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Giradiscos Thorens TD 404 DD: un hiperdeseable “clásico moderno” para los devotos del vinilo

Un giradiscos con tracción directa creado por el inventor de su “enemiga íntima”, la tracción por correa. Esta aparente paradoja constituye la esencia del producto que analizamos para ustedes en las líneas que siguen… “aparente”, cierto, pero también altamente estimulante porque, con casi un siglo y medio de existencia -fue fundada en 1883- sobre sus espaldas, la originariamente suiza y actualmente alemana Thorens hace ya mucho tiempo que se ha ganado un lugar de privilegio en el “Cuadro de Honor” de la Alta Fidelidad. Esto significa que cualquier propuesta que nos ofrezca la marca que ha dado tantas y tantas alegrías a varias generaciones de entusiastas del disco de vinilo ha sido meditada para que aporte algo verdaderamente potente. Y, por supuesto, así sucede con nuestro invitado, de nombre TD 4004 DD, presentado en certamen High End de Múnich de 2025 bajo la inspiración del celebrado TD 124 DD, reedición con tracción directa del legendario -comercializado en 1957 y utilizado durante décadas en estudios de grabación de todo el mundo- TD 124. A los amantes de los giradiscos en general y de Thorens en particular me tomo la licencia de recomendarles que echen un vistazo al artículo que publicamos en mayo de 2023 –https://hifilivemagazine.com/reportaje-thorens/– sobre la trayectoria vital de la firma helvética puesto que permite entender los cambios acaecidos en la misma hasta el actual -y excelente- momento en el que se encuentra. Volviendo al TD 404 DD, lo menos que podemos decir es que es un producto que nos ha gustado por la lucidez y honestidad de su planteamiento, cualidades ambas rematadas por un sonido elegantemente musical y una relación calidad/precio que lo sitúan en un lugar destacado en lectores de vinilo High End.

Tracción Directa o “Direct Drive”: ¡por fin bendecida por los audiófilos!

Sin pretender repetirme, considero que antes de entrar en materia no viene de más dedicar unas líneas a esbozar una tecnología que durante décadas -se dice pronto- estuvo poco menos que “maldita” para el grueso -aunque no todos- de puristas del audio -críticos especializados y usuarios finales por igual- como consecuencia de algún que otro “pecado original” ligado básicamente a la inmadurez de la ingeniería que había detrás. Me refiero a la tracción directa, históricamente vinculada a la japonesa Technics, compañía, que, por otro lado, jamás dejó de apostar por ella desde que en 1970 vio la luz por primera vez en la forma del mítico giradiscos sin brazo SP-10, celebrado a partes iguales por audiófilos -en efecto, así fue pese a mi comentario anterior- y por profesionales de la radiodifusión. Que dos años más tarde se lanzara al mercado el SL-1200, un lector de vinilos que desde hace más de medio siglo mantiene, gracias a sucesivas mejoras en todos -salvo, importante, la estética de base- los ámbitos, su condición icono indiscutible para DJ’s de todo el planeta da una idea precisa del espíritu visionario de quienes lo hicieron posible. Una apuesta que ha tenido premio, porque ahora mismo el citado “1200” porque los “japos” de marras se han permitido -ahora sí- poner a punto, sin renunciar al atemporal “look” ni a la versatilidad operativa del modelo original, versiones “audiófilas” del mismo.

¿Pero qué sucedía con esa aversión de los amantes del sonido de excepción por la tracción directa? Pues muy fácil: pese a la sofisticación técnica -sin precedentes en el mundo del audio- de los primeros diseños, lo de tener varios polos -pares de polos magnéticos, norte y sur, creados por los devanados del estator, que generan el campo magnético necesario para interactuar con el rotor y producir la rotación- justo debajo del plato susceptibles de interaccionar con el dispositivo encargado de explorar el surco del disco de vinilo, es decir la cápsula fonocaptora, no resultaba especialmente atractivo. Aún así, durante los años 70’ y 80’ del siglo pasado, cuando Japón se estaba convirtiendo en el rey y señor de la electrónica de consumo “mainstream” de alta calidad, vieron la luz máquinas soberbias -¡los inolvidables años del salón Sonimag!- firmadas por, además de Technics, marcas como Kenwood, JVC, Denon, Sony e incluso Rotel que competían con realizaciones “occidentales” desarrolladas bien por marcas ya consolidadas como Thorens, bien por otras de nuevo cuño, que, como por ejemplo la escocesa Linn, acabarían configurando el audio High End tal como lo conocemos hoy.

Puestos a concretar alguno de los problemas inherentes a los primeros giradiscos de tracción directa, sin duda el más representativo fue el conocido como “cogging”, también conocido como par de detención -fuerza máxima que se necesita para hacer girar el rotor cuando el motor está apagado- y que no es sino la resistencia magnética irregular que se siente al girar el eje, provocando un movimiento «a saltos». Un fenómeno que tiene lugar como consecuencia de la atracción entre los imanes del rotor y las ranuras del estator, siendo común en motores “brushless” -es decir sin escobillas- de imán permanente. A efectos prácticos, esta desagradable problemática -que, sin ser catastrófica en el campo de aplicación que nos ocupa, sí existía, dificultando la suavidad de la rotación- se fue resolviendo a medida que la tecnología implicada avanzaba: número de polos, materiales, fuente de alimentación, gestión electrónica del sistema… Y así llegamos a nuestros días, con marcas de indiscutible renombre que apuestan por la “Direct Drive”, desde la citada Technics -que hace unos años presentó sus elitistas SL-1000R y SP-10R- hasta la ultraexclusiva SAT, con su modelo XD1, pasando por la alemana Brinkmann, y, por supuesto, nuestra “invitada” Thorens.

TD 404 DD: un cóctel de ingeniería pensado en términos de musicalidad

Situado el texto en su contexto, antes de entrar en materia compartiré con ustedes una reflexión que, en mi opinión, influyó en su momento en la “condena” de la tracción directa por muchos fans del sonido absoluto: la “guerra”, en el ámbito de los giradiscos, del concepto “alta masa/alta inercia, bajo par” o “baja masa/baja inercia, alto par”. Hablo en términos de calidad sonora, claro, porque entiendo que un DJ necesita contar con un arranque/parada casi inmediatos y la posibilidad de ajuste del tono –“pitch”- para realizar su trabajo de manera eficiente. Por el contrario, la escucha “audiófila” en el hogar da prioridad a la estabilidad de la rotación por encima de todo a fin de que la cápsula fonocaptora pueda realizar su trabajo sin el más mínimo estrés. Pero, claro, ¿y si fuera posible aunar las ventajas de ambos conceptos en un entorno purista? Esta es, desde mi punto de vista, la aportación de los “Direct Drive” de última generación, grupo al que sin ninguna duda pertenece nuestro invitado, el Thorens TD 404 DD.

Muy distinguido en su aspecto, que combina con maestría clasicismo bien entendido y modernidad gracias a la noble terminación -en nogal brillante para nuestro caso, aunque también está disponible en lacado negro brillante y roble oscuro mate- de su chasis, el protagonista del presente análisis destaca en primer lugar por el tratamiento antirresonante de su plato de aluminio de 3’2 kilos de peso, materializado en la presencia de 10 almohadillas de silicona -5 “grandes” y 5 “pequeñas” dispuestas alternativamente –“incrustadas”- en la zona superior del mismo que son complementadas por un anillo del mismo material que cubre su zona inferior. En definitiva, una lección de control de las vibraciones -a la que hay que sumar la aportación de los tres pies con muelles ajustables en altura que soportan el conjunto- que además aúna efectividad en lo funcional con una potente identidad visual.

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Pero el “alma” del Thorens la encontramos, lógicamente, en su sistema de tracción, derivado del empleado en el antes mencionado TD 124 DD y cuyo motor de alta precisión le proporciona, en línea con lo que les comentaba anteriormente, un bello “mix” de rotación suave y par elevado. A los amantes de la técnica les diré que el componente esencial del citado subsistema es un núcleo de acero al silicio laminado de 12 polos que es complementado por un sensor óptico con resolución de 900 RPM a fin de garantizar la detección de la velocidad de giro y el control de la misma, un esquema que es gobernado por un sofisticado algoritmo. Por su parte, el brazo de lectura exhibe una estética inequívocamente “Thorens” cuya simplicidad formal esconde una elaborada pieza de ingeniería de la que forman parte cojinetes de altísima precisión, astucias de ingeniería como la estabilización magnética en el plano horizontal y los preceptivos ajustes del “anti-skating” (basado en muelles+dial), la fuerza de apoyo vertical (VTA) e incluso -porque son muchos los brazos que no lo contemplan- el azimut, al tiempo que un contrapeso formato por tres elementos facilita el uso de cualquier cápsula fonocaptora disponible en el mercado. Señalemos al respecto que el TD 404 DD incluye un portacápsulas con el ultraefectivo montaje por bayoneta de SME.

Ya para finalizar, apuntemos que nuestro invitado incluye salidas balanceadas y no balanceadas, elevación electrónica del brazo de lectura con función de parada automática, el preceptivo -en los diseños “DD”- estroboscopio para controlar la velocidad de giro y una fuente de alimentación separada que puede mejorarse opcionalmente con su homóloga de tipo lineal TPN 124 de la propia Thorens.

Un sonido impolutamente equilibrado

Escuché el TD 404 DD -equipado con una cápsula fonocaptora de bobina móvil Audio-Technica AT-33XMLB, todo un clásico de la firma nipona- junto a un amplificador integrado estereofónico Advance Paris A10 3th Anniversary Edition y una pareja de cajas acústicas Klipsch Cornwall IV, con electrónicas montadas en uno de los preciosos e inteligentes muebles de la eslovaca NEO High Tech y cableado QED Signature.

En cuanto a los vinilos empleados, dediqué su tiempo a degustar un a versión muy exclusiva editada para celebrar el 50º aniversario del inmortal The Köln Concert del estadounidense -y me consta que audiófilo de pro- Keith Jarrett que complementé con un interesantísimo doble álbum de mi admirado -¡desde los tiempos del sello TBM!- Tsuyoshi Yamamoto Trio publicado en 2020 por Venus Records -una reputada y megaperfeccionista firma discográfica nipona especializada en jazz- y el magnífico “On Every Street” de los Dire Strait reeditado por la estadounidense MoFi, sin olvidar una auténtica rareza en rock sinfónico -Alkolea- firmada por los vascos Itoiz en 1982.

Dicho lo anterior, ¡nada como un piano bien grabado -el sello ECM es fastuoso en sus tomas de sonido- y con fraseos improvisados por cortesía del talento de un músico con mayúsculas para entender la elegancia en materia de precisión tonal inherente al disco de vinilo. Las asperezas brillan por su ausencia, el empuje dinámico está presente en todo momento y la poesía que destila la primera cara del disco se apodera del oyente transcurridos los primeros dos minutos. Es evidente que quienes han concebido el TD 404 DD han tenido muy claro desde el principio el concepto de giradiscos High End: una plataforma estrictamente neutra, casi un lienzo en blanco, por emplear un símil muy al uso en audio de excepción, para que la lectura del surco del vinilo se lleve a cabo de manera tan pausada/relajada como precisa. El paso a la música ejecutada con múltiples instrumentos confirma esta sensación, ya se trate del Tsuyoshi Yamamoto Trio o de los Dire Straits, con el añadido de una capacidad de discriminación y de generación de escenas sonoras perfectamente dimensionadas que impacta desde el primer momento. Cierto que a las Cornwall IV, que priman el equilibrio tímbrico y la apertura escénica por encima de otras consideraciones, les falta un punto de resolución en la octava superior del espectro, por lo menos con ciertas grabaciones, pero la dinámica y el control están a la orden del día, reflejando con rigor la “personalidad” del indiscutiblemente musical tándem Thorens/Audio-Technica.

A modo de conclusión

Pese a funcionalidades “pijas” como la elevación electrónica del brazo y la parada automática, el TD 404 DD es un giradiscos eminentemente audiófilo en que la inteligencia inherente al minimalismo bien planteado marca la pauta. Atemporal en su diseño industrial, irreprochablemente construido y con una tecnología ampliamente contrastada y por tanto fiable, es un perfecto ejemplo de la madurez “musical” de los lectores de vinilo con tracción directa, al tiempo que se pueden hacer maravillas en términos de afinado, bien “jugando” con la cápsula, bien añadiendo la fuente de alimentación líneal externa. Por lo demás, hay que apuntar que Thorens ha sabido apuntalar la competitiva relación calidad/precio que tanto prestigio está dando a sus lectores de vinilos, en especial los ubicados en el segmento del High End.

Ficha Técnica

  • Configuración: giradiscos de tracción directa con fuente de alimentación separada.
  • Brazo: Thorens TP 160 en “J” de 9” (229 mm).
  • Plato: de aluminio con tratamiento antirresonante.
  • Motor: tracción directa de corriente continua estabilizado electrónicamente.
  • Velocidades de giro disponibles: 33, 45 y 78 RPM.
  • Conectividad: salidas balanceadas (XLR) y no balanceadas (RCA).
  • Dimensiones: 450x155x368 mm (An x Al x P).
  • Peso: 12’5 kg.
  • Precio de venta al público recomendado: 4.499 euros
  • Importador: www.decineaudiovideo.com 

 

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