Publicidad

Cajas acústicas Linn 119: un delicioso punto de partida para entrar en un ecosistema único

Mi primer banco de pruebas sobre una caja acústica de Linn en muchos años es el fiel reflejo del “ethos” de una compañía que ha sabido evolucionar en tecnología sin renunciar a sus esencias, unas esencias sobre las que hablé largo y tendido en este mismo espacio –https://hifilivemagazine.com/linn-just-listen/– y que invitan a descubrir una vez sí y otra también unas propuestas que no dejan indiferente. La 119, que así se llama el producto que protagoniza el presente análisis, es un precioso monitor ultracompacto apto para ser montado tanto en una estantería como en un soporte de suelo dedicado. Una realización de corte aparentemente convencional, como avala su configuración bass-reflex de 2 vías y 2 altavoces, pero que, como sugiere su origen, incorpora no sólo tecnología de primer nivel, amén de exclusiva, sino que también ofrece al usuario exigente una serie de opciones de configuración adicionales que otras marcas simple y llanamente no pueden ofrecer. No hay que olvidar en este sentido la dilatada experiencia de Linn en el campo de las cajas acústicas activas, y, lo más importante, en un parámetro que hace a la firma escocesa diferente del resto: la capacidad de evolución, léase la posibilidad de saltar entre los tres niveles de exigencia -Majik, Selekt y Klimax- que conforman su propuesta desde hace ya varios años. En el caso que nos ocupa, hemos elegido de manera intencionada el punto de partida en cajas acústicas de la compañía fundada por el carismático Ivon Tiefenbrun en 1973, aunque en esa configuración pasiva tan querida por la marca. De ahí que exhiba unas prestaciones notabilísimas en los parámetros de evaluación clave: precisión tonal –término que por cierto oí por primera vez en una presentación de Linn–, dinámica y apertura escénica, característica esta última que es brillantemente potenciada al permitir el uso de un reproductor de música en red amplificado como el Selekt DSM, mediante una serie de desarrollos tecnológicos muy elaborados que aportan unos resultados apabullantes.

2 vías: para muchos, la “vía real” para iniciarse en la verdadera Alta Fidelidad

Es comúnmente aceptado que, al estar la gama de frecuencias de audio dividida en tres bandas, léase, en orden creciente de frecuencia, graves, medios y agudos, el diseño más efectivo en lo que a cajas acústicas se refiere, independientemente de que se recurra a una configuración clásica/pasiva o a una activa, es el de tres vías, con, en función del criterio de cada marca, otros tantos o más -por ejemplo dos o tres woofers- transductores. Sin embargo, si se quiere excelencia de verdad -hablo de sonido, claro- y el espacio disponible es muy pequeño o simplemente se busca una integración con el entorno circundante -decoración- que implique minimizar las dimensiones del recinto, no cabe ninguna duda de que la mejor opción es el sistema de dos vías con otros tantos altavoces. Que luego se opte por la suspensión acústica -recinto hermético- o el bass-reflex, sin desmerecer, en el caso de que tengamos un poco más de margen con el tamaño global, el muy elegante esquema activo/pasivo, que, no obstante, es muy poco usual en el caso de los monitores compactos y no digamos ya de los minimonitores. Y es que trabajar con dos vías y tener al cargo de la concepción de nuestra hipotética caja acústica un ingeniero con talento que tenga claro lo que se busca, disponga de buenos ingredientes y sepa integrarlos con gracia suele ser una receta de éxito.

A grandes rasgos, puede decirse que si los transductores -en principio un tweeter y un altavoz de medios/graves o “midwoofer”- son de calidad y la integración de los mismos está bien ejecutada la musicalidad estará garantizada. Pero, como dice el refrán, “cada maestrillo tiene su librillo”, por lo que una misma dotación de componente, de “materia prima”, puede conducir a resultados muy dispares en función de los elementos -bobinas, condensadores, resistencias, incluso el cableado- empleados en la circuitería -el filtro divisor de frecuencias o “crossover”- responsable de llevar a cabo la integración a la que me acabo de referir y la organización -topología- de los mismos. Si a ello añadimos el diseño y la construcción del recinto que alberga el conjunto, es evidente que la anhelada musicalidad podrá tener múltiples “firmas”, al tiempo que aspectos como la curva de respuesta en frecuencia subjetiva, la sensibilidad, la impedancia o el diagrama de directividad -respuesta espacial- serán susceptibles de múltiples variaciones. Sobra decir que el paso a la modalidad de funcionamiento activa modifica por completo la ecuación que acabo de plantear al permitir obviar problemas inherentes a las cajas pasivas.

Linn 119… una caja acústica aparentemente clásica, pero no tan clásica

De la Linn 119 -quienes prefieran el formato columna y las tres vías se sentirán más que a gusto con su hermana mayor, la 150- he de decir que la primera impresión que causa es la propia de un producto pulcro, inmaculado, fruto de una concepción muy meditada y una ejecución a la altura de la reputación de una marca cuyo perfeccionismo al respecto es unánimemente reconocido desde hace décadas. De dicha concepción hay que quedarse, como bien apunta la compañía escocesa en su descripción de nuestra invitada, que en su desarrollo se aplicaron no pocas de las lecciones aprendidas durante la puesta a punto de la extraordinaria 360, actual buque insignia de Linn en cajas acústicas. De ahí la presencia de astucias de ingeniería tan interesantes como el montaje enrasado de los altavoces en el panel frontal, la ausencia de rejilla protectora -un aspecto aparentemente nimio que, sin embargo, influye más de lo imaginable en el sonido- para minimizar obstrucciones a las ondas sonoras y no limitar el movimiento de aquéllos. A señalar igualmente el embellecedor con finos arcos grabados que evocan la superficie de un disco de vinilo y el logotipo de Linn que protege el tweeter.

Si echamos un vistazo a la ficha técnica que, como siempre, hay al final del artículo, veremos que la 119 recurre a un esquema bass-reflex con puerto trasero, mientras que la configuración, de dos vías, se materializa en un tweeter de cúpula de Sonomex -un material sintético ultraligero- de 19’55 mm de diámetro y un “midwoofer” con cono de papel recubierto de Nextel de 160 mm del que cabe destacar asimismo un motor magnético con un imán de ferrita de gran tamaño que le permite realizar grandes desplazamientos sin apenas distorsión. Observen que la sensibilidad es más bien baja, lo que supone pagar como peaje unos vatios de más por parte de la electrónica de ataque asociada. En lo que respecta a la impedancia, no se suministra la que realmente importa, es decir la mínima, aunque los 4 ohmios de impedancia nominal auguran una “atacabilidad” sin complicaciones… esto en modo pasivo, claro, porque si optamos, como es nuestro caso, por modalidad activa -Exakt- cualquier posible problema en este sentido desaparece por completo. Lo que sí indica Linn, y esto es bueno saberlo por si la queremos combinar con un amplificador de otra marca, es que la 119 pasiva monta un filtro divisor de frecuencias de bajo orden, una configuración que comporta el uso de pocos -que en este caso se suponen de alta calidad- componentes, una gran linealidad de la respuesta en fase -fundamental en términos de musicalidad- y esa baja sensibilidad a la que antes hacía referencia. En suma, minimalismo bien entendido a la manera audiófila en sistemas de altavoces. De nuevo, hay que apuntar que el paso a la configuración activa permite disfrutar de las ventajas inherentes a tecnologías como la “Space Optimisation” y, justo es decirlo, una flexibilidad sin precedentes tanto en amplificación -optimizada para cada transductor- como personalización. De hecho, cuando nuestra invitada forma parte de un sistema Selekt su puerto trasero es pasado por alto para que pueda aplicarse un filtro digital de realce, al tiempo que la circuitería de filtrado también puede evitarse, como, de nuevo, ha sido el caso, sin mayores problemas si nos interesa mejorar las prestaciones de nuestro equipo al nivel Exakt.

Precisión a raudales y una curva subjetiva de inesperada regularidad

Es bien sabido que un porcentaje de puristas del sonido es reacio a los sistemas de altavoces activos. Pero Linn juega en otra liga al haber concebido el grueso de sus cajas acústicas para que incrementen sus prestaciones cuando trabajan en la citada modalidad. De ahí el uso, en nuestra sesión de escucha desarrollada en el establecimiento especializado barcelonés Home Digital Systems, de un reproductor de música en red con módulos de amplificación incorporado Selekt DSM Classic Hub de la propia Linn. Como siempre, considero que la mejor opción para escuchar unas cajas como las 119 es colocándolas en soportes de pie, y si son dedicados, que los hay, mejor que mejor.

Utilizando como fuente de contenidos el servicio de música online TIDAL, he decir que la pequeña Linn deslumbra por la cálida incisividad de su sonido, con unos agudos sublimes en riqueza y transparencia y unos graves que desafían de largo la, en mi opinión, muy modesta curva de respuesta en frecuencia -de 50 a 20.000 Hz, aunque dentro de un margen de +/-6 dB en vez de los +/-3 dB o +/-2 dB que en principio ofrecen más rigor- suministrada por el fabricante. Si hay un registro que habla alto y claro de la expresividad de las 119, sin duda es el vocal, como se encarga de demostrar con una contundencia inapelable el ya celebérrimo -por lo menos en los círculos audiófilos/puristas- “Liberty” de Anette Askvik. Una voz preciosa caracterizada por poseer una serie de registros que cuando subimos el nivel de volumen se vuelve inesperadamente exigente y que la Linn resuelve con maestría sin incurrir en coloraciones pese al impulso de la potencia de amplificación disponible. Cambiando de “chip”, el espectacular solo de percusión del álbum “The link alive (2003)” del grupo francés Gojira revela un aguante en los graves que, más allá del previsible “estoicismo”, exhibe una “redondez” muy poco habitual, si no directamente impensable, en una caja tan pequeña… ¡ventajas del modo activo combinado con esas astucias electrónicas “linnófilas” que a la postre son las que acaban marcando la diferencia!

A modo de conclusión

Estoy convencido de que en modo pasivo y con la debida compañía, la Linn 119 debería sonar espléndidamente. Pero en modo activo, suena fantásticamente en lo tonal y en lo espacial, en buena parte por los beneficios que aporta su integración en el ecosistema único que ha sabido crear la firma escocesa. ¡Buen trabajo!

Más información en https://hdsbcn.com/ y en https://linn-spain.com/contacto

Ficha Técnica

  • Configuración: caja acústica bass-reflex de 2 vías/2 altavoces para montaje en estantería o sobre soportes configurada en modo activo exclusivo de Linn vía Selekt DSM con amplificación Exakt.
  • Altavoces: 1 “midwoofer” con cono de papel revestido de Nextel de 160 mm de diámetro y 1 tweeter de cúpula blanda de Sonomex de 19’55 mm.
  • Respuesta en frecuencia: 50-20.000 Hz, +/-6 dB 
  • Sensibilidad: 86 dB/W/m.
  • Impedancia nominal: 4 ohmios.
  • Potencia del amplificador asociado: 30-150 W continuos.
  • Dimensiones: 191x328x341 mm (An x Al x P).
  • Peso: 7’15 kg.
  • Precio de venta al público recomendado: 3.025 euros por pareja.
  • Fabricante: www.linn.co.uk 

 

Ficha Técnica

  • Configuración: caja acústica bass-reflex de 2 vías/2 altavoces para montaje en estantería o sobre soportes configurada en modo activo exclusivo de Linn vía Selekt DSM con amplificación Exakt.
  • Altavoces: 1 “midwoofer” con cono de papel revestido de Nextel de 160 mm de diámetro y 1 tweeter de cúpula blanda de Sonomex de 19’55 mm.
  • Respuesta en frecuencia: 50-20.000 Hz, +/-6 dB 
  • Sensibilidad: 86 dB/W/m.
  • Impedancia nominal: 4 ohmios.
  • Potencia del amplificador asociado: 30-150 W continuos.
  • Dimensiones: 191x328x341 mm (An x Al x P).
  • Peso: 7’15 kg.
  • Precio de venta al público recomendado: 3.025 euros por pareja.
  • Fabricante: www.linn.co.uk 

Comments are closed.