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Esa coherencia también se traduce en un sonido suave, aterciopelado. Me parece difícil conseguir que estas cajas suenen agresivas, o por lo menos con ninguno de mis amplificadores ocurrió esto. Y no son difíciles de mover, los 89 dB declarados pueden ser algo exagerados, pero respecto de mis referencias y calibrando niveles en el equipo de cine, puedo asegurar que de 87 dB reales no bajan, que ya es muy buena cifra para un monitor. Con 30W se mueven ya sin problema hasta niveles muy altos. El volumen disponible y su particular woofer de medios-graves les permiten también ofrecen un grave muy decente, más extendido y dinámico que el de la mayoría de monitores, y de nuevo muy lineal, sin los obvios “picos” tan habituales en otros para simular que dan buen grave, cuando sólo están dando una nota exagerada. Mis monitores de referencia, Merlin TSM no son de esos, al contrario, pues su caja cerrada ofrece una caída suave y lineal que les permite ofrecer un detalle en grave que otras cajas no alcanzan, pero con mucho menos “peso” al caer a partir de unos 50 o 60 Hz. En comparación a las TSM las Vivid suenan mucho más llenas abajo, más completas, y no pierdes nada en un solo de contrabajo. Aunque eso exigirá una colocación estudiada si la sala tiene resonancias no controladas por debajo de 40-45 Hz, pues las Vivid engañan con su tamaño y las excitarían sin compasión.

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También te sorprende la escena, más profunda y precisa de las sudafricanas, y eso que las Merlin siempre me han gustado mucho en ese sentido. Incluso frente a las 802D me sorprendieron las Vivid, me gustaron y a la vez me hicieron apreciar más las cosas buenas de las Bowers, con un sonido “3D” en ambas, aunque mejor definido en profundidad con las pequeñas, y el esperado dominio en la parte baja del espectro y en impacto de las grandes. Cada una ofrece su versión de una voz o una guitarra, quizás diría que más detallada la británica y más escuchable la sudafricana, aunque cambiando la amplificación eso puede cambiar.

Su rapidez llama la atención, pero no menos lo hace, cuando andas cambiando cosas en plena fiebre de “probador”, lo transparentes que son respecto del equipo. Esa escena tan buena nunca la dan “hinchada” ni reducida, sino que la ofrecen tal como se la sirven la fuente y el amplificador que uses. La transparencia de estas cajas me ha quedado patente en la facilidad con que permiten encontrar diferencias entre amplificadores, previos o fuentes.

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Por ejemplo, en mi sótano, con una acústica excelente y colocadas en campo relativamente cercano -cuento con más de 60 metros cuadrados y pongo las cajas en un triángulo a dos metros y poco de mis oídos, alejadas de paredes-, me despejaron las dudas a la hora de encontrar diferencias entre mi etapa Pass y mis amplificadores ARS Sonum, e incluso entre ellos -Filarmonía y Gran Fila-. La de transistores suena un pelo más oscura y quizás eso produce el efecto de un ligero aumento de la profundidad de la escena, ya cavernosa con los de válvulas. Y entre ellos, el “Gran” gana en precisión de las fuentes virtuales, algo en amplitud también, y su tímbrica me gustó más con las Vivid -no ocurre lo mismo con otras cajas-, además de controlar mejor el grave y darlo más rápido y lineal, pues no en vano ofrece el doble de potencia. Pero me gustó mucho como sonaban estas cajas con los humildes 30W del Filarmonía, está claro que no son unas cajas que exijan mucho a la amplificación en ”cantidad”, aunque sí nos permitirán apreciar su calidad.

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