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Onkyo: ocho décadas de “armonía sonora” en clave japonesa

“Nacida en Japón. Concebida para la precisión.” Con estas palabras comienza el vibrante documento con el que Onkyo, uno de los grandes nombres de la Alta Fidelidad y el Cine en Casa “mainstream” -con permiso de algunas realizaciones de élite- del Imperio del Sol Naciente, celebra su 80º cumpleaños, uniéndose así a otras marcas de su mismo origen que superan de largo su medio siglo de existencia manteniéndose a la vez en el sector que cimentó su reputación. Un hito muy significativo si tenemos en cuenta que nombres en su momento tan representativos de la electrónica de consumo nipona como Akai, JVC, Kenwood, Mitsubishi, Pioneer o Sansui, por citar seis marcas bien conocidas por los aficionados de nuestro país, ya no están entre nosotros. Otras, como Sony, han abandonado de facto el mundo del sonido de altos vuelos, aunque de vez en cuando nos sorprende con algún a que otra realización que demuestra el magisterio de uno de los “padres” reconocidos de la “Hi-Fi Made in Japan”. Esto me permite reconectar con la protagonista del presente artículo, una compañía que se une a otras de su mismo origen -Accuphase, Denon, Luxman, Marantz, Technics y Yamaha- que continúan plenamente en activo para que los entusiastas de la Alta Fidelidad, el Cine en Casa o ambas “disciplinas” tengan a su disposición productos de excepcional relación calidad/precio -y por lo tanto con espíritu democrático- equipados con lo último en tecnología. Llegados a este punto, me permito citar unas líneas que figuran en el documento al que hacía referencia al principio porque reflejan fielmente la filosofía, la razón de ser, de la empresa que, con el nombre Osaka Denki Onkyo, dio forma, en 1946, a los sueños de su inquieto fundador, Takeshi Godai: “Marca japonesa icónica, Onkyo es reconocida por su exigencia sin compromiso en materia de ingeniería, su dominio de la tecnología acústica y su búsqueda permanente de una restitución sonora auténtica. En el corazón de la marca, una convicción simple: el sonido tiene el poder de emocionar. Ya se trate de música, cine, gaming o espectáculo, cada producto firmado por Onkyo está concebido para restituir el sonido exactamente como el artista o el creador lo imaginó: puro, poderoso y cargado de emoción. Esta filosofía guía la compañía desde que vio la luz y continúa inspirando sus innovaciones.”

Un “ethos” profundamente anclado en la cultura nipona

Al igual que he hecho con otras reseñas “históricas” de marcas emblemáticas del universo del audio de alto nivel publicadas en Hifilive -Bowers & Wilkins, Cambridge Audio, Klipsch, KEF, Marantz, Stax- en estos últimos e intensos años, de Onkyo tengo también una anécdota personal que contar… una anécdota muy especial por la sencilla razón de que está relacionada con el que fue mi primer trabajo remunerado en el sector al que llevo dedicando toda mi vida profesional y más de medio siglo -¡tempus fugit!-como aficionado. Corría el verano del año 1988 cuando el delegado para Cataluña del entonces importador de Onkyo para España -que también lo era de marcas como Alpine, Cyrus, KEF, Luxman, Mission, Ortofon o QUAD, por citar algunas de las más conocidas- me propuso, a través de un distribuidor especializado que cerró sus puertas hace años y con el que en aquel entonces tenía una muy buena relación- un “trabajillo”: encargarme de realizar las “demos” de Cyrus y Mission en una sala dedicada durante todos los días del incipiente salón Sonimag. Todavía guardo el CD utilizado para las sesiones de escucha en cuestión, al tiempo que les diré que justo el último día del certamen, el 25 de septiembre, un servidor de ustedes no sólo cumplía años -27- sino que a media tarde tenía que presentarse en Cáceres para iniciar su servicio militar obligatorio. Pues bien: cuando me dieron el primer permiso, fui a la sede barcelonesa del importador de Onkyo para pedir como pago por mis servicios un sintonizador de FM Integra T-9090II de la marca, que entonces, al igual que el grueso de sus veneradas compatriotas, estaba en su apogeo. Ahí tengo que decirles que el nombre “Integra” venía a ser el equivalente de los “ES”, de Sony, y, si nos atenemos a los modelos que ostentaban el logotipo “Grand Integra”, de los “R1 o R10” de la firma en cuestión o “Exclusive” de Pioneer. Eran por tanto los Integra maravillas relativamente asequibles y, por encima de todo, de relación calidad/precio insuperable a tenor de las prestaciones y la calidad de fabricación que aportadas. Sobra decir que el T-9090II, de imponente, estilizada y muy “high tech” estética, era una máquina fastuosa que estuvo durante largos años en mi equipo pese a que la radio nunca fue -probablemente por la mediocre calidad técnica de sus emisiones en nuestro país, cosa que no sucedía en países como Alemania- una de mis fuentes de música predilectas.

Un último apunte antes de entrar en materia: a igual que no pocas marcas de renombre de su sector de actividad, la propiedad de Onkyo también ha cambiado -aunque, por fortuna, poco- de manos, y al no ser el presente un artículo dedicado a comentar asuntos empresariales me limitaré que en la actualidad la firma se está recuperando con robustez de la quiebra, en 2022, de Onkyo Home Entertainment en Japón. Por suerte, un año antes la división de audio/vídeo de la compañía -concretamente la marca, la propiedad intelectual y los activos clave- fue integrada en Premium Audio Company -propiedad de VOXX, adquirida en abril de 2025 por Gentex Corporation- y Sharp, con la excepcional -y harto significativa- particularidad de que la división de I+D permanecería en Japón, manteniéndose por tanto su reputado centro de ingeniería de Osaka. Todo muy meditado, a la manera japonesa, tomándose la decisión de reducir el número de productos y reorganizar estrategias, poniéndose el foco en aspectos como la tecnología de los amplificadores, el tratamiento de la señal y la calidad sonora. En paralelo, formar parte del mismo grupo empresarial que Klipsch dio pie a una serie de obvias sinergias que poco a poco a poco van tomando cuerpo en productos de nueva generación que analizaremos con el debido detalle cuando proceda.

Sobriedad refinada y atención meticulosa por los detalles

A modo de prólogo, de Onkyo hay que decir que es una de esas empresas japonesas particularmente “japas”, en contraposición con otras que en su momento -Sony sería el caso más representativo- siempre mostraron una vocación más “internacional”. Esto nos lleva a 1946, con la Segunda Guerra Mundial recién terminada y Japón bajo mínimos, aunque con la firme vocación del mando estadounidense para que se recuperara en base a unos condicionantes políticos muy concretos. Y así nos encontramos con Takeshi Godai, cuya familia regentaba una pequeña tienda de bicicletas que le hizo desarrollar un fuerte interés por la mecánica y la ingeniería. Coincidencias de la vida, nuestro hombre entabló amistad con un joven aprendiz llamado Konosuke Matsushita, quien años más tarde y después de haber fundado Matsushita Electric Industrial Company Panasonic, Technics), uno de los nombres fundamentales en la historia industrial del Imperio del Sol Naciente, lo reclutó para que trabajara en la fabricación de altavoces, algo que resultaría determinante para el futuro de Onkyo.

Y aquí viene la gran pregunta con respecto al presente artículo sobre cuya respuesta he estado dando muchas vueltas, habida cuenta de que estamos no ya en la era de Internet, léase “con la Enciclopedia Galáctica al alcance de todo hijo de vecino”, sino de la celebérrima “IA”: ¿cómo plantear mi particular homenaje a Onkyo? Pues “procesando” todo lo que tengo por casa de la marca y compartiéndolo con todos ustedes, lo que, por otro lado, implica que a la citada “IA” le “enseñaré” cosas que no conoce y estará un poco más preparada cuando le pidan información sobre la marca japonesa. Reflexión filosófica a aparte, les diré que, durante un buen par de décadas, los catálogos de Onkyo figuraron entre mis favoritos por su contundencia física, la originalidad de sus portadas, la pasión por la tecnología que se desprendía de sus páginas, y, obviamente, la apuesta permanente por la calidad ya se tratara de un producto básico como uno de referencia. Pero la marca japonesa es una verdadera caja de sorpresas, a pesar de nuestra asociación natural con la Alta Fidelidad y el Cine en Casa. Y es que, a pesar de que su primer producto fue una cápsula fonocaptora, la CP-1000, comercializada en 1946, en 1947 lanzó al mercado sus primeros altavoces -transductores, no confundir con cajas acústicas- y en 1950 patentó los revolucionarios conos de papel “Non-Pressed Cone”, en 1957 inauguró una fábrica de televisores que llegó a producir casi 60.000 unidades al mes. Cuatro años antes, en 1953, Onkyo ya apuntaba maneras en su particular obsesión por la “armonía sonora” al demostrar, en el certamen “All Japan Audio”, que un buen sonido no depende sólo de la potencia y del nivel de volumen sino de la capacidad para reaccionar muy rápidamente a las variaciones de la señal musical. Premonitorio.

En 1960, la producción mensual de altavoces -entre ellos el MX-8P, primer producto de su clase con realimentación vía movimiento- alcanzaba la bonita cifra de 100.000 unidades, mientras que en 1966 el sistema estereofónico de sobremesa formado por elementos separados ST-55 fue seleccionado “Best Buy” en Japón por la influyente revista de estilo de vida “Kurashi no Techo”. En 1968 vio la luz el MC2200, un elegante y rompedor sistema estereofónico con cuatro canales, mientras que en 1969 se comercializaron los primeros preamplificadores y sintonizadores de la Serie Integra, obteniendo el previo A725 el primer “Stereo Component Grand Prix” dentro de su categoría como consecuencia del empleo de métodos científicos en el 90% de su proceso de diseño. Una manera de trabajar que además fue recompensado por el entonces todopoderoso y prestigioso MITI -siglas de Ministerio de Comercio Internacional e Industria en inglés- con la “G-Mark” para la excelencia. En 1974, Onkyo demostró una vez más su poderío tecnológico con la introducción de osciladores de cuarzo en sus sintonizadores de radio mientras que en 1977, tres décadas después de su fundación, lanzó al mercado su concepto de cajas acústicas para montar Scepter, que ofrecía a los entusiastas del “hágaselo usted mismo” hasta 22 combinaciones transductor-bocina-woofer. En 1981 se lanzaba al mercado la TA-W800, primera doble platina a casetes con reproducción continua y copiado a alta velocidad, mientras que en 1985 hacía lo propio el C-700, primer reproductor de discos compactos con transferencia de datos óptica para enlazar sus circuitos analógicos y digitales.

En 1984 se produjo el salto a lo que más adelante se bautizó como High End con la aparición de modelos de muy altos vuelos en varias categorías: la innovadora -en todos los sentidos- caja acústica basada al 100% en bocinas Grand Scepter -que en 1991 sería el primer producto japonés en recibir, en Francia, el reputado Josep Leon Trophy- y los sintonizadores de radio T-9090 y su sucesor, mi querido y recordado T-9090II, a los que se sumó la espectacular -con 60 kilos, es el amplificador más pesado jamás puesto a punto por Onkyo- etapa de potencia Grand Integra M-510. En 1987, Onkyo empezó a labrarse una sólida reputación en un segmento que durante las décadas posteriores configuraría su prestigio como marca entre el gran público: el éxito comercial en EE.UU. de su gama de electrónicas integradas para el entonces incipiente -no olvidemos que el DVD Vídeo no llegó hasta una década después- A/V o Cine en Casa, destacando la extraordinaria acogida obtenida por el exclusivo TX-SV909PRO. Volviendo al High End, 1993 vio el lanzamiento, de los Quest Integra y Quest Scepter, caracterizados por utilizar componentes y materiales estrictamente seleccionados. Onkyo también fabricó reproductores de DAT y MiniDisc y numerosos equipos compactos “lifestyle” en los que, fiel a la filosofía de la casa, la forma siempre estaba al servicio de la función. En paralelo, durante todos estos años la compañía se expandió a escala planetaria, con filiales en países como Alemania, Estados Unidos, Malasia, India o China.

Onkyo, hoy: preservando la fidelidad a su espíritu fundacional

He obviado intencionadamente las últimas tres décadas de Onkyo, que, por supuesto y como se refleja en las fotos de la selección de catálogos que hemos preparado para ustedes, han sido pródigas en componentes y equipos para todos los gustos y aplicaciones, a fin de dedicar unas líneas a la nueva era que desde hace unos pocos años rige los destinos de la compañía. Una era cuyo ingrediente clave, por cuanto es el garante último de la fidelidad a los principios fundacionales de Onkyo, es el “Tech Center de Premium Audio Company”, alias PACTC, donde un equipo de 59 profesionales tan jóvenes -edad media de 22 años- como entusiastas que suman más de 1.300 años de experiencia en la industria del audio, se encarga de convertir en realizaciones tangibles una cultura cuyos pilares son la innovación, la precisión técnica y el compromiso a largo plazo con la excelencia sonora. Dos son las funciones del PACTC: “Hub” de conocimiento para desarrollo de productos y centro de control de calidad y validación en el que se supervisan las pruebas efectuadas no sólo en todos los productos de Onkyo sino también de sus “hermanadas” Klipsch e Integra, marca esta última que, pese a ser “hija” de la primera, he obviado en mi artículo como consecuencia de los cambios habidos en propiedad y orientación.

En la actualidad, la propuesta de Onkyo está formada por las electrónicas estereofónicas de sus gamas Icon, analizadas recientemente por Hifilive, y Muse, sus amplificadores para Cine en Casa de la gama RZ y sus cajas acústicas activas “conectadas” Creator. A ello hay que sumar, como fruto de las sinergias de empresa a las que antes he hecho referencia, el sistema de cajas acústicas modular Klipsch Flexus “Powered by Onkyo” y las cajas acústicas activas con Dirac Live y Dolby Atmos The Fives II, The Sevens II y The Nines II de la firma estadounidense.

Bien está lo que viene acaba

Los tiempos cambian, y en audio de alta calidad todavía más y más deprisa. Es en estas coordenadas que Onkyo afronta con dignidad y decisión un retorno cuyos primeros pasos son prometedores precisamente por lo reflexionado de su oferta. Lo pudimos ver en High End Vienna principios de junio y nos reconfortó. Así que ¡felices 80!

Importador: www.magnetron.es  

 

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