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El siguiente paso, con el antiskating sin valor, fue instalar la cápsula y ajustar el VTF (Vertical Tracking Force). Con el brazo viene incluidos dos contrapesos, uno de 38 gramos y otros de 60 gramos, que se incorporan en una pieza que se introduce en un raíl trasero del brazo. En este caso para poder dejar dispuesto el contrapeso lo más cercano al eje del brazo y obtener un tracking más preciso -al minimizar cualquier efecto balancín- me serví del de 60 gramos y una vez el brazo nivelado simplemente giré la rosca del contrapeso para un ajuste fino a 1,70gramos (báscula no incluida) de VTF deseado. Un método de ajuste del VTF rápido y sumamente cómodo.

Uno de los puntos más extravagantes y diferenciadores de este brazo es el ajuste del VTA (Vertical Tracking Angle). Junto al eje del brazo hay un pequeño “ojo de buey” o ventana en el que en el interior se encuentra un láser (sí, habéis leído bien ¡un láser!) que girando una rosca se enciende/apaga y proyecta una pequeña línea horizontal de luz roja que deberemos, jugando con la altura del pilar, proyectar exactamente sobre un punto pre-señalado del portacápsulas.

Para poder mover el pilar lo haremos mediante un giro de dos tuercas (una que fija y otra que sube y baja el bloque) conseguiremos dejar el pilar a la altura deseada y con ello obtener el VTA ideal. He de destacar la originalidad del uso del láser aunque he de reconocer que su utilidad es más bien baja dado que, como ya he comentado más de una vez en otras revisiones, las cápsulas están hechas a mano y lo que interesa no es clavar el VTA del brazo, interesa clavar el SRA (Stylus Rake Angle) de la cápsula. De todos modos no cabe duda que es un buen atajo para poder ir buscando poco a poco desde esa posición la posición ideal a oído, mediante un ajuste fino. Una vez encontrada se puede variar en mm la altura del pilar girando las roscas comentadas dependiendo del grosor del vinilo que vayamos a pinchar.

El siguiente paso es obtener un correcto Azimuth, proyectando la luz sobre los puntos más extremos del portacápsulas (situaciones A y B de las fotos) observaremos si tenemos éste horizontal o no. En mi caso no tuve que tocar nada pero si hubiera sido necesario simplemente se realizaría moviendo una pequeña rosca situada en el propio portacápsulas.

La alineación de la cápsula me resultó sencilla gracias a un protractor de dos puntos que Reed integra en el paquete. Una vez conseguido que la aguja pise los dos puntos dibujados ya sólo nos queda ajustar de modo adecuado el antiskating. Para esta calibración final me ayudé del propio disco que incluye el Woodpecker en la caja pinchando las pistas dedicadas a este ajuste. Cómodo y sumamente fácil, la verdad.

Quiero destacar que el manual de instrucciones es algo mejorable pues integra los ajustes de los diferentes modelos que dispone ahora mismo Triukas en su catálogo produciendo cierta confusión en los ajustes, sin embargo el brazo está muy bien diseñado y carece de cualquier complejidad para el usuario medio. De todos modos que la distribución corra a cabo de Pedro Asencio es sin lugar a dudas un factor muy positivo gracias a su dominio del formato rey.

En resumidas cuentas, estamos ante un brazo que en apariencia es complejo por su magnitud y belleza pero que realmente no debemos tenerle ningún miedo pues gracias a sus numerosas roscas (no necesitamos llaves de ningún tipo) perfectamente diseñadas su correcta instalación no nos supondrá ningún problema fuera de lo común a cualquier brazo. De igual modo podemos realizar cambios de VTA al vuelo sin necesidad de levantar el brazo con lo que ello supone en comodidad, precisión de lectura y ahorro de tiempo.

Y además suena…

Tras unos días para encontrar el mejor sonido global del sistema mediante ajustes finos me dispuse a realizar tres semanas de audiciones en profundidad para acostumbrarme al nuevo sonido del conjunto.

Lo primero que más me llama la atención es la presentación escénica, el escenario ha crecido respecto a mi tándem habitual. Fundamentalmente los dos valores diferenciadores son la anchura conseguida, una imagen sorprendentemente panorámica y una dimensión en voces y sonidos mayor. Esto consigue aportar unas dosis de realismo y cercanía cuasi-real, estamos sin lugar a dudas varias filas más adelante. Esto queda patente en determinados discos como la gloriosa edición de El Mesías de Haendel (Decca, 1983) dirigida por Sir Neville Marriner o el celebérrimo It could happen to you interpretado por Chet Baker (Real Zone Jazz, 1958) donde la proximidad con el escenario y la capacidad de palpar cada nota musical es necesaria para poder crear un vínculo entre el espectador y la obra.

En determinadas ocasiones esta cercanía puede incomodar al oyente pues se suele revelar mediante enfatizaciones del medio/agudo (agresividad) o medio/grave (lentitud) perdiendo en naturalidad tímbrica. Sin embargo en el caso que nos acontece nada más lejos de la realidad, el sonido que este brazo es capaz de sacar de la Lyra es un sonido como alguna vez he leído en alguna revista anglosajona y que me parece sumamente apropiado “pleasently forward”; muy agradable, natural y con un cierto toque de dulzor que me produce una sensación de enganche que pocas veces he tenido la oportunidad de tener con los productos que he ido evaluando hasta la fecha.

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