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Amplificador integrado de A/V Marantz CINEMA 40: “El sonido –audiófilo hasta el tuétano- que se ve”

Es el modelo integrado más elaborado de la flamante gama de electrónicas audiovisuales CINEMA de Marantz, caracterizadas por la frescura de una estética renovada y, como corresponde a una marca icónica del audio de alta calidad que además este año celebra sus primeros 70 años de existencia, un sonido con vocación descaradamente audiófila. Todo ello es aderezado por una versatilidad extraordinaria, una conectividad generosa y a la última y, por supuesto, una sección de vídeo en concordancia con el no va más del momento en tecnología, léase la plena integración en el ecosistema HDR y la compatibilidad con imágenes 8K para contenidos estándar y 4K/120 Hz en el caso de los videojuegos. Además, la posibilidad de incorporar la muy deseada, en especial por los usuarios más puristas, calibración acústica Dirac Live permite llevar la siempre crítica relación entre equipo y sala a nuevas cotas de afinado. En síntesis, el CINEMA 40 se erige en una opción idónea para quienes apuestan por el A/V al máximo nivel con la comodidad del formato integrado –quienes quieran más siempre pueden optar por el sensacional conjunto AV 10+AMP 10, probado recientemente para ustedes- y lo que ello comporta en términos presupuestarios.

Saber marcar la diferencia en A/V: todo un arte

Lo que voy a decir lo sabrán seguramente muchos aficionados “avanzados”, pero no está de más insistir en ello. El caso es que si echamos un vistazo a cualquier electrónica de A/V, ya sea un preamplificador/procesador, un procesador independiente (cada vez hay menos, sobre todo en el mercado del audio doméstico/“de consumo”), un amplificador integrado/receptor o un etapa de potencia (en este caso no hay circuitería de vídeo) de cualquier marca, nos daremos cuenta de que hay en la misma elementos “importados” y “propios”. Entre los “importados” figurarían el grueso de componentes y circuitos de vídeo, los encargados de la conectividad (tanto estándar como a redes), los “chips” de conversión D/A de audio, las diferentes placas de circuito impreso, “chips” de descodificación de sonido envolvente multicanal y 3D, los relojes de sincronismo, los esquemas de calibración automática de cajas acústicas y salas o los componentes de audio pasivos (bobinas, condensadores, resistencias, trasformadores) y activos (transistores, diodos), es decir la inmensa mayoría. 

Por lo tanto, de la anterior reflexión -más bien realidad inapelable- se desprende que si realmente se desea marcar la diferencia, el diseñador/fabricante de turno deberá romperse los cuernos buscando la selección más apropiada, respetando los pertinentes imperativos presupuestarios, para cada producto y, a ser posible, añadir algo de su propia cosecha para que tal diferencia sea una realidad palpable. Y aquí es donde entran en juego esos componentes “propios” a los que antes hacía referencia, unos componentes que pueden ser más o menos sofisticados y/o efectivos en función del saber hacer y los recursos de cada marca y, obviamente, las aspiraciones del producto implicado. ¿Ejemplos? Pues transistores, condensadores, transformadores o circuitos/disposiciones circuitales singulares en lo eléctrico y estructuras de refuerzos, combinaciones de materiales para absorber vibraciones y conectores específicos en lo mecánico… sin olvidar cualquier seña de identidad visual significativa aportada por el diseño industrial. De este modo, si el proceso de “integración” de todos los elementos mencionados se hace con la gracia y la inteligencia debidas, el resultado será un producto con una personalidad propia tanto en lo formal como en lo conceptual, un producto que, en definitiva, será perceptiblemente distinto del resto gracias a unas prestaciones globales superiores y se hará desear por ello.

La verdadera esencia del CINEMA 40 se encuentra, sin menospreciar sus excelentes secciones “no Marantz” y su gran calidad constructiva, en el diseño y ejecución de sus circuitos de audio, fruto de un enfoque audiófilo/purista al 100%  en el que la guinda la pone el afinado a  conciencia por uno de los ya icónicos “Maestros en Sonido” de la firma nipona.

CINEMA 40: todo lo que hay que tener, coronado por el purismo de Marantz

Sobra decir que Marantz –japonesa de adopción pero neoyorquina de nacimiento- es una de las pocas marcas, en especial si nos ceñimos al mercado de gran consumo, que se han esforzado desde siempre por marcar la diferencia en todos los productos que fabrican, siendo en este caso el parámetro crítico la búsqueda de un sonido lo más natural posible tanto en la reproducción de música –ya sea en estéreo o en multicanal- como de películas. Y así llegamos al protagonista del presente análisis, el amplificador integrado –por cuanto la potencia de la radio de Internet hace que en un aparato de este nivel un sintonizador de FM/DAB resulte prescindible- de A/V CINEMA 40, que pasa por ser la electrónica de su clase más avanzada del actual catálogo de Marantz pese a que el puesto más alto en lo que a precio se refiere lo ocupa un modelo de la generación precedente, el imponente -también amplificador integrado de A/V- SR8015. 

“No hay magia en el afinado del sonido, pero sí mucha experiencia y dedicación.” Esta genérica pero contundente y sentida frase refleja el “ethos”, la verdadera razón de ser, del CINEMA 40, que, al igual que el actual buque insignia de Marantz en A/V, es decir el conjunto formado por el previo/procesador AV 10 y la etapa de potencia multicanal AMP 10, ha sido desarrollado bajo la estricta supervisión de Yoshinori Ogata, uno de los celebrados “Maestros en Sonido” de la marca nipona. La idea que hay detrás de este ambicioso objetivo es bien “fácil”: conseguir que el sonido de las electrónicas para aplicaciones audiovisuales de la compañía fundada por Saul B. Marantz sea equiparable al de sus homólogas estereofónicas. ¿Qué significa esto? Según Marantz, satisfacer tres objetivos: en primer lugar, obtener una escena sonora perfectamente dimensionada en las tres direcciones del espacio (anchura, altura y profundidad; en segundo lugar, conseguir un elevado nivel de claridad, focalización y apertura; y en tercer y último lugar, lograr unos graves firmes, rápidos (es decir controlados) y profundos. A ello se añade, también según la marca japonesa, aunque sólo en los modelos de más alta gama, grupo al que pertenece el CINEMA 40, la exigencia de “musicalidad”, entendida como una mezcla de “disfrute” y “comodidad”. Se trata de parámetros tremendamente subjetivos que conectan mucho más con el universo del audio High End que con el de los productos “mainstream” -y no digamos ya del A/V- que sin embargo Marantz ha decidido convertir en una de sus principales señas de identidad… de hecho, incluso en un reclamo comercial. Pues bien: nuestro invitado es una consecuencia directa de ello.

Entrando ya en el materia, les recomiendo que echen un vistazo a las fotografías que acompañan el presenta artículo. Son instantáneas seleccionadas entre las muchas disponibles en el “Hub” de Marantz y, pese a la sofisticación tecnológica a todos los niveles del protagonista de este análisis, la mayoría de ellas se concentran precisamente en lo que acabamos de decir: la obtención de un sonido lo más musical posible. Por lo demás, la logradísima estética de nuestro invitado entronca con el salto cuántico dado al respecto por la firma japonesa hace unos pocos años coincidiendo con el lanzamiento al mercado del amplificador integrado estereofónico MODEL 30 y su reproductor de SACD/CD con streamer incorporado a juego, el SACD 30n. De hecho, el CINEMA 40 es en lo estético prácticamente clavado al preamplificador/procesador de A/V AV 10, lo cual tiene su lógica en términos de economías de escala. Como decía, su interior es un fiel reflejo de la pasión por la naturalidad sonora de la que Marantz ha hecho gala a lo largo de su larga y fructífera trayectoria como empresa. Lo percibimos de inmediato en los tan celebrados como efectivos Módulos Amplificadores Hiperdinámicos (HDAM, versión SA2 para ser exactos) como en la placa de circuito impreso correspondiente a la sección DAC y el uso de placas de circuito independientes para cada canal de amplificación. Por su parte, aunque el transformador de alimentación no sea toroidal, como suele ser la norma en las realizaciones más elitistas de Marantz, si está diseñado expresamente para aplicaciones de audio, a lo que se suma un cuidado blindaje. Observen que el empleo de componentes discretos está generalizado, mientras que en lo que a “chips” –convertidores D/A, descodificadores de audio multicanal y procesadores de audio y de vídeo- Marantz juega sobre seguro recurriendo a la tecnología más avanzada del momento para que funcionalidades integradas en nuestro invitado pero ajenas a la marca –secciones de vídeo y conectividad a redes por citar las que en mi opinión son las más importantes- rindan a su nivel igual que la parte de audio.

En consonancia con su condición de amplificador audiovisual High End de última generación, el Marantz contempla el grueso de las conexiones exigibles.

La hora de la verdad: fluidez total en lo tecnológico, “alma Marantz” en audio

Probé el CINEMA 40 en el Masimo Consumer Lounge (Barcelona) acompañado por una potente configuración de cajas acústicas de 7.2.2 canales firmada por Bowers & Wilkins y Definitive Technology. En concreto, dos columnas 703 S3 para los canales frontales principales, una HTM71 S3 para el canal central, dos monitores de estantería 705 S3 (sobre soportes de pie dedicados) para los canales de efectos laterales en lo que a la firma británica se refiere mientras que Definitive Technology se encargó de los canales de efectos posteriores vía UIW-RSSII (empotrables en pared) y los “3D, en este caso vía UIW-RCSII (empotrables en techo). Por su parte, los subgraves se utilizaron dos de los canales disponibles con otros tantos subwoofers DB4S de Bowers & Wilkins mientras que como fuente de A/V se recurrió a uno de los reputados -¡y tristemente desaparecidos, todo sea dicho!- lectores universales 4K de OPPO.

Un tema importante, aunque muy en función de la sala que se tenga y, en un nivel menos crítico, de lo “friki” que se sea, es el de la calibración de audio. Aquí hay que reconocer que el Audyssey MultEQ XT32 que viene de serie con el CINEMA 40 y que fue el utilizado para la prueba va más que bien, lo que por otro lado parece lógico si se tiene en cuenta que Marantz lleva apostando por los algoritmos de Audyssey desde hace ya mucho tiempo. Por su parte, la opción Dirac Live, que es de pago, aporta mejoras interesantes en parámetros como la expansión del punto de escucha óptimo aunque, insisto, todo depende de la sala que tengamos. A quienes quieran saber más les recomiendo que vayan a https://www.marantz.com/es-es/dirac-live y echen un vistazo.

Se mire por donde se mire, el CINEMA 40 es una verdadera preciosidad, cualidad que es complementada por un sonido también precioso por su riqueza armónica y su garra.

Del CINEMA 40 llama la atención de inmediato la fluidez con que se gestionan todas las funciones “técnicas”, algo que delata su condición de electrónica “inspirada” en el antes mencionado AV 10. Me refiero a la reproducción de todo tipo de imágenes, en la que las discontinuidades/sacudidas brillan por su ausencia (¡brutal la relación de contraste de los registros HDR bien ejecutados!), y la velocidad y robustez con que se accede a contenidos remotos. Pero no hay que perder de vista que estamos ante un Marantz de altos vuelos, por lo que, como no podía ser de otro modo, es la honestidad del sonido lo que verdaderamente marca la diferencia. Hablamos de una precisión tonal genuinamente “Hi-Fi” que obra el milagro de pulir casi por completo las metalizaciones propias de no pocas bandas sonoras. Y también de una capacidad dinámica que permite bordar igual de bien una banda sonora tan “cañera” como la de “Top Gun: Maverick”, una pieza de los Dire Straits o una pieza de música clásica. El CINEMA 40 es musical por encima de todo –de hecho, hasta el tuétano- y así se transmite en la escucha.

Conclusión

Me atrevería a decir que el CINEMA 40 es la electrónica de A/V más musical –me imagino que el funcionamiento en Clase AB de su circuitería de amplificación de potencia ayuda al respecto- que Marantz ha comercializado hasta la fecha. Cierto, y siento insistir en ello, que las cifras de la potencia de salida que da el fabricante son algo engañosas, pero ello no quita que estemos ante una electrónica con un sonido lo suficientemente noble y poderoso para seducir no sólo a los cinéfilos más exigentes sino a no pocos amantes del audio High End “clásicos”. Además, es una máquina preciosa y si tenemos en cuenta el precio al que es propuesto y, ojo al dato, que esté fabricado –y afinado- en Japón, bien puede decirse que su relación calidad/precio es magnífica.

Ficha Técnica 

  • Configuración: amplificador integrado de A/V
  • Potencia de salida: 9×125 W continuos en Clase AB sobre 8 ohmios con 2 canales excitados
  • Capacidad de procesado: 11.4 canales (con las pertinentes salidas preamplificadas)
  • Codificaciones de audio 3D compatibles: Dolby Atmos, DTS:X y Auro-3D
  • Compatibilidad IMAX Enhanced:
  • Compatibilidad HDR: HLG, Dolby Vision, HDR10+ y Dynamic HDR
  • Conectividad HDMI: 7 entradas (todas HDMI 2.1 compatibles 8K)/3 salidas (2 de ellas HDMI 2.1 compatibles 8K) con protección anticopia HDCP 2.3
  • Streaming de audio “Hi-Res”: PCM hasta 24 bits/192 kHz y DSD hasta DSD128
  • Sistemas de control por voz soportados: Amazon Alexa, Google Voice Assistant y Apple HomePod
  • Dimensiones (antena en posición horizontal): 440x185x414 mm (An x Al x P)
  • Peso: 15’1 kg
  • Precio de venta al público recomendado: 2.800 euros 
  • Importador: www.marantz.com/es-es   

 

 

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