
Werner-Ajasom: elegancia sonora, preciosismo visual y alta tecnología en perfecta armonía
Una sesión de escucha en el preciado “loft” de la barcelonesa Werner siempre es una buena noticia, en primer lugar porque ayuda a terminar bien una semana que puede haberlas tenido de todos los colores, y en segundo lugar porque siempre va bien para reconectar/reconciliarse con la que para muchos es sin ninguna duda la afición/pasión de su vida, amén de encontrarse con personas de su misma cuerda. Si a lo dicho se añade la singularidad del producto presentado -que en el peor de los casos siempre será muy bueno y tendrá algo que aportar- en el ámbito técnico y se tiene la certeza de que la sesión de escucha va a ser “diferente”, entonces se produce la “conjunción de astros” perfecta que anima a formar parte de la fiesta con más motivación de la habitual. Estas “coordenadas” fueron, al menos en mi opinión, el punto de partida de lo que el veteranísimo establecimiento especializado conducido por Xavi Casellas propuso a los entusiastas del sonido con mayúsculas los pasados días 1 y 2 de octubre. Observen que, contrariamente a lo que es la norma en Werner, las audiciones se celebraron, por razones “logísticas”, un jueves y un viernes en vez de un viernes y un sábado… y ¡sorpresa! porque la asistencia fue, contrariamente a lo esperado, significativamente superior. Por lo demás, las pertinentes sesiones se organizaron en dos pases de hora y media cada uno, al tiempo que el reconocido perfeccionismo de la empresa que aportó los productos presentados, la portuguesa Ajasom, añadió interés extra al evento.

Situando el texto en su contexto
Esto pretende ser la crónica de la escucha de un sistema de excepción, por lo que quiero dejar constancia de que tengo muy claro que en las líneas que siguen tenemos que estar por lo que hay que estar. Aún así, tampoco se me escapa que quienes acuden a un evento como el que protagoniza la presente crónica no son simples consumidores de productos tecnológicos destinados a escuchar música con un buen/muy buen/excelente sonido, por lo que considero respetuoso con todos ellos realizar un par de apuntes históricos. Puesto que sobre Werner y su ya emblemático “loft” he hablado largo y tendido durante décadas, no viene de más realizar un par de apuntes sobre el otro gran protagonista de estas audiciones. Me refiero, como podrán adivinar, a la mencionada Ajasom, y, sobre todo, a su “boss” en lo empresarial y “alma mater” en lo espiritual: Antonio Almeida. No tengo una gran relación, pero sí buena y cordial, con este profesional veterano del que me gustan muy especialmente su rigor, su seriedad y su perfeccionismo. Y es que con Mr. Almeida compartí mesa -cena- la primera vez que acudí al certamen High End… primera, en 2003 para ser exactos, y también, para mí, primera y última en el Hotel Kempinsky de Frankfurt -la primera edición tuvo lugar en el Hotel Sheraton Airport de la misma ciudad en el ya muy lejano 1982- justo antes de que sus organizadores decidieran profesionalizarse al 100% y cambiar al M.O.C. de Múnich en 2004, donde se continuó celebrando -las excepciones fueron los años 2020 y 2021 por cortesía de esa Covid-19 que cambió, para mal, tantas y tantas cosas- hasta 2025 para cambiar luego, como la mayoría de nuestros lectores sin duda saben, a Viena.

Mi vinculación con Ajasom ha estado básicamente concentrada en una marca que refleja muy bien mis anteriores impresiones: helvética, “requetepija”, muy sofisticada y ultraperfeccionista, al tiempo que profundamente vinculada a lo que justifica la existencia última de la Alta Fidelidad al máximo nivel, es decir la música, Nagra. Esto me lleva a la que hasta este momento había sido mi última visita a unas sesiones de escucha en las que participó el veterano importador lusitano: las que bajo la denominación “Madrid High End 2024” tuvieron lugar en noviembre del mismo año los salones Norway y Denmark del Hotel NH Collection Madrid Suecia. Unas audiciones celebradas conjuntamente con la española Lorenzo Audio -otro icono consagrado del perfeccionismo en audio sin compromiso- y en las que sinceramente –https://hifilivemagazine.com/cronica-madrid-high-end-2024/– disfruté como hacía tiempo que no lo hacía por la exhuberante musicalidad de los equipos presentados y el preciosismo visual -aunque con la forma siempre al servicio de la función- de las pertinentes instalaciones. Así llegamos, casi dos años después, a otro evento coprotagonizado por Ajasom, ahora en la Ciudad Condal, y, como entenderán, las expectativas eran altas pese a que la opulencia del material en liza era menor.

Una propuesta pensada para capturar el alma de la música
Entrando ya en materia, les diré que el sistema propuesto por el tándem Werner-Ajasom destilaba preciosismo visual desde el primer momento tanto por el distintivo diseño del grueso de los elementos que lo componen -empezando por las cajas acústicas- como por, y ahí enlazo con lo que les acabo de decir, la minuciosidad del montaje, que, como revelan las fotos adjuntas, acaba convirtiéndose en una cualidad en sí misma y por tanto que “suma” en la valoración global del mismo. Un equipo a todas luces High End, al tiempo que muy bonito y poco “intimidador”, cuya composición era la siguiente:
- Fuente analógica: giradiscos SME Model 35 con fuente de alimentación externa, brazo de lectura SME Series Vi y cápsula de bobina móvil Murasakino Sumile.
- Fuente digital: “transporte” para streaming y servidor SOtM sMS-2000 con fuente de alimentación interna de grado audiófilo sPM-ATX100, reloj de sincronismo externo SOtM sCLK- OCX10, conmutador de red/centro de distribución específico para audio SOtM sNH-10G, dos fuentes de alimentación (una para el reloj y una para “hub”) SOtM sPS-500 y cableado dedicado.
- Preamplificador Mola Mola Makua con módulos de fono y DAC incorporados.
- Etapas de potencia monofónicas Mola Mola Ossetra.
- Cajas acústicas Vivid Audio Giya G4 Cu.
- Filtro/acondicionador de red Shunyata Research Eiger X.
- Cables de interconexión analógicos Kimber Kable NEO.
- Cables de conexión a cajas Kimber Kable KS-6068.
- Cables de alimentación y digitales Shunyata Research Alpha X, Sigma X y Omega X.
- Mueble-rack finite elemente pagode edition MKII.
- Bases para las etapas de potencia finite elemente CARBOFIBRE.

No me voy a entretener, como me gustaría, en describir con cierto detalle los elementos que acabo de reseñar porque en ese caso el presente artículo se convertiría en un culebrón “importante”. Si me gustaría dar, no obstante, unas pinceladas de los que considero más relevantes. Y, como vinilófilo de toda la vida -nunca mejor dicho- que soy, empezaré con la sensacional fuente analógica, un combinado que no tiene desperdicio y que es la primera vez que veo y escucho en nuestro país. Poco hay que decir del SME Model 35 como no sea que es una máquina cojonuda firmada por auténticos genios de la ingeniería mecánica: estructura de base formada por tres columnas, sistema de suspensión mejorado con control vertical y horizontal, bloque de giro de nueva generación con amortiguamiento hidráulico, conjunto chasis/subchasis/plato tratado acústicamente, fuente de alimentación con control electrónico de velocidad derivada de la empleada en el fabuloso Model 60 y una calidad de ejecución estratosférica. A ello hay que añadir la versión mejorada del, en principio, prácticamente inmejorable -sé de qué hablo porque tengo uno en mi poder desde hace más de 30 años- brazo de lectura Series V, alias Series Vi, de la propia SME en cuya característica clave es una construcción con una resina polimérica de alta rigidez y elevada densidad que tiene por objeto maximizar la neutralidad acústica. La guinda la pone una de esas cápsulas fonocaptoras tipo joya en todos los sentidos -empezando por su potentísima componente artesanal- que solamente los “japos” saben hacer con la debida sensibilidad -en la línea de Koetsu, Etsuro Urushi o Air Tight, por ejemplo- y cuya existencia desconocía por completo: la Murasakino Sumile, un diseño MC de relativamente baja -0’35 mV a 1 kHz- salida y muy generosa curva de respuesta en frecuencia -de 10 a 50.000 Hz- que cuesta una verdadera fortuna.

Pasando al universo digital, no se puede negar que la fuente utilizada, que tampoco había visto ni escuchado nunca en nuestro país, me pareció brutal por su sofisticación técnica y el rigor de su configuración, por cuanto incluso la electrónica responsable de la conectividad a Internet estaba reforzada con su propia fuente de alimentación. Lo mismo hay que decir del reloj externo, en mi opinión el componente definitivo a la hora de obtener mejoras verdaderamente palpables -léase nada de efecto placebo- en sonido digital sin compromiso. Toda la “maquinaria” empleada estaba firmada por la surcoreana SotM, siglas de “Soul Of the Music” -es decir “Alma De la Música”- y, dicho sea de paso, una nueva demostración del poderío del país asiático en el complejo y técnicamente apasionante ecosistema de los reproductores de música en red que era debidamente complementado por un software propio, el Eunhasu OS, específicamente concebido para aplicaciones de audio al máximo nivel.

También la parte de control “analógico” y amplificación de potencia estaba, muy cuidada, como no podía ser de otro modo, en este caso por la compañía neerlandesa Mola Mola, uno de esos nombres del, para mí, “nuevo High End” que ha sabido encontrar su lugar en un universo extremadamente competitivo y atomizado. En ambos casos el refinamiento y la originalidad en el ámbito técnico están a la orden del día, como bien se encarga de recordar el “Analog Design For A Digital Age” con el que es presentado el preamplificador Makua, una exquisita electrónica de concepción modular y gestión por software que en el caso que nos ocupa estaba equipado con los módulos de Fono -muy completo, por cierto, al disponer no sólo de los parámetros de ajuste estándar sino también de varios ajustes de ecualización- y DAC. En lo que respecta a las etapas de potencia Ossetra, hay que decir que es un producto de ultimísima generación -vio la luz por vez primera en octubre de 2025- y que, aparte de utilizar una arquitectura 100% balanceada desde la entrada hasta la salida, incorpora como novedad clave etapas de ganancia discretas configuradas en Clase A cuyo resultado inmediato es un nivel de ruido -la relación señal/ruido es de 130 dB- y una distorsión -¡0’000003%, o, si lo prefieren, -150 dB!- extremadamente bajos. A ello hay que añadir un ancho de banda de 100.000 Hz y una potencia de salida continua de 350 W a 8 ohmios, 700 W a 4 ohmios y 900 W a 2 ohmios, unas cifras que, al menos sobre el papel, deberían permitir a la Ossetra atacar confortablemente cualquier caja acústica que se le ponga por delante.

Termino ya mi descripción del sistema Werner-Ajasom con el producto que en cierto modo es la “estrella” del mismo pese a la evidente excepcionalidad de sus “compañeros”: las cajas acústicas Giya G4 Cu de Vivid Audio, la carismática empresa con I+D en el Reino Unido y fabricación en Sudáfrica fundada en 2001 por Laurence Dickie y Philip Guttentag que prácticamente desde el primer día forma parte de la élite del High End como consecuencia de su imaginativa tecnología y una inconfundible estética en la que, por supuesto, la forma está al servicio de la función. Esto nos conduce directamente al origen de la marca y al “cerebro” de la misma, el mencionado Laurence Dickie, máximo responsable de la icónica Bowers & Wilkins Nautilus y por lo tanto del recinto de graves en forma de caracola, ergo inspirado en la naturaleza, y de los recintos tubulares terminados en punta del resto de transductores que continúan siendo una de las principales señas de identidad -tanto en lo visual como en lo técnico- de la compañía fundada en 1966 por John Bowers. De ahí el lema “Inspired by Nature, Formed by Sound” que guía los destinos de Vivid Audio y que se percibe en mayor o menor medida en las cuatro gamas de cajas acústicas que componen su propuesta: la Moya, la Giya, la Kaya y la Oval, perteneciendo a la segunda de ellas las cajas acústicas del equipo reseñado.

Su nombre Giya G4 Cu -las siglas “Cu” hacen referencia al acabado en cobre- y el modelo más compacto de la gama, una gama que con toda seguridad la más conocida y representativa de la marca como consecuencia de la incorporación en la misma de los preceptos filosóficos y tecnológicos clave de Mr. Dickie, que, pese a haber experimentado una evolución sostenida durante años, no dejan de tener como punto de partida la mencionada Nautilus. Lo corrobora la configuración de 4 vías/5 altavoces, el uso de transductores -basados en materiales ultraligeros, como bien nos mostró el personal de Ajasom- diseñados y construidos por Vivid Audio, la presencia de los antes mencionados tubos terminados en punta para evacuar la onda posterior de los respectivos diafragmas o la posibilidad de funcionar -vía filtro externo dedicado- en modo activo. Observen que en el recinto no hay líneas rectas, ángulos bruscos ni aristas a fin de resaltar ese carácter “orgánico” del diseño global. En el caso de los graves, el uso de dos altavoces -uno en cada lado del recinto- de 125 mm de diámetro con bobina móvil de 50 mm obra maravillas en términos de extensión de las octavas inferiores, como avala una curva de respuesta en frecuencia de 39-33.000 Hz, +/-2 dB. La sensibilidad, de 86 dB/W/m, es más bien baja y por tanto necesitaremos “músculo” en abundancia para conseguir unos buenos decibelios, al tiempo que una impedancia nominal de 6 ohmios y mínima de 4 ohmios asegura una demanda “normal” en términos de corriente. Aprovecho estas líneas para comentar que los catálogos de Vivid Audio son de los más “técnicos” que he visto nunca, por lo que recomiendo su lectura a quienes deseen saber más sobre las Giya G4 Cu.

Un sonido natural por encima de todo
Que en todas las sesiones de escucha hubiese un lleno total deja alto y claro el interés despertado por el conjunto descrito. En mi caso concreto, asistí a la última de ellas, y por tanto con todos los componentes bien “calentitos”. Me impresionaron especialmente las fuentes utilizadas, aunque hay que reconocer que la el equipo en su totalidad lucía muy bien. Empezaré reseñando un aspecto que en mi opinión se podía mejorar y que ya he percibido en muchas -demasiadas para mi gusto- demostraciones de material de excepción: el excesivo número de piezas musicales con pocos instrumentos y transitorios cortos, una costumbre con un punto “tricky” por cuanto las mismas suelen ser más bien “facilonas” de reproducir incluso a niveles de volumen elevados y en salas de dimensiones respetables. Dicho con otras palabras: eché en falta temas más complejos, aunque en descargo de los conductores del evento hay que reconocer que se intentó poner un poco de todo para satisfacer a las sin duda variadas sensibilidades de los asistentes. Además, hay un aspecto que con el paso del tiempo está adquiriendo cada vez más relevancia a la hora de valorar el sonido de sistemas de audio, en particular los de High End: el uso de grabaciones que conozcamos mínimamente bien, porque en caso contrario la evaluación en profundidad de las correspondientes características sonoras acaba siendo incompleta cuando no directamente imposible.

Efectuada la anterior aclaración, empezaré mi valoración comentando un tema musical que sí conozco -lo descubrí en Werner, todo sea dicho- más que bien: la magnífica versión -Qobuz- del atemporal “Take Five” interpretada por la Kenichi Tsunoda Big Band. Una pieza en la que, salvo voces, hay de todo: muchos instrumentos, transitorios incisivos, agudos potencialmente “peligrosos” y un “mix” de graves y percusión que aporta una base rítmica sostenida durante los casi 5 minutos que dura el tema en cuestión. Mi opinión es que el sistema dio la talla exhibiendo la que sin duda es su cualidad más preciosa: la naturalidad entendida como precisión tonal, léase curva de respuesta en frecuencia subjetiva amplia y equilibrada con la ausencia de fatiga auditiva que conlleva. En lo que respecta a las voces, la escucha de varios temas permite llegar fácilmente a la conclusión que, de nuevo, el equipo en liza está perfectamente conjuntado. Hay, en definitiva, sinergia, con las etapas de potencia Mola Mola “propulsando” cómodamente las Giya G4 Cu y demostrando inapelablemente que el diseño de estas últimas está depurado al milímetro por cuanto exhiben unos graves que desafían a su tamaño. En otra versión muy acertada del tema “Fever”, otro clásico atemporal del jazz, el equipo Werner-Ajasom demostró encontrarse particularmente cómodo, con, de nuevo, una buena combinación de sensación de inmediatez, pegada y “redondez” de los graves. Me gustaría puntualizar que lo comentado hasta ahora se circunscribe al ámbito digital, porque las piezas que me tocó escuchar en analógico no me convencieron del todo. ¿Motivo? Puesto que la fuente utilizada era incuestionablemente “fuera de parámetros”, entiendo que el “cuello de botella” -básicamente en transparencia con ciertos temas- estaba en la etapa de fono empleada.

En suma, un evento que dejó un buen sabor de boca a los asistentes
Dejando a aparte mi apunte anterior, la “copla” con la que hay que quedarse de esta vibrante sesión de escucha es que el concepto de musicalidad admite muchas y muy sutiles variantes que en el fondo constituyen la magia del High End. De ahí que la personalidad sonora de la combinación propuesta sedujera por su honestidad, aunque, insisto, me hubiera gustado un poco más de diversidad en las piezas musicales elegidas. Por lo demás, excelente el trabajo de configuración y afinado realizado por los equipos humanos de Werner y Ajasom, altamente valorado por todos los asistentes.






















