
Amplificador integrado estereofónico NAD C 3030: un auténtico y genuino “clásico moderno” para todos los bolsillos
El presente análisis está dedicado a un producto muy especial por cuanto se puede considerar un desciende directo del que, hasta donde llega mi memoria, fue el primer amplificador integrado disponible en nuestro país englobado dentro de lo que con el paso de los años se conocería como “High End asequible”: el mítico 3020 de la entonces británica y hoy canadiense NAD, siglas de “New Acoustic Dimension”. Una creación que vio la luz en 1978 y cuya extremadamente austera estética escondía una concepción enfocada más en términos musicales que para batir esos récords en mediciones de laboratorio tan al gusto del grueso de firmas “mainstream” -japonesas en su mayoría, pero también con algunos nombres estadounidenses y europeos- que dominaban el mercado de la electrónica de consumo hace casi medio siglo. La guinda era un precio absolutamente rompedor por cortesía de una práctica entonces incipiente y que con el tiempo se generalizó: la fabricación en Extremo Oriente. He citado el 3020 porque es el modelo que figura en el imaginario de no pocos entusiastas de la Alta Fidelidad con mayúsculas a precio de saldo, pero lo cierto es que el producto que protagoniza este banco de pruebas fue comercializado un par de años antes, es decir en 1976: su nombre era 3030 y también era un amplificador integrado estereofónico. ¿La diferencia? Una estética mucho más elegante y vistosa -el paso del tiempo certifica, en grandísima parte por la personalidad que le conferían los dos indicadores de nivel analógicos que presidían su panel frontal, el uso de la palabra atemporal- y una potencia de salida y un precio algo superior. Exactamente 50 años después, la prestigiosa compañía fundada en Londres en 1972 por un grupo de ingenieros y distribuidores de componentes de audio con el objetivo de ofrecer «Truth in power» celebra ese producto mítico en la forma del C 3030, una distinguida -y ¡cómo no! muy asequible- realización que complementa una identidad visual prácticamente idéntica a la de su predecesor con una sección de amplificación totalmente renovada y una conectividad con sutiles guiños a los tiempos que corren. Todo ello, por supuesto, sin renunciar a ese espíritu de musicalidad asequible que constituye la esencia de NAD.

El tránsito a la “alta eficiencia” de un adalid de la amplificación tradicional
Si repasamos de manera exhaustiva la trayectoria de NAD, hay un tema que da que pensar: ¿por qué una marca cuyo prestigio está cimentado en la musicalidad de sus etapas de amplificación “clásicas” ha ido apostando paulatinamente por la incorporación a las mismas de elementos propios de la Clase D? La pregunta tiene su intríngulis, puesto que si las realizaciones comercializadas por la marca durante sus primeras décadas de existencia no hubieran tenido éxito, el cambio, salto hacia adelante si quieren, en cuestión se entendería perfectamente, máxima cuando empresas que en su momento pasaron de la Clase AB, por ejemplo, a la Clase D, tuvieron que dar marcha atrás en su decisión porque el supuesto progreso técnico aportado por la segunda no compensó la calidad sonora de la primera. Además, en el caso de NAD hay otro elemento fundamental a considerar por su condición de pionera -y, como el tiempo ha demostrado, también visionaria- al respecto: la obsesión de la marca por dar información estricta sobre la potencia continua con todos los canales excitados acompañada por su equivalente en régimen dinámico… ¡y además incluso son cargas de 2 ohmios, algo sin precedentes -al menos en su momento- si consideramos que estamos hablando de amplificadores integrados de precio decididamente democrático.

Resumiendo lo que acabo de decir: ¿por qué una compañía que demostró con brillantez su capacidad para saber marcar la diferencia con sus amplificadores diseñados a la manera tradicional, es decir con fuentes de alimentación lineales, dio el salto a la amplificación conmutada, léase Clase D con sus distintas variantes? Para encontrar la respuesta, hay que retroceder al ya lejano 2009, año que vio la presentación en sociedad -en el certamen Munich High End para ser exactos- una fastuosa y rompedora electrónica -perteneciente a la gama de referencia de NAD, la soberbia Masters Series- que lo cambió todo: el amplificador integrado estereofónico M2, bautizado “oficialmente” como “Masters Series M2 Direct Digital Amplifier”. Hace exactamente 16 años estudié a fondo la electrónica en cuestión, siendo mi conclusión la siguiente: “El M2 es una especie de convertidor D/A con una etapa de ganancia conectada a la salida del mismo. A partir de ahí, nos encontramos con un NAD de pura cepa y por tanto con soluciones bien conocidas de la marca aunque adaptadas a las particulares características de este singular producto: tecnología “PowerDrive” (que ha podido trasladarse al ámbito digital gracias a las particular arquitectura de la DDFA) para maximizar la capacidad dinámica con cajas “difíciles” sin aumentar la distorsión, el ya legendario sistema de recorte suave de los picos de señal “Soft Clipping”, un bucle de entrada/salida para la conexión de una electrónica de procesado (PC incluido) y una extensa conectividad (analógica, digital y de control). Todo ello sin olvidar un esquema de conversión A/D de muy alta resolución para las señales analógicas entrantes. Esperamos poder completar en breve esta reseña con una prueba de escucha que certifique la excepcional singularidad del M2 (reconocida ya por la publicación estadounidense Stereophile en su número de marzo de 2010).” Dicho y hecho: el M2 certificó poseer una musicalidad fuera de lo común para una realización de su clase y puso los fundamentos para conceptos y tecnologías que vendrían después, entre ellos los que han hecho posible el producto que protagoniza este banco de pruebas.

C 3030: una preciosidad de lo más deseable
Apuntando “con lápiz” que a mí me hubiera gustado que nuestro invitado estuviese complementado por el recinto de madera que tanta distinción otorgaba a su ancestro de 1976, debo decir que en NAD se han esmerado para que la puesta al día, 50 años después, del mismo posea la debida pompa. Y es que la reencarnación del icónico 3030 en la forma del C 3030 -hay una versión del mismo con streamer integrado llamada C 3030 BLUOS- gusta desde el mismo instante que lo sacamos de su impolutamente organizado embalaje. De hecho, algo tan simple como la apariencia visual del mando a distancia -de auténtico lujo para un aparato tan asequible- que compaña a nuestro invitado deja entrever que estamos ante un producto que no sólo tiene algo que aportar, sino también que “significar”. Como pueden ver, entre las fotografías adjuntas y la tradicional ficha técnica de nuestro invitado que figura al final del artículo es fácil concluir que el C 3030 es una realización de vocación eminentemente tradicionalista que responde a los cánones de la gama a la que pertenece, la Serie Classic, unos cánones poderosamente reforzados por los dos preciosos vúmetros que presiden la mitad superior izquierda del panel frontal. Hay, eso sí, un par de concesiones, que me atrevería a decir mínimas, a la modernidad por aquello de que nunca se sabe, aunque personalmente yo las habría omitido: la conectividad inalámbrica por Bluetooth y una sección DAC. En el primer caso, el uso de la versión 5.0 permite la reproducción de contenidos de resolución más que decente gracias a la compatibilidad con la codificación aptX HD, mientras que en el segundo, la presencia de un convertidor D/A de alta calidad formado por la estadounidense Texas Instruments/Burr-Brown, concretamente el PCM5242, garantiza que los contenidos digitales presentes en las entradas TosLink y/o HDMI eARC exhiban un realismo sonoro acorde con las exigencias propias de una escucha en Alta Fidelidad digna de tal nombre.

Muy bien construido, aseveración que es confirmada primero por la precisión de los mecanizados -los 9 tornillos en estrella, distribuidos en 4 grandes y 5 pequeños, que hay que quitar para acceder al interior del aparato encajan a la perfección cuando los volvemos a colocar- y a continuación por la impoluta disposición de los diferentes bloques funcionales, el NAD llama asimismo la atención por sus compactas dimensiones, un aspecto que suele importar poco a los aficionados más puristas pero que sin duda será del agrado de quienes deseen introducirse en el universo de la reproducción musical de alto nivel. Penetrando ya en las intimidades del C 3030, lo más sobresaliente, amén de, insisto, la pulcritud de su ejecución, es el empleo de la tecnología de amplificación híbrida “Hybrid Digital UcD (Universal Class D)” de NAD, basada en módulos de origen Hypex caracterizados por su elevada eficiencia y su baja distorsión que han sido configurados para entregar unos registros de potencia que cabría calificar de muy notables en régimen continuo y de espectaculares -hasta 2×390 W sobre 2 ohmios- en régimen dinámico. En lo que concierne a la conectividad clásica, nos encontramos, de nuevo, con el mínimo imprescindible, aunque sin olvidar la correspondiente al cada vez más valorado lector de vinilos (con compatibilidad restringida a las cápsulas de imán móvil). Del C 3030 hay que apuntar asimismo la presencia, en su panel posterior, de un oportuno conmutador que permite gestionar la integración de un posible subwoofer mediante el filtrado de la señal de audio a fin de que el mismo reproduzca únicamente las frecuencias situadas por debajo de 80 Hz y configurar con el debido rigor un equipo 2.1.


La escucha: definición y agilidad sobresalientes
Probé el C 3030 en compañía de la versión más reciente -¡flipante en relación calidad/precio!- del reproductor de música en red NODE de Bluesound, marca englobada en el mismo grupo empresarial que NAD, y una pareja de cajas acústicas de estantería montadas sobre soportes de suelo Menuet SE de la danesa DALI, todo ello con cableado -interconexión y cajas- a cargo de Wireworld. Si me permiten el apunte, les diré asimismo que prefiero la opción ampli+streamer en elementos separados que unificada, aunque en este caso concreto hay que decir que al ser la totalidad de la versión unificada en cuestión, alias C 3030 BLUOS, “Made in Lenbrook” el mantenimiento de la calidad está asegurado. En lo que respecta a la conexión a redes, opté por la Wi-Fi -más que nada por comodidad- mientras la gestión la repartí a partes iguales entre el propio NAD -control de agudos y graves- y la más que contrastada BluOS Controller App, que además ya tenía instalada desde que probé el Bluesound ICON. Para serles sincero, tenía curiosidad por ver cómo se las arreglaba el “pequeño” NAD con unos monitores de baja sensibilidad -86 dB/W/m- en una sala de dimensiones estándar y he de reconocer que, desde luego, “mala leche” no le falta. La escala de los vúmetros tiene una “zona crítica” que abarca desde 50 hasta 100 vatios, y la verdad es que hay que meterle bastante caña a nuestro amigo para que permanezcan en la misma durante un intervalo de tiempo consistente. Por cierto: cuando el C 3030 sale de standby, los vúmetros del panel frontal se sitúan en una casi intimidatoria retroiluminación roja, mientras que al cabo de unos 10 segundos pasan a un verde suave para indicar que el aparato ya está plenamente operativo.


Escuché -la versatilidad del streaming para efectuar pruebas de aparatos es imbatible- un montón de temas musicales firmados por nombres legendarios empezando por el sensacional “Autobahn” de los alemanes Kraftwerk y terminando por el “Preludio del Acto III” de la wagneriana “Lohengrin”, pasando por Alan Parsons, Orbital, Rosalía, Pink Floyd, Miles Davis, Chopin, Kenichi Tsunoda, Johann Strauss -el para mí insuperable “Concierto de Año Nuevo de 1987” es un referente en voces e instrumentos- y Heinichen. En resumen, poco más de una hora de música con mayúsculas que me permitieron determinar la que considero la cualidad más relevante de nuestro invitado: la definición/transparencia y la rapidez de respuesta/agilidad, propiedades ambas que van como anillo al dedo a la “Hi-Res” de última generación, aunque también al CD/SACD -que por regla general suenan mejor que el grueso de reproducciones por streaming- y que denotan el rigor con que los ingenieros de NAD han puesto al día su venerado 3030. Quizá la profundidad del grave -obviando las lógicas limitaciones al respecto de los muy compactos monitores empleados- no es tan contundente como en las electrónicas equipadas con fuentes de alimentación lineales, pero no me cabe la menor duda de que la precisión tonal de la zona baja del espectro en ejemplar, lo que por otro lado ayuda en la restitución de no pocas grabaciones contemporáneas “sobrecargadas” al respecto. Antes de finalizar, me gustaría efectuar un apunte muy revelador sobre la definición del C 3030: en el primer tema de los “Concerti Grandi” de Heinichen -streaming vía Qobuz de una impecable grabación de Archiv Produktion- hay un clavicémbalo en segundo plano que se identifica fácilmente mientras que con otras electrónicas queda emborronado. Ahí lo dejo.

En síntesis
Dejando aparte la ausencia de un mueble “embellecedor” en línea con lo que era la norma en las electrónicas “Hi-Fi” de las décadas de los 70’ y 80’ del siglo pasado, es de justicia reconocer que el NAD C 3030 es un producto muy trabajado en todas sus facetas que además ofrece casi a modo de “propina” un par de funcionalidades digitales impecablemente resueltas. La transparencia está a la orden del día, al tiempo que la capacidad dinámica conecta con la mejor tradición de NAD y el precio es, a tenor de lo que se nos ofrece, difícil de batir. Un regalo para la vista y los oídos con el atractivo emocional extra de lo vintage, en este caso respaldado por una herencia única.
Ficha Técnica
- Configuración: amplificador integrado estereofónico con DAC y Bluetooth.
- Potencia de salida continua: 2×50 W sobre 8 ohmios y 4 ohmios, entre 20 y 20.000 Hz y con los dos canales excitados.
- Potencia de salida máxima en régimen dinámico (norma IHF): 2×120 W sobre 8 ohmios, 2×250 W sobre 4 ohmios y 2×390 W sobre 2 ohmios.
- Respuesta en frecuencia: 20-20.000 Hz, +/-0’3 dB en Línea, en Fono (MM) y en la salida de auriculares.
- Sensibilidad/Impedancia de entrada: 100 mV/28 kohmios en Línea y 1’6 mV/46 kohmios en Fono (MM).
- Relación señal/ruido: mayor que 90 dB en Línea y en la salida de auriculares y mayor que 82 dB en Fono (MM).
- Entradas de audio analógicas: 1 de Línea y 1 de Fono (MM) con conectores RCA.
- Entradas digitales de audio: 1 óptica TosLink y 1 HDMI con eARC.
- Conectividad Bluetooth: 5.0 (compatible aptX HD).
- Salidas de audio: 1 analógica con conector RCA para subwoofer y 1 de auriculares para clavija de 6’35 mm.
- Dimensiones: 356x129x329 mm (An x Al x P).
- Peso: 5’8 kg.
- Precio de venta al público recomendado: 999 euros.
- Importador: www.sound-pixel.com























