abarcando desde 500 hasta 20.000 Hz), que puede ser ampliada, previo pago, a la “Full Bandwidth” (“Ancho de Banda Completo”). A señalar que el A-50 se suministra con un microfono de calibración que se conecta en una toma situada en esa misma zona.

Por lo que respecta a la sección de amplificación de potencia, hay que “reñir” a Onkyo -otras marcas lustres también hacen lo mismo, que conste- por dar la potencia de salida a 1 kHz -no entre 20 y 20.000 Hz- y con una distorsión armónica total (THD) del 1%, y, sobre todo, por hacer lo propio con la del amplificador de auriculares especificando una distorsión de nada menos que el 10%, cifra totalmente inadmisible en Alta Fidelidad. Puesto que en Hifilive no realizamos mediciones, permítanme puntualizar que las cifras que he puesto en la ficha técnica que hay al final del artículo son las que figuran en el manual de instrucciones para los modelos destinados al mercado europeo- por cuanto difieren sustancialmente de las que podemos leer en la hoja de producto. Dicho esto, calculo una salida continua de unos 80 vatios por canal sobre 8 ohmios, cifra que en principio da mucha libertad de acción para elegir las cajas acústicas asociadas. Al igual que en la etapa de potencia estereofónica M-80.

En cuanto a tecnologías genuinamente “Onkyo”, el A-50 incorpora, al igual que el Premaplificador P-80, la bautizada como DIDRC (“Dynamic Intermodulation Distortion Reduction Circuitry”), que, como comenté en su momento, se materializa en un circuito de control separado para la señal de audio cuyo objetivo es, gracias a su elevado “slew rate”, dotar de calidez analógica el sonido de las fuentes digitales, para lo que ha sido colocado en la etapa de filtrado analógico de la sección DAC. Volviendo de nuevo a la etapa de salida, señalemos que funciona en Clase AB y utiliza una configuración Darlington invertida de tres etapas a fin de manejar corrientes elevadas con una distorsión mínima. En nuestro invitado encontramos igualmente un “chip” de conversión D/A de última generación (aritmética de 32 bits/768 kHz), y, muy importante, componentes hechos a medida, caso de los condensadores de 10.000 uF de la fuente de alimentación, sin olvidar una barra –“bus”- de conducción de cobre de alta pureza. En lo que concierne a la construcción física, destaquemos la robustez y rigidez extremas del panel frontal de aluminio extrusionado -idéntico al del P-80- por cortesía de sus muy respetables 5 mm de grosor.

Un sonido rico perfectamente asimilable al del tándem P-80+M-80

Por coherencia, probé el A-50 en las mismas condiciones que sus “padres”, es decir acompañado por un reproductor digital multiformato OPPO BDP-105D y una pareja de cajas acústicas Bowers & Wilkins 705 de primera generación montadas sobre sus soportes de suelo dedicados. El cableado, Kharma para la fuente y van den Hul para las cajas. Les recuerdo asimismo que la gestión del “streaming” -y de vastas opciones de ajuste- corre a cargo de la “app” la Onkyo Controller, de instalación algo farragosa para mi gusto, en especial si la comparamos con la -por citar un producto que he analizado recientemente- Smart Control Plus de Sennheiser, que me pareció absolutamente cojonuda.

Valorando ya el sonido del integrado de Onkyo, no se puede negar que posee una personalidad fácilmente asimilable a la del conjunto de electrónicas que lo han inspirado. Sí me gustaría señalar, como novedad, que el “streaming” vía TIDAL y Qobuz exhibe una gran robustez, al tiempo que su precisión tonal es comparable a la obtenida con el lector de discos ópticos empleado. En este sentido, la escucha del tremendamente “analógico” tema “Ghost Song” del álbum “An American Prayer”, firmado por Jim Morrison y The Doors, me resultó extremadamente confortable gracias a una tímbrica que mantiene una similitud extrema con la de la versión en vinilo. Idéntica sensación tuve, aunque ahora vía SACD, con la remasterización en SACD por MoFi del primer trabajo de los “Dire Straits”: voces en su punto, graves compactos y profundos, pero sin “sobreactuaciones”, y una capacidad de discriminación magnífica en los diferentes bloques armónicos de la zona alta del espectro realzada por un excelente sentido del ritmo y una más que correcta espacialidad. De hecho, el A-50 sólo flaquea -decir “falla” sería injusto- cuando se le exige una energía desmesurada, léase durante la escucha del CD “Time Warp” de Telarc o, en este caso por “streaming”, de la alucinante “Messa Solaris” de Saycet, recomendando en este caso la prudencia no forzar el potenciómetro de volumen a fin de evitar distorsiones que con toda seguridad serían nefastas. En cuanto a la escucha con auriculares, utilicé una vez más los tan musicales como versátiles DHS-1 de la española Palma Audio configurados para la ocasión en modo abierto. El término “versátiles” tiene en este caso una relevancia notable, ya que la potencia “útil” entregada por el amplificador dedicado del A-50 exige trabajar con cascos de sensibilidad elevada. Tomada esta precaución, la calidez, escuchando los mismos temas que con mis veteranísimas Bowers & Wilkins, está a la orden del día, acompañada por una dinámica y una sensación de aireación excelentes.

Para finalizar

Nada mejor para concluir el presente banco de pruebas que certificar lo que lo motivó: la condición del A-50 como versión “integrada” del conjunto P-80+M-80. Cierto es que podría haber utilizado la misma construcción y llamarse A-80, pero entonces no se podría ofrecer por 1.299 euros. Además, el panel frontal -con su lujoso potenciómetro y las imaginativas líneas naranjas del selector de la fuente de entrada- es idéntico al del preamplificador P-80, manteniendo por lo tanto intacto nuestro invitado intacto su aspecto distinguido. En definitiva, estamos ante un amplificador integrado de última generación cuyo eminentemente musical espíritu es complementado con aplomo por una estética tan “diferente” como elegante y un precio de lo más tentador.

Ficha Técnica 

  • Configuración: amplificador integrado estereofónico con conectividad a redes.
  • Potencia de salida: 2×110 W RMS sobre 4 ohmios y 1 kHz con los dos canales excitados.
  • Respuesta en frecuencia: 10-100.000 Hz, +1 dB, -3 dB en Línea (Modo Direct) y para el amplificador de auriculares.
  • Sensibilidad/Impedancia de entrada: 200 mV/32 kohmios en Línea, 4 mV/47 kohmios en Fono MM y 0’4 mV/110 ohmios en Fono MC.
  • Relación señal/ruido: 104 dB en Línea, 74 dB en Fono MM y 58 dB en Fono MC.
  • Potencia del amplificador de auriculares dedicado: 2×75 mW sobre 32 ohmios y a 1 kHz.
  • Rango de impedancias del amplificador de auriculares: 8-600 ohmios.
  • Entradas de audio: 4 analógicas no balanceadas (Fono MM/MC incluida) y 4 digitales (1 coaxial, 1 óptica, 1 HDMI con ARC y 1 para conexión de dispositivos de almacenamiento externos).
  • Salidas de audio: 1 analógica preamplificada no balanceada y 1 toma de auriculares. 
  • Conectividad a redes: Ethernet y Wi-Fi 5.
  • Conectividad Bluetooth: 5.1.
  • Compatibilidad “Hi-Res” máxima: FLAC y Apple Lossless hasta 24 bits/192 kHz y DSD (vía DSF/DFF) hasta DSD256.
  • Dimensiones: 435x135x355 mm (An x Al x P).
  • Peso: 10’6 kg.
  • Precio de venta al público recomendado: 1.299 euros. 
  • Importador: www.magnetron.es 

 

Comments are closed.