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Walking on the Moon

Canadá es el segundo país más grande del planeta con casi diez millones de kilómetros cuadrados. Su naturaleza lo convierte en un santuario ecológico. Con algo más de 36 millones de habitantes es uno de los países con mayor índice de desarrollo humano del mundo. Sus recursos naturales son explotados con sostenibilidad siendo de los pocos países desarrollados que exporta energía. Su inversión en I + D + I cercana al 2% lo sitúa como una potencia mundial. En el plano social Canadá es cosmopolita e integrador. Culturalmente tiene, por ejemplo, una de las industrias del videojuego más potentes del mundo, que mueve más de 3.700 millones de dólares al año y da trabajo a casi 22.000 personas. Pero no todo son halagos a este vasto país norteamericano, ya que también son culpables de traer al mundo y con sus cuerdas vocales íntegras a fatídicas criaturas como Brian Adams, Alanis Morissette y Celine Dion.

 

Por suerte todo Yin tiene su Yang y Canadá nos compensa con una amplia industria dedicada a la alta fidelidad con marcas como Classé, Bryston o la que nos ocupa: Moon. La empresa Simaudio, con sede en Boucherville, lleva desde 1980 fabricando un extenso catálogo de electrónicas comercializadas bajo su marca Moon. Así podemos encontrar desde etapas de potencia monofónicas que brindan unos fabulosos 800 vatios a 8 ohmios, pasando por previos y DACs e incluso soluciones todo en uno con multitud de configuraciones y para todo tipo de presupuestos. Aunque cuentan con previos de fono en su catálogo, el grueso de su producción lo enfocan hacia el sonido digital. La firma apuesta por integrar hardware y software en sistemas de sonido avanzados que cuentan con soluciones inalámbricas lossless y permiten el consumo de contenidos musicales de plataformas online como Tidal, Deezer, etc. Tanto sus aparatos flagship como sus realizaciones más básicas todas cuentan con un diseño homogéneo y coherente y con una formidable garantía de diez años.

El integrado de entrada de Simaudio, el Moon 240i Neo hereda por tanto las señas de identidad del ecosistema de la marca y consigue acumular un buen número de prestaciones en un diseño realmente compacto, con el frontal y chasis característico de la serie. Perfectamente embalado, sin ningún exceso superfluo pero con estilo y con un manual cuidadosamente impreso, se aloja entre dos esponjas en una caja no muy exagerada. Nada más sacarlo de la misma ya constatamos que tenemos entre manos algo más que una bonita y estilizada carcasa. Se percibe ligero a la vista pero pesado al tacto. La primera pista de su peso la encontramos al mirar a través de la tapa superior del integrado donde por sus rendijas asoma un transformador toroidal de considerables dimensiones y dos voluminosos condensadores. La versión para la prueba luce el modernizado frontal de la serie Neo con elegante aluminio cepillado en negro y unos remates curvados en gris que aportan contraste y dinamismo. Además existe una versión totalmente en negro.

El logo y la marca lucen en la parte central superior del frontal y justo en el centro se halla su característica pantalla OLED azul. A la izquierda de la misma el integrado tiene unos botones de aluminio con un tamaño discreto, con muy buen tacto y que contrastan muy bien con el cepillado negro del frontal. Así tenemos: Stand-by, Mute, Display y dos selectores de entradas que sirven para avanzar y retroceder por los diferentes menús. A la derecha de la pantalla contamos con los botones de Setup y OK y las dos entradas de Jack y Mini-Jack para enchufar un iPhone, o reproductor multimedia personal y unos auriculares. A la derecha tenemos el potenciómetro con el mismo gris satinado que los remates curvos del frontal. Los laterales del 240i Neo son de un grosor considerable y le dan solidez al pequeño integrado. Su discreto color negro cuenta con el realce de unas aristas en paralelo.

Hay mucha tecnología dentro de este pequeño amplificador, así según la web del fabricante contamos además con:

  • 3 entradas de nivel de línea que incluyen un mini jack de 1/8 «montado en la parte frontal para reproductores multimedia personales.
  • 5 entradas digitales incluyedo USB (para audio de alta resolución), dos SPDIF, y dos Ópticas (toslink).
  • Configuración simple a través del menú de pantalla.
  • Entrada de fono MM.

Las entradas analógicas se pueden configurar  en modo «pass-trough” para usar con un procesador de cine en casa y controlar el volumen desde él. En cuanto a sus potencia de salida el integrado entrega 50 vatios por canal a 8 ohmios. Además gracias a un sistema patentado por Moon esos 50 vatios prometen rendir incluso con cajas acústicas con baja impedancia o con curvas complicadas de gestionar.

 

Con el mando a distancia podemos configurar multitud de parámetros como cambiar el nombre de una entrada de línea o ajustar su volumen. También es posible deshabilitar una entrada no utilizada, mutear el volumen de una salida para emplear el control de volumen de un dispositivo externo como una etapa de potencia o un receptor AV. Si disponemos de otros aparatos de la marca como un reproductor de CD Moon o un Streamer MiND podemos configurar su conexión y optimizar su uso con el integrado. También nos permite fijar un volumen por defecto al encender el aparato así como el volumen máximo de todas las entradas algo muy útil para evitar tragedias si el potenciómetro se lleva algún apretón accidental hacia la derecha.

Su pantalla LED, de un vistoso color azul, también es personalizable en varios parámetros como intensidad, tiempo de encendido incluso cuenta con salva pantallas. Por último contamos con funciones de ahorro de energía personalizables. Incluso el firmware puede ser actualizado con nuevas versiones de la web de Simaudio.

Todo ello en un elegante y estilizado chasis de 43 x 9 x 36,6 centímetros. Mucha tecnología en un tamaño muy compacto. Tanta que si nuestro espacio o presupuesto es limitado puede convertirse en nuestro único componente Hi-Fi y hacer de previo, etapa, DAC, y fono –MM–. 

Una vez instalado pulso el botón de encendido y siento un agradable sonido mecánico como de un relé. Selecciono la entrada USB y dejo el Mac con Audirvana con una lista de reproducción inagotable a un volumen relativamente moderado. Según su manual el Moon 240i Neo necesita unas 400 horas para que complete su rodaje y nos entregue todo su potencial. Podría haber empezado el rodaje poniendo un CD de Alanis Morissette que tengo que tener en las catacumbas de mi discoteca. Si lo que no te mata te hace más fuerte, seguro que habría vacunado de espanto a este 240i y no es que hubiera alcanzado su madurez antes de esas 400 horas de rodaje, le habrían robado directamente toda su infancia.

Pero no quise ser tan cruel e injusto así que lo dejé funcionando toda la noche con un álbum en formato FLAC 24 bits del compositor británico de origen alemán Max Richter publicado en varios formatos en el sello Deutsche Grammophon. Una obra de 8 horas y media de duración que lleva el revelador título de “Sleep.” Así que mientras yo me iba a la cama dejé al Moon con este disco minimalista, neoclásico y ambient a partes iguales. Un disco que lleva en su portada una foto gris de la Luna. Estaba predestinado.

Tras un par de días cambiando cables, fuentes y entradas sin ninguna estrategia definida que no fuere el puro placer, ya tenía pensado con qué género, álbum y formato comenzar las audiciones. El dub, del inglés “dubbing” o doblaje, fue en sus orígenes un subgénero derivado del reggae jamaicano. Así era normal que con la publicación de singles de reggae, en la cara b se incluyesen remezclas del tema principal. Caracterizados por el uso y abuso de eco, delay y reverb. Los temas sonaban abigarrados, bombásticos, con lineas de bajo sobrealimentadas con reverbs analógicas de muelles y reels. Éstos contaban con multitud de cabezales grabadores y reproductores en linea y con un ingenioso sistema de desplazamiento conseguían que el sonido se duplicase, tuviera reverberaciones, retardo e incluso eco. Con mucha maestría y escasez de recursos los productores y mezcladores jamaicanos rivalizaban por conseguir la remezcla más efectista con la que poner a prueba los transductores de los no menos ampulosos e hiperbólicos “jamaican sound system” donde los DJs hacían bailar al personal y de paso competían por tener el sonido más potente y físicamente visceral. Es por tanto un género musical muy propicio si uno quiere saber dónde están los límites del potenciómetro de su instalación o poner a prueba la cristalería del salón.

A The Police le sienta bien el dub porque en su ADN lleva el Reggae, el Ska o el mismísimo Dub. Así que estreno la sección de fono MM con un vinilo con versiones Dub de algunos de sus hits. El disco abre con una versión Dub de su tema más Dub. Rizando el rizo en un ejercicio de meta-doblaje. Walking on the Moon y aquí titulado Walking on the Dub. Comienza con la algarabía del tráfico de una calle concurrida y la distendida charla de un jamaicano que comienza con un speech típico de rastaman. Tras el breve preludio de pocos segundos entramos en harina con un bajo monumental que el Moon reproduce con autoridad y maestría. La batería con su ampulosa reverb y sus barrocos delays suena chispeante y turbadora: como ha de ser en el reggae y más en el dub. Los transientes de la percusión tanto tocada al natural como loopeada y el gran surtido de efectos hacen que la música se viva con sorpresa continua. Nunca sabes donde va a estar el próximo golpe arrastrado de caja o cuando el charles se va a salir del patrón machacón que marca el bajo. Steward Copeland siempre se la jugaba a Sting en los directos con una sana –o no tan sana– rivalidad en la que el bajo y la batería jugaban al gato y al ratón.

Esta música se bailaba en los sound-system jamaicanos. Enormes equipos con torres acústicas que luchaban por lograr los graves más profundos y envolventes y aquí los 50 vatios del Moon son más que suficientes para llenar la sala de 22 metros y que en el punto de escucha casi sintamos cosquillas en el plexo. Los sintetizadores suenan líquidos y definidos a partes iguales. Las voz solista situada en el centro del escenario y los coros sólo unos pasos más atrás. 

El integrado canadiense tiene una sección de fono que busca ante todo la imagen global del escenario. Se permite algo de análisis en la transcripción del surco, pero siempre al servicio del conjunto y consigue que un disco procedente de master digital brille mejor tapando un poco sus flaquezas. Así la recreación dub de So lonely titulada So Dub suena tierna, cálida y embaucadora y con un silencio entre notas y una dinámica cercana al CD. 

 

Bring on the Night –Dub on The Night– es un corte instrumental que me gusta mucho más que el tema original. La guitarra española suena con su naturaleza percutiva, con el arrope inicial y el vaporoso decay final. Decididamente este previo no está puesto como un parche de última hora sino que tiene su propio lugar y peso dentro de la concepción del amplificador. Volveremos luego con algún disco 100% analógico y audiófilo. Ahora le toca el turno a lo que a mi juicio es la piedra angular de este integrado, su sección digital.

No todo va a ser drama y calumnia entre el artisteo del país con la bandera de la hoja de arce. Crash Test Dummies es un grupo pop de principios de los 90 con un leve toque folk liderado por su cantante, guitarrista y ocasional pianista Brad Roberts. Su voz de barítono tiene mucho gancho no sólo a la hora de interpretar una canción, sino de atraparnos con la historia que se canta y nos está contando. 25 años hace desde que publicaron su primer disco mundial “God Shuffled His Feet” y no creo que haya pasado un sólo año sin que lo haya escuchado un par de veces.

El disco arranca con el tema que le da nombre, y la voz de Brad suena un poco retrasada sin robar peso a los coros femeninos de Ellen Reid que pone el contrapunto musical al prodigio de voz narrativa de Roberts. Y es que este disco permite dos tipos de disfrute: escucharlo como la obra de arte musical que es o como el cuento para niños adultos que parece. Guitarras y bajos eléctricos y acústicos, piano, acordeón, mandolina, armónicas, baterías y percusión. Todo un arsenal de instrumentos que ponen a prueba cualquier electrónica. El benjamín de Simaudio no sólo hace los deberes sino que demuestra agrado y diligencia. 

Su tema estrella “MMM MMM MMM MMM” plasma con ese estribillo sin letra lo ya referido: Roberts engancha con su grave voz hasta el punto de sonar literario con un estribillo que no articula palabra alguna. Y las “MMM” suenan como un susurro, con el color de un melocotón maduro que cuelga de un árbol. No hay nada de digitalitis, el bajo de “In The days of the Caveman” suena pasmosamente natural, cercano y los colchones de sintetizador como tienen que sonar en un grupo de pop: sin falsear lo que no son. 

Cuenta la leyenda que en los noventa uno podía comprar un CD sin compresión ni “loudness war” metida con calzador y este es un magnífico botón de muestra. Cinco músicos multi-instrumentistas tienen su momento para el lucimiento sin que sea en un típico y manido solo de guitarra y sin que suenen a jazz. Son una banda de pop rock con ese toque folk de acordeón, mandolina y armónicas.

Este Moon trabaja bien en el conjunto sin que sea nulo a la hora de exprimir detalles y, lo más importante, lo hace si el corte que escuchamos así lo requiere. Todo un mérito en la era de los DACs de la Utra-Alta Definción donde algunas marcas compiten en términos casi radiográficos, cuando este compacto Moon se queda en el siempre evocador y sugerente erotismo, pero con algo de descaro para no parecer un mojigato. 

He hablado de la industria del cine al principio y es curioso cómo ésta se ha contagiado para bien y para mal de la del videojuego. En una película de terror de los años 40 el hombre lobo se transformaba en bestia pero no delante de nuestras narices sino que sólo se nos mostraba en la pantalla la silueta que la luz de la Luna llena proyectaba en la pared. Jugaban con los limitados medios técnicos de que disponían pero hacían cosas grandes y bien hechas a base de sugerir más que de mostrar a las claras. Ahora que se puede mostrar la transformación de un hombre en Lobo o en Alce del Canadá o en Toro de Guisando si nos ponemos, no hay lugar para la poesía o la imaginación pues todo nos lo dan masticado. Ahora que se puede mostrar en pantalla un burro volando, el cine está lleno de burros con alas. Supongo que la misma crítica harían los escritores de novelas cuando se toparon con la primera película de cine capaz de contar una historia con imágenes por simple que esta fuese.

Con lo digital pasa lo mismo ¿es bueno tener un aparato con cuádruple DSD o DXD? Será bueno siempre que ese torrente descomunal de resolución se dedique a evocar, a señalar con el dedo hacia la música y no hacia el aparato o el soporte. No lo olvidemos, Sting nunca cantará Roxanne como hace 40 años la grabó. Es trágico pero bello a la vez. La fugacidad de la vida. Un disco es un intento frustrado de “Carpe Diem”. El Hi-End una mentira que cuenta una verdad. Es magia y medicina. Es Yin y Yang.

Después de esta espero que no demasiado soporífera reflexión sigo con la selección musical. Esta vez dejamos los soportes físicos y empleamos el combo iMac/Audirvana y conectamos vía USB con el competente DAC del 240i Neo. Brothers in Arms de Dire Straits en la reedición SACD de Mobile Fidelity Sound Lab rippeado en DSF. “Your latest Trick” suena sin trucos de última hora. Pura, natural, íntima, como fue concebida, esencia de los ochenta como ella sola. “Wy worry” le quita el estrés hasta a un tiburón de bolsa. Soy más de pianos y sintetizadores pero una guitarra como la de Knopfler no deja incólume a nadie: te destruye, te desmorona con ternura para luego elevarte y mecerte como a una ascua su candela.

El bajo de “Ride across the river” tiene también su cadencia dub. Se proyecta desde el interior hacia afuera, llena la estancia y esta devuelve la energía con sutileza. La sala es la gran caja acústica y estos 50 vatios del polifacético Moon cumplen con creces y dominan las cajas con suavidad y firmeza. Sé que lo he dicho ya, pero tenía que remarcarlo. Brothers in Arms es un tema que siempre se me hace corto. Siempre. No importa las veces seguidas que lo oiga que no pierde la magia del momento. La lírica de su contenido tempo me transporta a sitios en los que he estado mil veces y de los que apenas si recuerdo sólo su olor. Este Moon es como un índice que apunta a la Luna llena y consigue que la contemplemos como la primera vez y todo ello sin que nos quedemos como necios mirando al dedo. Esto es el Hi-End.

Retornamos al vinilo. Si primero disfrutamos del Dub: barroco, descarado y efectista a más no poder, ahora retomamos la experiencia analógica con un vinilo del sello italiano Fonè Jazz, que busca la comunión directa entre el artista y el oyente. El trío formado por Enzo Pietropaoli al contrabajo, Battista Lena a la guitarra y Fulvio Sigurtà a la trompeta y fliscorno firman este trabajo titulado “La Notte” –no sabemos si habrá Luna llena–. En este caso la versión en doble LP a 45 R.P.M y 180 gramos. Es una grabación 100% analógica desde el inicio al final y con proceso de prensado en una sola etapa. ¡Quién dijo que no se pueden grabar discos de vinilo en el siglo XXI con alma y cuerpo analógicos!

Mi predilección por la música lánguida, contemplativa, introspectiva y melancólica se sacia plenamente con el buen hacer que destila este trío de jazz. El contrabajo luce espléndido y creíble. La guitarra frágil, cercana, sosegada. Como sólo los virtuosos saben entender la sencillez, colmando el aire con frases simples pero magistrales. Los metales pellizcan ese punto del alma sensible a las notas altas. Se percibe hasta el soplo de aire en las boquillas. Todo sin estridencias y sin prisas. Las melodías de guitarra y trompeta se van cediendo el paso con gentileza y el contrabajo resuena y viste la sala con templanza y disciplina.

 

La sección de fono no sólo maquilla un poco a las grabaciones mediocres, sino que sirve de suave gasa de algodón egipcio con el que dar lustre a las buenas grabaciones y que brillen aún más por sí solas. Por supuesto que hay mejores fonos que éste, pero no le quitemos ni un ápice de sus méritos. Sólo por su DAC se podría justificar la adquisición de un Moon 240i Neo, pero es que su sección de fono tiene su entidad propia, tanta que dota al sonido del integrado de una calidez analógica particular y todo ello sin renunciar a la coherencia conceptual del aparato.

Estamos ante un amplificador integrado de dimensiones compactas y diseño Slim. Pero justo ahí acaba lo compacto o slim. Nada suena constreñido o asfixiado ni artificialmente magnificado. Es un aparato con ingeniería puntera al servicio de la coherencia y la mesura aunque estas palabras algunas veces no casen bien con el concepto de Hi-End. Demasiadas veces el audiófilo por un lado y el ávido vendedor por otro se encargan de retroalimentar una espiral en la que pareciese que todo fuese susceptible de “mejora” hasta la ruina total del interesado.

El Moon 240i Neo es un producto Hi-End que vale cada euro que cuesta. Lo tengo muy claro. Podría contar con algunas mejoras y características adicionales como mejorar las roscas de los bornes de conexión del cableado de las cajas que son de plástico. Contar con un potenciómetro con más empaque; un mando a distancia metálico o poder usarlo y configurarlo con un smartphone o tablet. Podría contar con alguna entrada balanceada XLR. Siempre queremos más y más y olvidamos que cuando hay un presupuesto esa característica extra puede ser esa fatídica carta de más cuando jugamos al Black Jack.

Encaja perfectamente en un entorno de dimensiones reducidas, como equipo de mesa de despacho acompañando a un ordenador y a unos monitores pero también puede ser el Rey indiscutible de una sala dedicada al Hi-End de hasta 25 metros. No es poco. Electrónica elegante y bien construida con vatios de verdad. Con secciones digital y analógica muy competentes. Con sonido coherente y equilibrado y que sin embargo nunca se da al bostezo. A este precio y con 10 años de garantía es hacer 21 de 21. Mucho Hi-End en poco espacio.

Los canadienses tienen  cosas como Bryan Adams o Alanis Morissette o incluso Celine Dion, pero nosotros no nos quedamos a la zaga en cultivar personajes de leyenda. Se me viene a la cabeza el Sr. Barragán con su cinturón de guita de esparto y sus gafas de culo de vaso quien contó en aquél prescindible programa “No te rías que es peor” un chiste que viene muy a la sazón:

“Les habla el comandante de la flamante aeronave  HiperMegaAirTronch 2000 que cuenta con dos cafeterías, tres restaurantes, 14 cuartos de baño, zona de spá con piscinas termales, gimnasio, cine, guardería para niños, bolera y centro de medicinas alternativas. Abróchense los cinturones y ahora a ver quien tiene cataplines de levantar esto del suelo.”

Este Simaudio Moon 240i Neo no sólo despega sin esfuerzo aparente, sino que nos lleva a la Luna para que nos demos un plácido paseo. Qué no hará cuando la máquina llegue a sus primeras 400 horas de uso.

Moon 240i – 2290€

Distribuye Sound&Pixel Planet

Especificaciones Técnicas

  • Potencia de salida a 8Ω / 50 vatios por canal
  • Sensibilidad de entrada 370mV – 3.0V RMS
  • Impedancia de entrada 22,100Ω
  • Ganancia 37dB
  • Relación de señal a ruido 100dB a potencia máxima
  • Respuesta de frecuencia (rango completo) 10 Hz – 80 kHz + 0 / -3 dB
  • Diafonía -100dB
  • THD (20 Hz – 20 kHz a 1 vatio / 50 vatios) 0.02% / 0.02%
  • Distorsión de intermodulación 0.005%
  • PCM Rango de profundidad de bits / frecuencias de muestreo 16 – 32 bits / 44.1 – 384 kHz
  • Frecuencias de muestreo DSD DSD64, DSD128 y DSD256
  • Peso del envío 11 Kgs
  • Dimensiones (ancho x alto x profundidad) 42,9 x 8,9 x 36,6 cm

EQUIPO UTILIZADO PARA LA PRUEBA

Cajas acústicas

  • Usher Audio Mini Dancer DMD 2

Amplificación

  • Amplificador Integrado Yamaha A-S3000

Fuente digital

  • Reproductor de CD/SACD Yamaha CD-S3000
  • IMac mid 2007 Core 2 Duo 2,4 GHZ y 6 gigas RAM DDR3 con disco duro interno SSD para sistema operativo y software
  • Macbook Pro Retina Early 2015 con Intel Core i5 a 2,9 GHZ 8 GB de RAM DDR3 a 1867 MHZ y disco duro interno SSD de 500 GB
  • Disco duro Wester Digital My Passport Ultra 2,5” y 2 tB para biblioteca musical

Fuente analógica

  • Giradiscos Acoustic Solid modelo Solid Wood con Brazo Rega RB-303 y cápsulas Denon DL-103 y Ortofon MC-3 Turbo

Cableado y otros

  • Regleta Furutech e-TP80e con cable de corriente Furutech G-314AG-18E
  • Cables de altavoz Supra Classic 6.0 en bicableado con bananas Qed Airlock de 4mm crimpadas en origen en ambos extremos
  • Cables de altavoz QED Silver Anniversary XT / CF con bananas Qed Airlock de 4mm crimpadas de origen en ambos extremos
  • Cable de corriente Furutech G-320Ag-18-E en SACD
  • Cable de corriente Cardas Golden Power Cord en Amplificador
  • Cable USB Audioquest Carbon en Macs / SACD
  • Cables de modulación RCA Groneberg Quattro Reference
  • Cables de modulación RCA Ortofon
  • Cables de modulación XLR Hivilux
  • Sala dedicada de 22 metros cuadrados parcialmente acondicionada acústicamente con alfombra de lana natural,  dos paneles de fibra de vidrio marca EQ Acoustics situados en los puntos de las primeras reflexiones laterales. Ocho trampas de graves marca Auralex modelo Lenrd. Cortinas gruesas muy rizadas y doble cierre de aluminio con rotura de puente termoacústico

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