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High End Vienna 2026: ¡que todo cambie para que nada cambie!

Pese a lo manido de la frase, no se puede negar que, a la vista de lo que nos ha brindado el gran cónclave del audio de alta calidad europeo -y una de las citas obligadas a escala planetaria- durante los días 4 a 7 de junio de 2026 en el Austria Center Vienna, encaja a la perfección con un sector en el que siempre se ha mantenido un sólido equilibrio entre tradición e innovación, aunque a nivel de concepto siempre ha marcado la pauta la primera. El caso es que, después de más de 20 años -desde 2004 hasta 2025, con la salvedad de las ediciones de 2020 y 2021, canceladas por “cortesía” de la Covid-19- celebrándose en el espacio ferial M.O.C. de Múnich, nuestro querido certamen High End se ha trasladado unos cientos de kilómetros hacia el este, concretamente a “DC”, siglas de “Donau City”, alias “Ciudad del Danubio”, un moderno barrio situado, Wikipedia dixit, “En el distrito 22 de VienaDonaustadt, junto al Reichsbrücke y la orilla izquierda del Neue Donau, el nuevo canal del Danubio. La construcción del primer edificio de la zona, Andrómeda Tower, comenzó en 1996.” El motivo estricto del cambio no está claro, aunque, al parecer, tuvo que ver con desavenencias entre la entidad organizadora de la feria -la alemana High End Society- y los propietarios del antes mencionado M.O.C. Como les decía, y seguramente tienen claro la mayoría de nuestros lectores, es el del audio High End un sector muy conservador pese a la pasión por la tecnología punta que lo propulsa en buena medida, por lo que una ruptura tan radical no fue del agrado de más de una empresa veterana de evento, máxime con convocatorias cercanas en el espacio y el tiempo -me refiero al Audio Video Show de Varsovia- cuya proyección internacional no sólo está subiendo como la espuma en los últimos años sino que además implican unos costes sustancialmente menores para las empresas participantes. Apuntes “políticos” aparte, la realidad es que, en términos generales, el High End Vienna de 2026 estuvo más que bien pese a que obligó al personal -a todo el personal: expositores, visitantes profesionales, aficionados, prensa- a una adaptación en tiempo real que descuadró los planes a más de uno. Como cada año, en las líneas que siguen intentaré dar una visión global, y, por supuesto, personal en base a mi experiencia, sobre lo que nos brindó un encuentro que continúa siendo un regalo para quienes amamos la música reproducida a tamaño natural.

Nuevo espacio, muchas marcas, algunas ausencias, mismo concepto

Si echan un vistazo a la parte de la web de la antes citada High End Society dedicada al High End Vienna 2026 –https://www.highendsociety.de/high-end-44.html– se darán cuenta de que el formato es exactamente el mismo que el de su homóloga de Múnich, resaltándose en primera línea las habituales cifras clave, que en principio sólo son aproximadas, del evento: “500 expositores”, “1.000 marcas”, 30.000 m2 de espacio” y “580 periodistas”. Por el contrario, el nuevo espacio sí difiere de manera significativa del anterior. En principio, ni para bien ni para mal pese a ser más bonito y vistoso; sucede simplemente que todo el mundo le tenía cogida la medida al M.O.C. en todos los sentidos: disposición de pabellones, de salas de escucha… incluso de restaurantes. Cierto que los pasillos atiborrados de salas -una al lado y delante de la otra, como si de un hotel “low cost” se tratara- aportaban su punto de agobio cuando la afluencia de público era importante, pero, por otro lado, tal densidad comportaba una serie de “efectos colaterales” prácticos más positivos que negativos, siendo el primero de ellos la posibilidad de pulirse la feria es un par de días intensivos. Además, unas distancias tan cortas fomentaban la parte “social”, sin duda importantísima durante los días -los dos primeros- dedicados a profesionales y prensa: uno podía, por ejemplo, ir de un pabellón a otro o de una sala a otra en muy poco tiempo. Por el contrario, el primer día -incluso parte del segundo- de esta “premiere” vienesa del salón High End fue pródigo en asistentes -entre ellos un servidor de ustedes- que daban la impresión de, en palabras de un amigo, deambular por el Austria Center Vienna “como pollos sin cabeza”.

Aunque los austriacos sean diferentes de los alemanes, hay una lógica más o menos “cartesiana” en el nuevo espacio que se comprendía fácilmente si uno se tomaba la molestia de echar un vistazo al catálogo oficial de la feria y, a un nivel más intuitivo, las maquetas en 3D presentes en los puntos de información -en el M.O.C. casi no hacían falta, hasta el punto de haber los mínimos imprescindibles- distribuidos por las diferentes plantas del nuevo espacio vienés. En total, había 5 plantas, una subterránea (Level -2), la principal a pie de calle (Level 0), tres superiores (Level 1, 2 y 3), estando el elemento más “lioso”, al menos de entrada, en los espacios -pabellones- adyacentes a los niveles -2 (X1, X2 y X3) y 0 (X4 y X5). Sin embargo, insisto: en el catálogo de la feria todo esto está perfectamente explicado. En lo que respecta a las salas, hay que decir que se situaban mayoritariamente en los cinco “Level”, mientras que en los pabellones había una gran disparidad… desde “stands” de unos pocos metros cuadrados -accesorios, auriculares- hasta salas de escucha de quita y pon –“Sound Cabin”, igual que en Múnich- que, cuando estaban debidamente trabajadas, lograban unas condiciones de escucha sorprendentemente agradables. Pero también hay aspectos que en cierto modo podrían considerarse negativos: sin ir más lejos, en las cinco plantas Level había pequeños pasillos secundarios paralelos al gran pasillo principal que las circunvalaba dispuestos de tal manera que resultaba fácil pasarlos por alto. En términos generales, el nuevo espacio me pareció bastante interesante -¡y eso que el M.O.C. me gustaba mucho, que conste!- una vez tuve claro como “funcionaba”, a la vez que lo de tener que caminar bastante más para cubrir la totalidad del evento no se aplica a los aficionados que estuvieron en la feria por placer… que, obviamente, también tuvieron que hacer “ejercicio” extra para escuchar los equipos en demostración. En lo que sí este High End vienés me pareció claramente superior al muniqués fue en la parte dedicada a la prensa, es decir la “Press Room”: más espacio y mejor al tiempo que una ubicación idónea, concretamente justo a la izquierda una vez franqueada la entrada principal (Level 0).

Lo que les acabo de comentar hace que, a falta de disponer de las estadísticas oficiales sobre High End Vienna 2026, me resulte imposible realizar una estimación fiable sobre el número de asistentes que acudieron allí puesto que la gente se distribuía de una manera bien diferente, tanto que apenas hubo aglomeraciones. La excepción: las colas, y además en todas las sesiones programadas, para escuchar el “supersistema” del potente importador alemán Audio Reference y las presentaciones realizadas en el magnífico “PMC Studio Vienna”, este último montado expresamente para celebrar el 35º aniversario de la fundación de uno de los fabricantes de cajas acústicas -británico por más señas- más comprometidos con el universo del sonido profesional. Todo ello sin dejar de lado el angosto -bastante incómodo, la verdad- pero muy bien surtido “stand” de la alemana Sieveking Sound, tradicional paraíso -con precios elevados- de los irreductibles de la escucha musical con soporte físico que asisten al certamen High End. A este siempre entusiasta colectivo estaba destinado asimismo otra de las propuestas más musicales que pude escuchar este año: la selección de cintas de carrete abierto -en principio copias exactas de cintas master originales- de la italiana Hemiolia records, un auténtico festín para los oídos… sobre todo si se tiene especial predilección por los grandes clásicos del jazz. La escucha, vía preciosa e imponente máquina Studer en perfecto estado de revista y auriculares Hifiman y Palma, de párrafos escogidos de las “Cuatro Estaciones” de Vivaldi de la también italiana fonè records con Salvatore Accardo al violín me resultó absolutamente memorable. “Problema”: el muy elevado precio -varios cientos de euros la pieza- de las cintas en cuestión, amén de la limitada disponibilidad de repuestos y especialistas que conozcan a fondo un tipo de fuente en la que la mecánica de muy alta precisión está a la orden del día.

Una de las consecuencias del cambio de ubicación del evento al que está dedicado la presente crónica es que, por lo menos al principio, hubo varias marcas que optaron por “esperar y ver”, postponiendo por tanto su participación en Viena. Es el caso de, por decir algunas que me sé de memoria, las helvéticas Nagra y CH Precision o las dos del McIntosh Group, léase McIntosh y Sonus faber. Otras dos referencias en audio de altos vuelos, la británica Naim y la francesa Focal, redujeron la vistosidad de su presencia al exponer con su importador local y no con su empresa matriz. Por su parte, la danesa DALI no estuvo en el Austria Center Vienna, optando por una presentación sólo para profesionales en el cercano y exquisito Hotel Meliá Vienna a la que fuimos invitados. Otros “viejos conocidos” de Hifilive como son la británica KEF y la noruega Hegel eligieron asimismo concentrarse únicamente en sus distribuidores, aunque en este caso no se contemplaba la asistencia de la prensa especializada. En cuanto a las novedades, en realidad “regresos”, en términos de empresa, hay que apuntar que la más significativa fue la del trío formado por Bowers Wilkins, Denon y Marantz.

Fue también esta edición de 2026 pródiga en “cumpleaños” significativos, signo inequívoco de que la búsqueda del sonido perfecto también “engancha” -aunque no siempre con los resultados esperados- a nivel empresarial. Así, a los antes citados 35 años de PMC, habría que añadir los 50 de Arcam, los 60 de Bowers & Wilkins, los 80 de JBL, Klipsch y Onkyo y los nada menos que 100 de la alemana Elac. ¡Felicidades!

No puedo terminar esta primera parte de mi reseña sin mencionar dos noticias tristes relacionadas con el fallecimiento -en 2025- de otras tantas personas que han dedicado su vida profesional a la excelencia en audio: por un lado, Michel Reverchon, el visionario ingeniero que en 1980 adquirió la firma helvética Goldmund, y, por otro, Christen Nielsen, una de las mentes más brillantes de la danesa Ortofon. Tuve el placer de conocer personalmente a ambos, al tiempo que he de celebrar la profunda vinculación del segundo de ellos con nuestro país -idioma, cultura, gastronomía- y su extraordinaria calidez como persona. Para serles sincero, cuando entré en la espaciosa sala de Ortofon lo primero que hice fue preguntar por el Sr. Nielsen ya que cada año le traigo, coincidiendo con la feria High End, un ejemplar de la edición más reciente -se publica cada año- de mi catálogo de vinos favoritos, sin duda el mejor de su especialidad que hay en nuestro país y uno de los mejores que se pueden encontrar en todo el mundo. Pues bien: cuando la chica encargada de atender a los visitantes me dijo “He passed away last year” me quedé a cuadros. Al parecer le falló el corazón. ¡No somos nada!

Como siempre, muchos productos y equipos espectaculares con sonido superable

Quizá porque este año me empeñé en conocer lo más a fondo posible el nuevo espacio, mi oído estuvo más crítico a la hora de valorar la calidad sonora del montón de equipos que tuve la oportunidad de escuchar. De hecho, juraría que visité prácticamente todos los stands y salas del Austria Center Vienna, algunas de las cuales incluso “repetí” para atar algún que otro cabo suelto. La organización física de este High End me gustó, teniendo en cuenta mis anteriores puntualizaciones, precisamente porque todo estaba más relajado que en Múnich, aunque ya se sabe que en este mundo las hay para todos los gustos. Aún así, los espacios habitualmente concurridos en la capital bávara también lo estaban aquí. Por otro lado, hubo empresas, como por ejemplo el antes mencionado importador hamburgués Audio Reference, que multiplicaron visiblemente su ya sustancial presencia en Múnich. También se celebraron los habituales talleres -en la XPERTstage- protagonizados por miembros prominentes del ecosistema del audio High End, caso, por citar dos nombres bien conocidos por los “highenders” más veteranos, del estadounidense Michael Fremer y sus “Frontiers in Modern Groove Extraction” (traducción: avances en la lectura de vinilos) y el británico Paul Miller, Director Editorial de la venerable Hi-Fi News, que habló sobre “The Evolution of Hi-Fi Reviews” (un interesante debate sobre 70 años de análisis crítico de componentes de audio y de cómo “bloggers e influencers” están sustituyendo en algunos casos a periodistas especializados con varias décadas de experiencia sobre sus espaldas). 

¿Qué es lo que me gustó más? En lo visual, un montón de sistemas, claro, porque hay que reconocer que son muchas las marcas que se emplean a fondo para que la puesta en escena de sus propuestas deslumbre a los asistentes. El problema es que, año tras año, no sucede lo mismo con el sonido. ¿Qué es lo que más me gustó? De entrada, la “declinación” más reciente de la gama de referencia de Bowers & Wilkins, la Serie Diamond 800 D5, representada por la demostración de su buque insignia, la 801 D5, en compañía electrónicas de última generación de la estadounidense Mark Levinson -que, recordémoslo, también forma parte de la “Galaxia Harman”- utilizando como fuente el “superstreamer” -formado por tres bloques- Nazaré de Innuos. Calidez y resolución excelentes, graves “de libro de texto”; en definitiva, una caja acústica que representa a la perfección las seis décadas de búsqueda continuada de la excelencia que constituyen la razón de ser de la icónica firma británica. También me gustó mucho el sonido de las clásicas en su estética columnas LM2 de la española Lorenzo Audio, hermanas pequeñas de las celebradas LM1 -que han protagonizado las demostraciones de la marca en las ediciones del certamen High End 2022, 2023, 2024 y 2025- y conceptualmente muy similares/idénticas. Un cambio justificado por las características de la sala utilizada, al tiempo que muy meritorio porque los encargados de conducir las “demos” le sacaron el máximo jugo. Sin pretender extenderme, me limitaré a decir que las voces sonaban divinas. A destacar igualmente la madrileña Ars Sonum, cuya propuesta me gustó mucho por cortesía de la honestidad de sus electrónicas a válvulas atacando las imaginativas columnas Didascalìa, nuevo buque insignia de la italiana Diapason.

Monumental despliegue de productos de la legendaria marca de Provo, Utah, Wilson Audio, llevado a cabo por su importador alemán: de hecho, prácticamente todas las columnas, a excepción de un prototipo en exposición de la literalmente “Fuera de Parámetros” y novísima Autobiography, de su catálogo estaban allí. La parte del león se la llevó la demostración, en una generosa sala dedicada, de un conjunto protagonizado por las preciosas Chronosonic XVX contundentemente respaldadas por sendos subwoofers pasivos Subsonic, a su vez atacados por lo más granado de D’Agostino Master Audio Systems en preamplificación y amplificación de potencia, con fuentes a cargo de VPI en analógico y dCS en digital. Como siempre, la pauta la marcaron las piezas elegidas para las distintas demos, siendo la que me más me gustó un tema de rock duro extraído de la -creo- tercera entrega de Iron Man. Otro equipo que me gustó bastante fue el propuesto por el fabricante de cajas acústicas holandés Kharma en compañía de amplificación -cuatro bloques monofónicos Telos 8800 para ser exactos- de la suiza Goldmund. Digo “bastante” porque tengo muy claro que el sistema podía dar para más. También el generoso espacio de la compañía fundada por el recientemente desaparecido Michel Reverchon me pareció espléndido, amén de un dechado de buen gusto por el elegante recorrido -con una buena dosis de nostalgia en lo que a mí se refiere- a través de los diferentes puntos de inflexión -conceptos, tecnología, productos- que han marcado su historia. En lo que a “demos” se refiere, estuvieron protagonizadas por las soberbias cajas acústicas activas modulares Gaia, con “software” musical a cargo de DJ’s e “influencers” de renombre, entre ellos la argentina Soledad Rodríguez Zubieta, alias SRC. Todo muy metafísico, en línea con el argumentario de Goldmund, aunque a la hora de la verdad ya se sabe que para evaluar un equipo con el máximo rigor no hay nada como escuchar lo que uno conoce de verdad. En cualquier caso, una buena idea. Estaban luego esas imponentes salas con producto alemán/centroeuropeo de muy altos vuelos que rezumaban perfeccionismo técnico y opulencia estética pero carecían en mayor o menor grado de la musicalidad exigible a la vista de su precio: MBL, T+A, Gauder Akustik, Göbel High End, Soulution, Einstein, Avantgarde Acoustic y un larguísimo etcétera. También habría que apuntar la excesiva aspereza de las nuevas referencias absolutas de JBL -Everest y K2, ambas integradas en su gama Summit- bien porque carecían de rodaje, bien por falta de sinergia con la electrónica de ataque. Otras dos marcas especializadas en cajas acústicas que este año brillaron, en mi opinión, menos que en otras ocasiones fueron la sueca Marten y la alemana Kaiser Acoustics, con las columnas Kawero! de la segunda perceptiblemente descompensadas a nivel tímbrico por un tweeter excesivamente agresivo. Tampoco la estadounidense Perlisten rindió a todo su potencial, en este caso como consecuencia de una sala poco “amable”, mientras que la ya centenaria firma japonesa Luxman corroboró una vez más que la reconocida musicalidad de sus electrónicas está fuertemente condicionada por la sinergia con las cajas acústicas asociadas. En fin, nada nuevo bajo el sol. 

Llegados a este punto, “tocaría” empezar con la enumeración interminable de nombres, algo que me ahorraré por respeto hacia ustedes. No obstante, me gustaría resaltar las puestas en escena de marcas como Klipsch -con un “container” en la entrada del Austria Center Vienna para demostrar las singularísimas pantallas Ojas kO-R1 de la mano de su “inspirador”, el carismático Devon Turnbull- y Pro-Ject Audio Systems, esta última dividida entre dos espacios. El primero servía para mostrar tanto sus giradiscos y sus electrónicas como las propuestas de las marcas integradas en el mismo grupo, entre ellas Musical Fidelity y J.C. Verdier (giradiscos), mientras que en el segundo se demostraban varias configuraciones de diferentes niveles de precio. Excelentes asimismo la Compass Collection de la canadiense MOON, las nuevas cajas acústicas “conectadas” de Cambridge Audio y Yamaha, los “stands” de esta última y de las también japonesas Technics (con presentaciones privadas de producto a “deales” y prensa especializada), Audio-Technica, la muy “cool” puesta en escena de Dynaudio, la prodigiosa relación calidad/precio de lo último de NAD, el refinamiento de la barra de sonido Vega de DALI -marca que, como apuntaba en líneas anteriores, presentó sus productos a puerta cerrada fuera del Austria Center Vienna- o los fabulosos -con precio en consonancia- auriculares Arta de la rumana Meze, sin ninguna destinados a formar parte de la “élite de la élite” de su categoría. En un segmento más “terrenal” dentro del universo del audio portátil, había que situar a lo último de marcas como Austrian Audio o iFi Audio y, a modo de corolario, la jovencísima Palma, creadora de los primeros auriculares circumaurales convertibles abierto/cerrado del mundo, los DHS-1, que aprovechó la cita vienesa para darse a conocer -un bautismo de fuego en toda regla- en sociedad, y, en paralelo, presentar su segundo modelo, de nombre DHS-10 y basado en la misma tecnología que su hermano mayor aunque con sutiles modificaciones en su ingeniería -al tiempo que disponibles en 7 colores identificados con títulos emblemáticos de la música de todos los tiempos- que permiten ponerlos al alcance de un mayor número de usuarios.

Cierro mi crónica informal con un apunte sobre las fuentes utilizadas para realizar las pruebas en este High End Vienna 2026: el claro retroceso del vinilo por motivos de comodidad, cosa que entiendo cuando hay que estar atendiendo demostraciones durante un total de 30 horas. De ahí que en el Austria Center Vienna se vieran menos giradiscos en funcionamiento que en Múnich, lo que implica en absoluto que la afición por el vinilo se haya deshinchado. Por su parte, los cables de inspiración audiófila (magnífica la sala de la estadounidense AudioQuest), las válvulas de vacío, las bases aislantes, las cápsulas exquisitas, los componentes eléctricos y electrónicos de élite y los filtros/estabilizadores de red mantuvieron su presencia.

A modo de conclusión

No ha estado nada mal esta primera edición del certamen High End celebrada en Viena. Hay aristas que pulir, y, como he ido comentando a lo largo del artículo, he oído opiniones para todos los gustos referentes a la acústica de las salas, el número de éstas disponibles o su disposición. Ya para finalizar, me gustaría compartir con ustedes, a título anecdótico si quieren un comentario que me hizo Marcon Cicogna, un prestigioso periodista en audio High End italiano, al tiempo que amante devoto de la música, que fue contratado para “conducir” algunas demostraciones. Pues bien: me dijo cuando terminaba cada sesión preguntó a los asistentes -aficionados, no profesionales- dónde procedían y se sorprendió cuando vio que no había prácticamente ninguno del país anfitrión de la feria, siendo la mayoría de ellos alemanes, italianos y de países de Europa Oriental. Por lo demás, la presencia de público no impidió que muchos realizáramos de nuevo una reflexión convertida ya en un clásico: la renovación generacional imprescindible para que la pasión por el sonido con mayúsculas no vuelva a convertirse en una especie de coto privado para “frikis” varios.

 

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