
Auriculares intraaurales Meze Audio Astru: una maravilla, así de claro
Presentados en sociedad a principios del pasado mes de marzo durante la edición neoyorquina del certamen especializado en auriculares CanJam, los protagonistas del presente banco de pruebas merecen sobradamente su condición de “Monitores Intraaurales”, alias IEM, por muy pretencioso que así de entrada pueda parecer tal término. Y es que, en efecto, los Meze Audio Astru, que así se llaman nuestros invitados, son unos auriculares intraaurales que van mucho más allá de lo que ofrecen el grueso de realizaciones encuadradas en una categoría de producto que abarca desde las baratijas de plástico con que nos obsequian en prácticamente cualquier tren de alta velocidad hasta diseños que no sólo compiten, sino que en algunos casos incluso superan, con sus homólogos de sobremesa a la manera clásica. De ahí que la palabra “monitor” tenga, en el caso que nos ocupa, todo el sentido del mundo porque recalca la condición “superior”, y además, como veremos a continuación, a todos los niveles, de una propuesta claramente orientada a marcar la diferencia a la hora de escuchar música en la intimidad, y además tanto en espacios interiores como en movimiento. En paralelo, los Astru corroboran con una autoridad incuestionable la condición de la rumana Meze Audio como uno de los nombres más sobresalientes -en tecnología, diseño e imagen de marca, lo que no es poco- del que desde hace una buena década es uno de los segmentos más competitivos -y, en el momento de escribir estas líneas, todavía en crecimiento- del mercado del audio de alta calidad como consecuencia de la popularización de la “Hi-Res” digital propulsada por Internet.

Precisión tonal, dinámica, espacialidad, decibelios y “no fatiga” en auriculares intraaurales: un equilibrio sólo al alcance de los mejores
No he sido nunca hombre de auriculares intraaurales por motivos varios: no hago “footing/running”, por ejemplo, y, cuando hago deporte, siempre al aire libre y, a ser posible, poco disciplinado, estoy por lo que tengo que estar, léase pendiente de no pegarme un tortazo. Por otro lado, cuando viajo tampoco suelo escuchar música, entre otras cosas porque me distraigo; prefiero, para entendernos, hacer otra cosa, leer sin ir más lejos. La realidad es que cuando escucho música lo hago en casa -bueno, desde hace algo más de un año también en el coche, aunque sólo de noche- a la manera tradicional, es decir con cajas acústicas, y de vez en cuanto, con auriculares también de corte tradicional (Stax Lambda Signature con su alimentador a válvulas, Palma DHS-1… según proceda). Pero, por encima de todo, para mí la música es tan trascendental que soy incapaz de hacer otra cosa al mismo tiempo. Ya saben: para gustos, colores. ¿Por qué les acabo de soltar este pequeño culebrón personal? Pues, como digo casi siempre, para situar el texto en su contexto, un contexto que en el caso que nos ocupa no es otro que la respuesta a la siguiente pregunta: ¿cabe hablar de sonido High End “full”, sin castraciones, cuando nos movemos en la condición de escucha más íntima de todas, es decir utilizando auriculares intraaurales (“in-ear”)? Porque no viene de más recordar que la inyección directa, a veces en cantidades no recomendables, de presión acústica en el interior del oído está reñida con el concepto de reproducción en Alta Fidelidad.

La respuesta a la anterior pregunta me la resolvieron afirmativamente, y además de manera concluyente, un par de sesiones de escucha con dos modelos de concepción “clásica” léase “cableados”: la primera, en el certamen Munich High End cuando -de esto hará unos diez años- la japonesa Final me permitió escuchar una maravilla de la ingeniería -una joya, literalmente- con cascos metálicos construidos mediante una técnica de impresión láser que en aquel entonces sólo estaba disponible en Japón, y la segunda en Madrid hace poco más de cuatro años, concretamente durante la espléndida -aunque no tuvo continuidad- feria de auriculares, audio portátil y DAC’s Soundfest 2022, donde “descubrí” los magníficos IE 900 de la alemana Sennheiser. Lo de “descubrí” tiene su explicación, ya que, aun tratándose de unos auriculares de precio sustancialmente inferior -más de 1.100 euros, cifra que se mantiene en la actualidad- al de los Final, sonaban igual o mejor que muchos de sus homólogos circumaurales de precio superior. Para serles sincero, los IE 900 me dejaron atónito por la frescura y la naturalidad de su sonido en tímbrica, dinámica y ¡atención! credibilidad de la presentación espacial, cualidad esta última que los hacía sumamente confortables hasta el punto que si a esta particular ecuación añadimos el reducidísimo peso de los cascos daba la sensación de que la música “flotaba”, y además en un espacio sensiblemente mayor que el perímetro de nuestra cabeza. Desde entonces, no ha habido ninguna realización equivalente que me haya llamado la atención hasta que hace un par de semanas llegaron a mis manos los novísimos Astru de la rumana Meze, dignos competidores de los soberbios alemanes y que protagonizan este banco de pruebas.

Un alarde de sofisticación técnica y buen gusto
Meze no necesita presentación, y menos aún en Hifilive, donde ya hemos probado varios modelos -empezando por los sensacionales Elite, equipados con transductores isodinámicos hechos a medida y que, en mi opinión, continúan figurando en la cúspide de los auriculares High End- de la marca integrados en segmentos de precio cuya clara diferenciación corrobora la versatilidad de una marca que además ha creado un marketing exquisito para potenciar su imagen en, vuelvo a lo que decía en líneas anteriores, un mercado ultracompetitivo. Ya el simple desembalaje de los Astru es toda una declaración de intenciones de lo que estos “Monitores Intraaurales” quieren transmitir: caja de cartón de irreprochable factura por fuera y de imaginativa organización por dentro, con los auriculares propiamente dichos y el magnífico cable con conector balanceado de 4’4 mm que los acompaña bellamente dispuestos en una especie de “expositor” de cartón fino que permite verlos parcialmente. Justo encima tenemos cinco juegos de tapones de lo que se conoce como “silicona líquida” concebidos para que se integren a la perfección con todo tipo de canales auditivos al tiempo que su diseño está vinculado al de la arquitectura acústica del conjunto. Debajo del antes citado “expositor” encontramos un elegante estuche duro con cierre por cremallera para los Astru que es complementado por una bolsa de piel y un adaptador de clavija de 4’4 mm a clavija estándar de 3’5 mm con estética a juego con la del cable de conexión. En definitiva, una “experiencia de desembalaje” magnífica incluso teniendo en cuenta lo cuidado que está este aspecto en productos de todo tipo y precio.

Pero lo realmente alucinante de los Meze es la tecnología que los ha hecho posible, que en algunos aspectos diríase que propia de una película de ciencia ficción. Por ejemplo, el cable de conexión está formado por dos hebras con 161 conductores de cobre LC-OFC individuales (“Linear Crystal Oxygen-Free Copper”) revestidos de plata en cada una y terminado en una funda de plástico (PVC) SoftFlex. Incluso el conector está bañado en oro, mientras que las carcasas de aluminio con mecanizado de precisión del cable aportan no sólo belleza física sino el combinado de baja resistencia, preservación de la integridad de la señal, compatibilidad con todo tipo de fuentes High End portátiles y durabilidad a largo plazo. Peor lo más alucinante de los Astru es su transductor, materializado en una cúpula formada por un recubrimiento exterior de oro aplicado en ¡80! capas ultrafinas mediante pulverización catódica con magnetrón de corriente continua al vacío, en un proceso de 48 horas, seguido de una capa de titanio unida a una base de PEEK (un polímero termoplástico orgánico que se emplea en impresión 3D). En definitiva, una arquitectura multicapa, que, en palabras de Meze, “procura unos agudos más suaves, una mayor extensión de la respuesta en frecuencia y una respuesta a los transitorios más natural.” Esta sofisticación en el crítico componente encargado de reproducir el sonido tiene su debida correspondencia en el ámbito acústico, plasmada en un viento -puerto- de diminutas dimensiones situado en la zona posterior de cada casco y cuyo cometido es ecualizar la presión del aire entre la cavidad posterior del transductor y el exterior. Una solución altamente efectiva por partida doble: en primer lugar, para garantizar unos graves profundos, generosos y controlados, y, en segundo lugar, para aliviar de manera continuada la presión del aire presente en el canal auditivo a fin de minimizar la fatiga auditiva y por lo tanto preservar la confortabilidad de la escucha en sesiones de larga duración (un viaje largo, por ejemplo).

La guinda de nuestros invitados la pone otro elemento que demuestra el altísimo nivel de excelencia tecnológica alcanzado por Meze: unos casos extremadamente ligeros y rígidos a partes iguales construidos a partir del mecanizado de precisión de un único bloque de titanio que a continuación es refinado mediante un proceso de galvanoplastia en varias etapas con el objetivo de dotarlos de un suave acabado satén. Pues bien: crear dos de estos cascos requiere nada menos que 7 días de trabajo, todo ello teniendo en cuenta que, de nuevo, la forma debe estar el servicio de la función, lo que significa que la geometría de los casos en cuestión está ideada para que se adapte con la máxima precisión- a los contornos naturales de la oreja.

Sonido cálido, rico, transparente y de una elegancia supina
Escuché los Astru con un reproductor portátil Astell&Kern A&futura SE180 que me prestó un buen amigo, y, ya puestos, con mi lector digital multiformato OPPO BDP-105D. Con mi amigo compartimos gustos musicales, por lo que en las grabaciones “Hi-Res” -algunas de ellas descargadas, pagando, de Qobuz- del Astell&Kern había un montón de Pink Floyd, Supertamp, Dire Straits y Kraftwerk, mientras que para la música clásica y el jazz utilicé títulos varios en CD y SACD de mi biblioteca discográfica particular. Lo primero que les diré es que los Meze son increíblemente cómodos, casi “etéreos”, como afirman sus creadores, por cortesía del “mix” de ergonomía de los cascos, suavidad de los tapones y disposición del cable. Si a ello añadimos su bajísimo peso, la sensación de llevarlos puestos es casi inexistente.

Pero lo importante de nuestros invitados radica en la calidez extrema de su sonido, muy en línea de la de los antes mencionados IE 900. No es mi estilo realizar comparaciones de este tipo, pero al haber escuchado relativamente pocos auriculares intraaurales High End, recuerdo perfectamente lo que en un momento dado me impactaron de ellos. Pues bien: los Astru son cálidos, pero también opulentos, musculosos. Escuchen si no el fastuoso “Autobahn” de los Kraftwerk y sus mágicos, casi embriagantes, graves. O la siempre seductora zona alta de otra obra de arte del rock: el “The Dark Side of The Moon” de Pink Floyd. La resolución y la transparencia -y por tanto la capacidad de discriminación de voces e instrumentos- son sensacionales, al tiempo que la dinámica se expresa con un realismo propio de los mejores diseños circumaurales de sobremesa. En el ámbito puramente tonal, me atrevería a decir que hay un ligerísimo realce de la frecuencias altas motivado, en mi opinión, por el hecho de que nuestros invitados fueron desprecintados por un servidor y por tanto necesitan unas cuantas horas de rodaje. Por el contrario, la espacialidad me ha parecido fantástica desde el primer momento, hasta el punto de contribuir en grado sumo a la confortabilidad de escucha.

Para concluir
¿Son los Astru, como afirma Meze, “Más que unos monitores intraaurales, toda una declaración de estilo: fabricados íntegramente en titanio y con un sonido visceral a partir de un único transductor electrodinámico. Simplicidad elevada al máximo nivel de prestaciones.? Pues sí: 100% High End y con una relación calidad/precio estratosférica.
Ficha Técnica
- Configuración: auriculares intraaurales con cascos cerrados por su zona posterior y conexión por cable balanceada.
- Transductor utilizado: electrodinámico de 10 mm de diámetro.
- Respuesta en frecuencia: 5-35.000 Hz.
- Impedancia: 32 ohmios
- Sensibilidad: 111 dB/mW a 1 kHz.
- Peso: 13’4 g cada casco.
- Precio de venta al público recomendado: 899 euros
- Importador: www.decineaudiovideo.com





















