
Cita con el sonido “Made in Spain” en Werner
Es la presente la crónica de una de esas sesiones de escucha con productos “fuera de parámetros” que le permiten a uno tomar el pulso con el High End en su expresión más “salvaje” como consecuencia de la exclusividad a todos los niveles -materiales, tecnología, componentes, calidad de fabricación- que hay detrás de los mismos. En el caso concreto de Barcelona, no se puede negar que el espacio más emblemático al respecto, si no el que más, es el ya imprescindible loft del veteranísimo establecimiento especializado Werner. Un espacio en el que, como ya he apuntado en más de una ocasión, he asistido a algunas de las demostraciones -de audio estereofónico en su totalidad- que más profundamente me han impactado de cuantas se han celebrado en nuestro país y a las que en buena medida habría que englobar la que protagoniza las líneas que siguen. El motivo es muy sencillo: tanto las cajas acústicas como la fuente digital empleadas estaban firmadas por dos marcas españolas que han conseguido ser admitidas en ese selectísimo club que agrupa “la élite de la élite del audio High End” formado por unos pocos nombres estadounidenses, japoneses, alemanes, británicos, suizos, daneses y franceses, sin desmerecer unas pocas marcas originarias de países como Suecia, China o Rumanía, por ejemplo. De hecho, mi recuerdo más reciente de una escucha memorable protagonizada por material patrio en nuestro propio país se remonta a noviembre de 2024, concretamente a las audiciones organizadas en un elegante hotel del centro de Madrid –https://hifilivemagazine.com/cronica-madrid-high-end-2024/– por la granadina Lorenzo Audio y el importador portugués Ajasom. Pues bien: el pasado viernes 10 de abril les tocó el turno a otros dos nombres sobresalientes del sonido absoluto hispano, la madrileña Wadax y la granadina Kroma Atelier, combinadas para la ocasión con electrónicas de la solvente firma helvética Soulution.
Exhibición de tecnología punta y calidad de fabricación excepcional
Antes de comentar mis impresiones de escucha, permítanme que les reseñe la composición del equipo presentado y, como siempre, dé unas pinceladas a los aspectos que considero más relevantes de sus componentes clave, siendo importante al respecto puntualizar que el protagonista “oficial” del evento fueron las cajas acústicas.
- Reproductor de CD/SACD con streamer incorporado Wadax Studio Player
- Giradiscos Acoustic Solid 111 Metall con brazo Rega RB3000 y cápsula de bobina móvil Ortofon Quintet Black
- Preamplificador de fono Lehmann Audio Black Cube Decade
- Preamplificador de línea Soulution 727
- Etapa de potencia estereofónica Soulution 717
- Cajas acústicas de suelo Kroma Atelier Callas
- Cableado Dyrholm Audio y Siltech

Lo de “fuera de parámetros” no es ninguna broma, puesto que, a pesar de las cifras cada vez más estratosféricas que se manejan en el universo del audio doméstico de excepción, tanto el Wadax (44.528 euros) como los Soulution (66.600 euros para la configuración “básica” del previo y 108.000 euros para la etapa de potencia) las Kroma Atelier (106.000 euros por pareja) entran de lleno en la citada categoría, por lo que parece justo que se les exija no sólo una ingeniería y una fabricación del máximo nivel, sino, por encima de todos, un sonido también “fuera de parámetros”.
Integradas en la Serie Reference -la misma a la que pertenece el buque insignia de la marca, las monumentales Maribel, presentadas en sociedad Varsovia en octubre de 2025- Kroma Atelier, las Callas son unas columnas bass-reflex que vieron la luz por vez primera en el certamen Munich High End de 2025. Montan un woofer de 254 mm, dos altavoces de medios de 203 mm y un tweeter AMT, transductor este último que también se repite en la zona superior del panel posterior para incrementar la espacialidad. El fabricante anuncia una repuesta en frecuencia que cubre cómodamente todo el espectro audible -20-25.000 Hz- al tiempo que una impedancia nominal de 4 ohmios y una sensibilidad de 91’5 dB/W/m hacen que, sobre el papel, estemos ante unas cajas “fáciles” de atacar. ¿Qué destacar en especial? En el bien entendido de que el presente artículo no es ni pretende ser un banco de pruebas, de las Callas habría que resaltar el material empleado en la “piel” del recinto, de nombre Krion y que los creadores de las mismas definen en su web como “un material de gran rigidez cuya neutralidad acústica elimina coloraciones y resonancias”. A ello hay que añadir “una ingeniería interna inspirada en la de un silenciador materializada en una estructura de cámaras y resonadores minuciosamente afinados con el objetivo de controlar las frecuencias no deseadas y optimizar el balance tonal.” A lo dicho hay que añadir otros elementos habituales en cajas acústicas de excepción, desde el cableado interno con cobre puro hasta el uso de componentes de prestigio -firmados por marcas como Duelund y Mundorf- en el filtro divisor de frecuencias hasta el aislamiento de fibra natural y los cuatro pies absorbentes GAIA I de la canadiense IsoAcoustics que soportan el conjunto. Y, por supuesto, la calidad de fabricación es irreprochable.

De auténtica proeza de la tecnología, “hipertécnico” si lo desean, habría que calificar el otro componente “Made in Spain” de élite que hay en el equipo que protagoniza la presente crónica: la “multifuente” digital integrada -por aquello de que utiliza un sólo chasis- Studi Player de Wadax. He tenido la oportunidad y el placer de seguir casi desde el primer día el trabajo de Javier Guadalajara, alma mater de la compañía madrileña, y debo reconocer que tiene bien merecido el actual lugar que ocupa en esa “élite de la élite del High End” a la que antes he hecho referencia. Con una estética absolutamente deslumbrante que en el peor de los casos no deja a nadie indiferente, este combinado de lector digital clásico y moderno abruma por su sofisticación pese a no ser “lo máximo de lo máximo” que ahora mismo nos propone Wadax. Tomen nota: 40 placas de circuito impreso individuales, más de 4.500 componentes discretos, corrección de errores de desarrollo propio vía musicIC 3 con aritmética de 128 bits, diseño completamente doble monofónico y balanceado de los subsistemas digitales y analógicos, alimentación con 30 etapas de regulación local y 5 de corriente continua y un largo etcétera del que habría que destacar la posibilidad de expansión mediante la adición del reloj de sincronismo externo de “jitter” ultrabajo -20 femtosegundos- Studio Clock, el bloque de alimentación Studio PSU o el cable Akasa DC Studio. Dejando aparte una bandeja de transporte mejorable, el Studio Player me parece sencillamente impresionante… acojonante si tenemos en cuenta que es “de aquí”.

No me voy a entretener con los Soulution porque son viejos conocidos del loft de Werner, lugar en el que, dicho sea de paso, nos han obsequiado con experiencias de escucha extraordinariamente -más que en un montón de instalaciones propuestas en Munich High End, se lo aseguro- musicales. Si les diré, de la etapa de potencia 717, que en su condición de miembro distinguido de la familia más exclusiva de la firma suiza es un digno representante de la tradición de excelencia tecnológica del país alpino, entregando, con el concurso de una topología rigurosamente doble monofónica ejecutada con componentes minuciosamente seleccionados, una salida continua de 2×150 vatios a 8 ohmios, 2×300 vatios a 4 ohmios o 2×600 vatios a 2 ohmios.

Una personalidad sonora poderosa y envolvente, pero “de geometría variable”
Estuve escuchando atentamente nuestro equipo durante unos 50 minutos, en la primera de las sesiones programadas, aunque antes Xavi Casellas, el carismático -¡y bregado en mil batallas audiófilas!- “conductor” de las sesiones que se celebran en el loft de Werner realizó el preceptivo rodaje. Y es que si un especialista con el renombre y la experiencia del establecimiento barcelonés propone un sistema como el descrito y le dedica un montón de horas es porque cree en las posibilidades del mismo y por lo tanto que ofrecerá una buena dosis de música a tamaño natural a quienes lo escuchen. Parece una puntualización absurda, pero es una manera de decir que cuando se realizan sesiones de escucha públicas en una tienda es porque quien las ha concebido está seguro al cien por cien de que tienen algo potente -sea cual sea la categoría a la que pertenezca el material presentado- que aportar en alguno o varios de los parámetros fundamentales que caracterizan la reproducción sonora en el hogar. Y, por supuesto, así fue.

Dicho lo anterior, y dejando claro que la fuente analógica empleada era de nivel claramente inferior -no hablo sólo de precio- a su homóloga digital, he decir que, después de escuchar un buen “mix” de temas pertenecientes a los géneros musicales más variados que nuestro anfitrión iba improvisando sobre la marcha, lo que me pareció magnífico por cuanto evita el encorsetamiento -pese a su rigor formal, todo hay que reconocerlo- de las “playlists” cerradas, percibí una notable dosis de “asimetría” en lo que a personalidad sonora global se refiere. Me explico: la diferencia en términos de musicalidad podía llegar a ser brutal en función de la grabación elegida. Esto ya lo sabemos, pero me gustaría insistir en lo de “brutal”. Por ejemplo, la edición en vinilo del espléndido “The Turn of a Friendly Card” de The Alan Parsons Project, uno de esos álbumes que conformarían, recurriendo al tópico, “la banda sonora de mi vida”, sonaba “compungido tanto en dinámica como en precisión tonal”. Por el contrario, la versión en streaming del mítico tema “Take Five” del Dave Bribeck Quartet a cargo de la Kenichi Tsunoda Big Band me pareció simplemente magnífica, léase igual que en mi equipo “gordo”, que pese a su relativa antigüedad suena divinamente. En un plan más analítico, despojado de emotividad, podría decirse que los graves y las voces eran inmaculados tanto en tímbrica como en profundidad y control, mientras que la zona alta, bien como consecuencia del tipo de transductor empleado, bien a la estrategia de filtrado seguida por el diseñador de las cajas acústicas, presentaba variaciones cuya brusquedad habría que buscar más allá de las habituales diferencias en la toma de sonido. En cuanto a presentación espacial, no pude apreciar con rotundidad la aportación del tweeter trasero, seguramente debido a la considerable distancia entre las Callas y la pared posterior de la sala de escucha, por lo que doy por sentado que en un espacio más “normal” en cuanto a dimensiones tal contribución debería hacerse notar, y además en positivo.

Para finalizar
La gracia del High End “bestia” radica precisamente en la personalidad aportada por la suma de los componentes empleados en cada combinación. De ahí que, en mi opinión, se podría decir que, en términos generales, el sistema propuesto por Werner fuese, por lo menos en el contexto de las audiciones reseñadas, mucho más auténtico en la restitución de música amplificada que en su equivalente interpretada con instrumentos naturales, aseveración desmentida por el mencionado “Take Five”. Creo sinceramente que debería dedicar un buen par de horas más a la escucha, y con piezas bien conocidas, del equipo, pero de lo que no me cabe ninguna duda es que tanto las Kroma Atelier Callas como, sobre todo, el Wadax Studio Player, son productos de primera clase que merecen el máximo respeto.






















