
Klipschorn: ¡celebrando el 80º cumpleaños de la obra maestra y eterna inspiración de Klipsch!
Es el presente 2026 un año pródigo en aniversarios “potentes” de algunos de los nombres más respetados de la historia del audio: 50 años para Arcam, 60 para Bowers & Wilkins y nada menos que 80 para JBL, Klipsch y Onkyo. De las tres últimas, sólo una puede enorgullecerse de que la celebración de nada menos que ocho décadas de historia corra paralela a la del producto que la vio nacer. Hablamos de la estadounidense Klipsch y de la legendaria caja acústica Klipschorn, cuyo lanzamiento al mercado en 1946, después de unos prolegómenos que conectan con el ascenso de EE.UU. como potencia científica y tecnológica a escala mundial, constituyó también el comienzo de la leyenda de su fundador: el genial y polifacético Paul W. -Wilbur- Klipsh, alias PWK, cuya longevidad “en perfecto estado de revista” -nació en 1904 y falleció en 2002- le convirtió en una de las personas más prominentes y reconocidas del audio de todos los tiempos. Es precisamente la circunstancia única -la 801 de Bowers & Wilkins también ha forjado su propio mito, pero lleva en el mercado “sólo” desde 1979- que acabo de apuntar el “leitmotiv” de este artículo: al ir permanentemente entrelazada la historia de Klipsch con la de su realización más icónica, y, en cierto modo, exclusiva, nos ha parecido lógico profundizar en sus particularidades conceptuales y técnicas, al tiempo que en la evolución de las mismas, para comprender mejor la filosofía de la marca. A modo de prólogo, bien está saber que el propio “PWK” comentó, cuando “la niña de sus ojos” acababa de salir al mercado, “El secreto de la calidad del producto no radicaba en que se tratara de una caja acústica con bocinas para colocar en una esquina, sino en que, por encima de todo, era un producto de alta calidad en todos los aspectos.” Más contundente es esta otra frase, casi una sentencia, que demuestra la convicción que guiaba al creador de la Klipschorn. “Mis teorías sobre la reproducción de señales de audio se considerarán erróneas cuando cambien las leyes de la física.”

Un caso único: ocho décadas de permanencia continua en el mercado
Mi pasión -para lo bueno y para lo malo, cosa que no me canso de repetir- por la reproducción musical con mayúsculas despertó a principios de 1974, cuando mi padre compró un equipo de Alta Fidelidad -norma DIN 45500- “todo en uno” firmado por la española Bettor y equipado con un giradiscos de la alemana Dual. Se consolidó al año siguiente, cuando mi conocimiento del idioma francés me permitió acceder al audio “mainstream” de calidad disponible en nuestro vecino del norte, y, ya en el tercer cuatrimestre, cuando visité mi primer Sonimag. Viene este ejercicio de memoria a cuenta de que fue precisamente en la edición del evento barcelonés celebrada en 1975 donde descubrí algunas de las marcas de cajas acústicas que, medio siglo después, continúan gozando de mi admiración, caso de Bowers & Wilkins y KEF en el “bando” europeo y JBL en el “americano”. En lo que concierne a Klipsch, no sé a ciencia cierta si la “conocí” en 1975 o en 1976, pero de lo que sí tengo una certeza absoluta es que su importador para nuestro país se llamaba Craftsman y sus oficinas estaban situadas en pleno centro -Eixample/Ensanche- de Barcelona. Allí acudí en varias ocasiones, y el “boss” de la casa, impresionado por mi conocimiento de la “Hi-Fi” a pesar de ser un crío, me mostró documentación de primera mano sobre la, para mí absolutamente novedosa, caja acústica Klipschorn y sobre la mente prodigiosa que la había hecho posible. Fue la relativamente veterana –30 años recién cumplidos- compañía estadounidense la encargada de sonorizar una de las discotecas más “posh” que ha habido nunca en Barcelona, de nombre “Up & Down”, situada en la parte alta de la ciudad y de la que recuerdo, aparte del espléndido ambiente allí reinante, la brutal tormenta de decibelios bien gobernados que escupían unos recintos monumentales equipados ¡como no! con bocinas de inconfundible diseño. Unos cinco o seis años más tarde visité mi primer evento de alcance internacional dedicado al audio, el parisino “Festival International du Son”, al que seguirían las más audiófilas, e igualmente parisinas, “Les Journées de la Haute Fidelité”. Pues bien: en uno de dichos eventos, igual en ambos, no sólo vi y escuché las Klipschorn sino que cada sesión estaba precedida por la imponente presencia física de su creador, Paul Wibur Klipsch, del que recuerdo la brillantez y elocuencia de sus explicaciones pese a ser un ochentañero.

Más de cuatro décadas después de mi “primer encuentro” con “PWK”, me complace dedicar un artículo a para celebrar esa efeméride única de una caja acústica que es definida por su fabricante con las siguientes palabras: “Auténtico avance en ingeniería cuando vio la luz por vez primera, la Klipschorn continúa siendo una de las cajas acústicas más elogiadas y es el único modelo de la historia que lleva más de 80 años en producción ininterrumpida. Exhibe la potencia acústica de una orquesta sinfónica de 100 músicos y es capaz de abarcar más de ocho octavas completas con un sonido rico, suave y con una distorsión extremadamente baja, por lo que es fácil comprender por qué es una verdadera leyenda. La Klipschorn sólo utiliza carga por bocinas, lo que la convierte en el paradigma de la alta eficiencia. El resultado es un sonido limpio y dinámico en todo el espectro musical. Con una increíble sensibilidad de 104 dB, la Klipschorn es ideal para amplificadores High End tanto a transistores como a válvulas reproduciendo con una elegancia natural archivos digitales en alta resolución y discos de vinilo con prensado audiófilo. Todavía fabricada a mano en Hope, Arkansas, donde todo comenzó, la Klipschorn de hoy en día suena mejor que nunca.”
Son innumerables los argumentos objetivos y subjetivos que uno tiene a mano cuando se glosa un producto tan excepcionalmente longevo, que, no lo olvidemos, en su momento fue poco menos que rompedor. De hecho, cuando a mediados de la década de los 80’ un número creciente de fabricantes de componentes de Alta Fidelidad empezaron a denominar a sus productos “digital ready”, léase “preparados para el entonces incipiente sonido digital, un influyente crítico especializado estadounidense comentó que la única caja acústica verdaderamente digna de ese nombre era una que un ingeniero llamado Paul Klipsch había diseñado unas cuatro décadas antes en Hope, Arkansas. Para reducir el tamaño del recinto, Klipsch plegó una bocina en segmentos conectados por ángulos agudos y la dividió en dos secciones longitudinales que se volvían a unir en la boca, siendo el resultado la Klipschorn.

Pero la primera presentación pública de la protagonista del presente artículo que me dejó absolutamente impactado tuvo lugar en la berlinesa IFA de 2006. En aquel entonces, dicho certamen -cuya primera edición tuvo lugar en 1924- compartía trono con el High End Munich en lo que promoción del sonido de alta calidad se refiere, hasta el punto de que las influyentes -y además muy potentes en términos financieros gracias a la fuerza del grupo editorial en el que estaban integradas- publicaciones especializadas Audio y Stereoplay tenían el desparpajo de montar una enorme sala en la que demostraban -con las pertinentes explicaciones… todo era muy profesional- el -cito literalmente- “Equipo más caro del mundo”. Una propuesta que en 2006 ya incluía el sonido multicanal y la imagen – videoproyector Runco VX-2DC Autoscope para ser exactos- y en cuya configuración de cajas acústicas figuraban ¡diez! unidades de Klipschorn Anniversary, dos Klipsch La Scala y cinco subwoofers Klipsch RT-12D. El resultado, como cabe imaginar, fue simple y llanamente espectacular.

El creador: un genio multifacético en la mejor tradición estadounidense
En la biografía de Paul Wilbur Klipsch se especifican una serie de detalles que permiten hacerse de inmediato una idea sobre la complejidad y el carácter único del personaje, al figurar entre sus facetas la de ingeniero, inventor, empresario, geofísico, militar -durante la II Guerra Mundial sirvió en el ejército de tierra de EE.UU., donde alcanzó el grado de Teniente Coronel- y piloto, a lo que habría que añadir su condición de pedagogo al haber participado directamente e influido en la formación de varias generaciones de especialistas en audio. De Paul Klipsch también hay que destacar que estuvo en activo hasta el año 2000, es decir hasta los 96 años; de hecho, su presencia, con 90 años cumplidos, en audiciones y presentaciones era celebrada por los asistentes como una oportunidad única de conocer de primera mano a una leyenda vida.

Fue la de “PWK” una trayectoria rica y fructífera también en reconocimientos, empezando por la Medalla de Plata que recibió de la Audio Engineering Socitey en 1978 y continuando con su inclusión en el “Science and Engineering Hall of Fame” en 1997 para entrar a formar parte, ya fallecido (2004), en el “Consumer Electronics Hall of Fame”, honor este último que recibió durante el Consumer Electronics Show (CES) de Las Vegas. Quizá el calificativo que mejor describe al fundador de Klipsch es el de inconformista, porque desde el primer momento supo canalizar su infinita curiosidad y su elevado nivel de exigencia para, en combinación con una sólida formación técnica -empezando por la Universidad del Estado de Nuevo México, que en 1995 rebautizó su departamento de ingeniería con el nombre de “Klipsch School of Electrical and Computer Engineering”, y terminando por la legendaria Universidad de Stanford- aplicar el razonamiento científico en aquellos ámbitos susceptibles de mejora.

Fue precisamente esta sólida vocación científico-técnica y el pleno convencimiento que el sonido de los fonógrafos de su época era un verdadero desastre lo que impulsó a Paul Klipsch a crear la Klipschorn, nombre originado por los comentarios sobre su “bocina para esquinas” emitidos por colegas y competidores. Por otro lado, es interesante saber que todas las unidades de esta mítica caja acústica fabricadas desde la fundación de Klipsch & Associates en 1946 (la patente correspondiente fue, como ya hemos comentado, solicitada en 1943 y fue concedida en 1945) y la contratación del primer empleado de la empresa en cuestión en 1948 fueron construidas íntegramente por el propio Paul Klipsch. Hace unos años tuvimos la oportunidad de ver los planos originales de la Klipschorn, un prodigio de perfeccionismo en el que se detallan minuciosamente las características –cálculos incluidos- que debían satisfacer todos los elementos constructivos de dicha caja, destacando especialmente los dibujos correspondientes al laberinto acústico de su célebre bobina plegada para reproducir los graves. Otra curiosidad de la fascinante existencia del fundador de Klipsch la encontramos en la Heresy (“Herejía”), un nombre de lo más heterodoxo para referirse a un producto que se convirtió en un gran éxito de ventas gracias a sus excepcionales aptitudes para sonorizar iglesias.

Un poco de tecnología… sólo un poco
Ya saben que siempre me gusta situar el texto en su contexto, y en el caso que nos ocupa todavía más porque estamos hablando de una caja acústica cuyo embrión vio la luz en 1938 y su concepción de base en 1943, es decir tres años antes de su lanzamiento al mercado y el nacimiento de la marca Klipsh. Un producto que, como revelan las fotografías que acompañan el presente artículo, con el paso del tiempo ha ido adoptando elementos que le han permitido mejorar y actualizarse sin perder su esencia. Hablamos de los transductores, de los componentes del filtro divisor de frecuencias y de muchas partes mecánicas -las bobinas sin ir más lejos- que, lógicamente, ahora se pueden fabricar con una precisión mucho mayor y por tanto ajustarse como anillo al dedo a las especificaciones establecidas en su momento por Paul Klipsch.
Para comprender el carácter revolucionario de la Klipschorn, hay que saber que cuando fue introducida en el mercado el audio doméstico apenas estaba haciendo sus primeros bostezos. De hecho, el disco de vinilo –que fue el pistoletazo de salida para el consumo privado de música grabada de alta calidad- todavía no había nacido y el audio “con mayúsculas” se concentraba en las salas cinematográficas. Por otro lado, al no haber tampoco dispositivos de estado sólido de alta potencia, los amplificadores de audio tenían ante sí un reto monumental: por un lado, la potencia de los dispositivos electrónicos de la época, es decir las válvulas de vacío, era limitada y, por otro, había que sonorizar espacios muy grandes con niveles de presión sonora realistas.

¿Cómo se resolvía el embrollo que acabamos de plantear? Como bien sabrán los aficionados más veteranos, la clave radicaba en emplear sistemas de altavoces con un rendimiento muy elevado, única manera de convertir las pocas decenas de vatios eléctricos disponibles en los decibelios requeridos para que una buena película de acción resultara convincente a todos los efectos para una audiencia muy amplia. Esto nos lleva directamente a la innovación más relevante aportada por Paul Klipsch a la reproducción doméstica del sonido: el uso de una bocina “ultracompacta” para reproducir las bajas frecuencias y hacer posible disponer en nuestro hogar de unos graves realistas sin necesidad de tener una sala de dimensiones mastodónticas.
Porque, claro, una bocina para cargar un woofer de 381 mm de diámetro como el de la Klipschorn, deberá tener unas dimensiones muy concretas que en principio nos llevarán a un panel entre muy grande y descomunal. Pues bien, realizando una serie de cálculos muy precisos, y sin precedentes para su época, Paul Klipsch dio con la solución: “compactar” la bocina para que tuviese unas dimensiones razonables. ¿Y cómo la compactó? Pues “plegándola” en una especie de laberinto particularmente complejo; de ahí el nombre de “folded horn” (bocina plegada) para el sistema de reproducción de graves de la Klipschorn, que además fue diseñado de tal modo que la zona posterior del recinto correspondiente tuviese forma de cuña para encajar en la esquina de la sala en la que se colocara, situación que a su vez comportaba dos ventajas adicionales. Por un lado, optimizar el espacio ocupado por la Klipschorn, que pese a su carácter “compacto” en comparación con los sistemas de altavoces empleados en las salas de cine seguía teniendo unas dimensiones respetables. Y, por otro, incrementar el nivel de los graves precisamente debido al bien conocido hecho de que las paredes contiguas de una esquina desempeñan un efecto multiplicador para las frecuencias bajas Evidentemente, para que todo esto funcione hay que hilar muy fino a la hora de calcular los diferentes parámetros acústicos y electroacústicos del sistema de graves, cálculos que, insistimos en ello, Paul Klipsch realizó en su momento a mano.

AK6, Jubilee, AK7 y X5… la Klipschorn mejora manteniendo su esencia
La Klipschorn no sólo lleva en la cúspide de la ola desde hace 80 años, sino que en los últimos ocho ha sido objeto de cambios y evoluciones sin precedentes en una clara demostración de que su indiscutible atemporalidad no está reñida con el progreso técnico. Cuestión, como siempre, de hacer las cosas bien, en este caso con todas las garantías porque detrás está la mano de Roy Delgado, el veterano jefe de ingeniería de Klipsch que además fue discípulo de “PWK”. Así, de la AK6 hay que apuntar que vio la modificación de la legendaria bocina –triédrica- de graves creada por Paul W. Klipsch para permitir el uso de un recinto completamente cerrado, eliminándose de este modo la necesidad de “pegar” literalmente la Klipschorn a una esquina. Gracias a este cambio, la AK6 sólo necesita estar cerca de una esquina para rendir al cien por cien de sus posibilidades, poniendo en manos del usuario una gran flexibilidad extra a la hora de buscar la mejor escena sonora posible. El siguiente cambio lo encontramos en el altavoz de agudos, de nombre K-771 y materializado en un transductor de sensibilidad extremadamente alta -109 dB- con membrana de poliamida, motor magnético de alta potencia –con imán de neodimio y bobina móvil con devanados de aluminio revestida de cobre- acoplado a una de las exclusivas bocinas con dispersión de 90ºx40º Tractrix de Klipsch. También el woofer, crucial, conjuntamente con la bocina que lo complementa, a la hora de definir la personalidad sonora de la Klipschorn, fue reemplazado por uno del mismo diámetro -381 mm- llamado K-33-E que combina un cono fabricado en un avanzado compuesto de fibras y una suspensión periférica de tipo acordeón. Por su parte, el altavoz de medios, de nombre K-55-X y que no ha sido modificado con respecto a la versión precedente de la Klipschorn, combina un diafragma de material fenólico con un motor de alta potencia y una bocina dedicada.

De la AK6 pasamos a la monumental Jubilee, puesta a punto para celebrar el 75º aniversario de la fundación de Klipsch y un sistema altamente innovador donde los haya, en especial si tenemos el respeto que la compañía de Hope profesa a la Klipschorn. Estamos ante una caja acústica que tuvimos la oportunidad de disfrutar por todo lo alto, y además en nuestro país, hace casi cuatro años y de la que me gustaría destacar el rompedor -y brutal en términos de resultados- esquema de doble carga por bocina bass-reflex de la sección de graves y la electrónica DSP encargada de asegurar su perfecta integración con la bocina de medios/agudos por un lado y la sala por otro. La siguiente declinación de la Klipschorn, de nombre AK7, está rubricada asimismo por Roy Delgado, y entre las mejoras que ofrece con respecto a su antecesora hay que apuntar muy especialmente un nuevo transductor de 76’2 mm (3”) de medios para aplicaciones de cine con modificador de dispersión extendido y carga en bocina Tractrix deK-406M con tecnología Mumps de Klipsch para mejorar la claridad y la dispersión. La AK7 también puede beneficiarse opcionalmente de una circuitería de filtrado/ecualización activa por DSP inspirada en la de la Jubilee que además permite configurarla en modo activo y pasivo para multiplicar su flexibilidad.

Y llegamos ya al punto final, entiendo y espero que provisional, de la extraordinaria trayectoria vital de la Klipschorn: la “80th Anniversary Klipshorn X-5”, presentada en sociedad en el certamen High End Vienna de este año. Una elegantísima columna que, en palabras de sus creadores, “Reimagina el diseño original patentado por Paul W. Klipsch, combinando tradición con ingeniería de vanguardia. Esta caja acústica de edición limitada, 100% con carga por bocinas, combina un diseño de dos vías con un filtro divisor de frecuencias activo que le permite ofrecer una dinámica, una claridad y una naturalidad excepcionales. La X-5 armoniza materiales de primera calidad dignos de ser transmitidos de generación en generación -chapa de madera de tigre con patrón simétrico, incrustaciones de latón y una bocina de aluminio fundido en arena- con una meticulosa fabricación artesanal. Para aumentar su exclusividad, el X-5 se suministra con una rara “cápsula del tiempo” auditiva: una edición limitada en vinilo de 180 g de las grabaciones originales de KlipschTape de Paul W. Klipsch. Estas demostraciones de sonido estereofónico de principios de la década de los 50’ -agotadas desde hace tiempo y, en algunos casos, nunca antes escuchadas- ofrecen a los entusiastas del audio una conexión directa con los orígenes de la Alta Fidelidad.” Sobra decir que todas y cada una de las Klisphorn que han visto la luz han sido construidas a mano en el mismo espacio donde Paul Wilbur Klipsch puso en marcha su sueño.
¡80 años no son nada!
¡Tempus fugit! Nada nuevo bajo el sol salvo el placer de comprobar que la excelencia no sólo es valorada sino que tal valoración perdura. ¡Me gustaría pensar que en 2036 estaré en condiciones de glosar los 90 años de la ya mítica Klipsch Klispchorn!
Importador: www.magnetron.es























